Meggie Salgado empresaria y aspirante de Morena a la Presidencia Municipal de Cuernavaca, presentó el pasado 15 de diciembre, ante el IMPEPAC, una solicitud para que se emitan acciones afirmativas en materia de paridad de género, relativas al registro de las candidaturas a las presidencias municipales de los 33 Ayuntamientos que integran Morelos. También refirió que, en los últimos 27 años, de las 297 presidencias municipales que han estado en juego en los procesos electorales de 1997 hasta el 2021, solo en 24 fueron electas mujeres.
Ahora bien, si bien es cierto que, en los últimos años, México ha abrazado fervientemente la idea de la ‘Paridad en Todo’ como un principio sagrado para alcanzar la tan ansiada igualdad, pareciera que todo ha quedado solo en buenas intenciones. Tras la maraña de discursos políticamente correctos y las leyes que intentan forzar la equidad, surge la pregunta: ¿en verdad estamos avanzando hacia la igualdad genuina o estamos adornando la superficie con un barniz de paridad?
Es innegable que la paridad de género es un paso crucial para la inclusión y la representación equitativa en la esfera pública. Pero ¿estamos siendo pragmáticos o simplemente cumpliendo una cuota? Las cuotas de género en las listas electorales han generado un peculiar ‘ajedrez político’, donde los partidos buscan desesperadamente encajar a hombres y mujeres en un tablero electoral como piezas de un rompecabezas mal armado.
No obstante, se han alcanzado avances notables. Las mujeres ocupan ahora más espacios en la política, rompiendo con la tradición de un panorama dominado por hombres. Pero la paridad en las candidaturas no siempre se traduce en igualdad efectiva en el ejercicio del poder. ¿De qué sirve una lista ‘paritaria’ si las decisiones finales siguen siendo tomadas mayoritariamente por un único género?
La sarcástica ironía emerge cuando vemos cómo, en la búsqueda de esa paridad perfecta, algunos partidos políticos recurren a tácticas ingeniosas para sortear las reglas. Listas ‘alternadas’ o ‘candidaturas a modo’ resultan ser la panacea para cumplir con las exigencias legales, pero ¿realmente reflejan un compromiso genuino con la igualdad?
Además, la idea de ‘paridad en todo’ puede ser cuestionada cuando observamos otros ámbitos más allá de la política. ¿Se refleja esta paridad en los salarios, en las oportunidades laborales o en la distribución del trabajo no remunerado? La lucha por la igualdad no debe limitarse a un aspecto superficial de las candidaturas; debe penetrar en las raíces de la desigualdad que persisten en nuestra sociedad.
No se trata solo de llenar cuotas, sino de cultivar una cultura que abrace la diversidad y la inclusión en todos los aspectos. La paridad en sí misma no es la meta final, sino un medio para alcanzar una sociedad más justa y equitativa. La paridad efectiva implica no solo tener igual número de hombres, mujeres u otros géneros en puestos de poder, sino garantizar que todos los géneros tengan voz y voto real en la toma de decisiones.
Y bueno antes de que quedemos congelados por decisiones polémicas en torno a la selección de las candidaturas por género, mejor vámonos con
lo bueno, lo malo y lo feo. Lo bueno:
que, a pesar de todo, avances en el tema de paridad de género se han tenido, aunque también hay que reconocer que falta mucho por mejorar. aquellos dirigentes partidistas que buscan irse por la tangente y cumplir a medias con la ‘paridad en todo’, digo, bien harían en elegir mujeres competitivas, con un perfil que muestre que tienen la trayectoria y autoridad moral necesarias, además de que sea en lugares donde tengan una alta representatividad. que, si bien podemos culpar a las autoridades y cúpulas partidistas, la realidad es que, a la hora de votar, todavía somos una sociedad machista.
No está de más decir que esto es
Lo malo: Lo feo: a título personal. Fíjense nada más…
al paso que vamos y con la desbandada que se ha visto últimamente, a ver si hay PRI para la elección de 2024.
Fuera de contexto:
A todas, todos y todes los que amablemente me leen, desearles una muy Feliz Navidad en compañía de sus seres queridos, y a los que no… ¡pues también! ¡Ja!
¡Saludos!
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OMAR ARIZMENDI HERNÁNDEZ
