Cada año electoral, los mexicanos nos enfrentamos a esa monumental tarea: decidir si dedicamos unos minutos de nuestro domingo a algo tan trivial como votar. ¡Qué pereza! Después de todo, ¿qué importancia puede tener nuestro voto en un país con más de 126 millones de habitantes?

Sin embargo, permítanme jugar un poco con esta idea y reflexionar sobre lo esencial que es ejercer nuestro derecho al voto. Primero, imaginemos por un momento que todos compartiéramos esa apatía. Las casillas estarían desiertas, las urnas vacías y los memes sobre el desinterés generalizado inundan nuestras redes sociales.

Sin embargo, esta escena tan pintoresca no se parecería en nada a una democracia saludable. Sin participación ciudadana, nuestro sistema político se transforma en una fachada vacía, carente de legitimidad y representatividad.

Es un recordatorio de que el poder reside en nosotros, y el simple acto de votar es una manera de recordárselo a quienes lo ostentan. Además, votar no solo se trata de elegir a nuestros gobernantes, sino también de mandar un mensaje claro sobre qué tipo de País queremos construir.

Este 2 de junio, tenemos la oportunidad de apoyar a aquellos que han demostrado un interés genuino en trabajar por el bienestar de todas y todos los mexicanos. Ya saben, esos que han logrado avances significativos en temas como la justicia social, la transparencia y la lucha contra la corrupción.

Tal vez esos mismos que han sido objeto de críticas por poner primero a los pobres. No se trata de votar por tradición o costumbre, sino de hacerlo con conciencia. Pensemos en las alternativas y en quienes, con propuestas concretas, han trabajado incansablemente para reducir las desigualdades y mejorar la calidad de vida de los más desfavorecidos.

La ironía es que esos líderes, que algunos ven con escepticismo, son los que han demostrado estar más en sintonía con las necesidades reales del pueblo. Votar por ellos no es solo un acto de fe, sino un compromiso con un futuro más justo y equitativo. Así que votar es la manera más efectiva de asegurar que nuestras voces sean escuchadas.

Es nuestro momento de brillar, de ser los héroes de nuestra propia historia nacional. Así que, este 2 de junio, en lugar de quedarnos en casa viendo la televisión o navegando en redes sociales, hagamos el esfuerzo monumental de salir a votar. Apoya a quienes han mostrado que pueden y quieren hacer la diferencia.

Porque al final del día, aunque parezca un pequeño gesto, votar es la forma más poderosa de participar en el rumbo de nuestro País.

Ya que andamos muy democráticos, vámonos con lo bueno, lo malo y lo feo. Lo bueno: Votar fortalece la democracia y te da incentivos como cafés, crepas, idas al cine y cuanta chunche más se imagine, solo por traer el pulgar derecho pintado. Lo malo: La apatía, el desinterés, así como la todas las artimañas que muchos utilizan para robarse elecciones pueden llevar a la deslegitimación del sistema político y a que las minorías decidan el rumbo de la mayoría. Lo feo: que cuando esté leyendo esto ya habrá ley seca, espero haya anticipado sus compras. ¡Salud! No está de más decir que esto es a título personal.

Fíjense nada más que… las de 2024 son consideradas ‘las elecciones más grandes de la historia’, uno porque la lista nominal creció exponencialmente y también por el número de cargos en disputa, esperemos que con estos detalles se pueda superar el 63% de participación ciudadana de hace 6 años.

Fuera de contexto: Como información que cura… en el siguiente link puede ubicar su casilla https://ubicatucasilla.ine.mx/ ¡Saludos!

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