Joaquín Sánchez Cue, conocido por todos como “Quino”, nació en el Distrito Federal, el 20 de enero de 1934. Cursó sus estudios en Cuernavaca y los concluyó en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México. Joven aguerrido y trabajador, incursionó por los caminos de su carrera de constructor. Formó parte del Patronato del Colegio Morelos, fue copropietario de una gasolinera, deportista de corazón y un amoroso esposo y padre de familia, a quien entregó su vida entera. 

Sus padres: don Joaquín Sánchez Sordo y la señora Alicia Cue Balmori, recién llegados de España, se asociaron con su tío Amado Cue para adquirir una propiedad donde abrieron una tienda de abarrotes llamada “La Tienda Nueva”, en la esquina de las calles Gutemberg y Guerrero, la que hoy es el restaurante La Universal. La cual le rentaron y años más tarde, le vendieron a don Lalo Galguera Noriega, cambiando su tienda de abarrotes a su otra propiedad, donde una vez fueron los portales Eguía. Junto a la Tienda Nueva y al Hotel Morelos, se inauguraron: el salón de fiestas “Ofelia”; la única botica que existió durante muchos años, donde se podían comprar recetas artesanales de los médicos que no creían en la medicina de patente y se llamaba: “La Lechuza”, propiedad del doctor Vázquez Gómez y la Arena de box “Fray Nano”, de los señores González, quienes años después se cambiaron al boulevard Benito Juárez donde fue la famosa “Arena Isabel”, entre otros negocios que ahí se encontraban. Dicho edificio les fue expropiado por el gobierno estatal y ahora es el Palacio de Gobierno del Estado de Morelos. Su papá y su tío eran propietarios de la “Calera Grande” por los rumbos de Jiutepec, Morelos. De hecho, ellos introdujeron la luz eléctrica a Jiutepec. A la muerte de ambos, la familia Sánchez Cue continuó trabajando la Calera. 

Quino contrajo nupcias con María del Carmen Purón Díaz, (Menchu), quienes tuvieron cuatro hijos: Joaquín, Antonio, María del Carmen y Rocío la más pequeña. Toño su hijo ha sido un excelente director de varios centros empresariales.  Quino Sánchez Cue tenía su despacho en la avenida Morelos al costado de la Escuela Pestalozzi. Ejercía su profesión de arquitecto en Cuernavaca y entre otros trabajos, construyó la extensión de la papelera de la Industria Unipak en Civac y edificó la “Iglesia de la Misericordia”, de la colonia Vistahermosa. Se cambiaron a la Colonia Reforma y continuó con su trabajo de construcción de locales y casas-habitación, como la residencia de Rosita Colinach y la papelería de los señores Miguel y Mary Conesa en la calle Miguel Salinas esquina con Morelos, entre muchas otras obras. Formó parte de la mesa directiva del Colegio Morelos donde fue uno de los socios del patronato, además de cooperar con la construcción del mismo centro educativo sin cobrar un solo centavo.

Joaquín Sánchez Cue siempre fue un luchador social, a quien le dolían las injusticias y peleaba contra ellas. Fue miembro de la mesa directiva de la Asociación de Padres de Familia del Colegio Morelos, donde en muchas ocasiones no estaba de acuerdo con los planes de estudio de la institución o la compra de terrenos que el colegio tuvo que regresar después de haber convencido a los directivos del plantel y a los socios del patronato del mismo. Su hijo Antonio recuerda que no había director del colegio que no saliera criticado por su padre.  

En 1988, el presidente Carlos Salinas de Gortari, expropió más de 270 hectáreas de terreno, para ser “regularizadas” por la Corett, entre las que se encontraba la colonia Tlaltenango, donde Quino tenía su propiedad. Él, junto a unos cuantos vecinos se organizó una Asociación Civil, en la cual Quino era el dirigente y a la que se sumaron más de 450 propietarios de casas y predios de la colonia, quienes se presentaron ante el Gobernador Antonio Rivapalacio López, recibiendo su ayuda en el Registro Público de la Propiedad y una recomendación a los Notarios Públicos de Cuernavaca para que se pudieran comprar y vender los predios con entera libertad. Muchos de los habitantes de la colonia tuvieron la oportunidad de regularizar sus casas y terreno, ya que el ochenta por ciento de la ciudad no tiene sus papeles en orden, porque Cuernavaca estuvo deshabitada tres años y se perdieron los registros de propiedad de muchos de los predios en litigio. Por medio de la Asociación, Joaquín y los demás colonos, pidieron amparo contra ese decreto, el cual no se les fue concedido por ser un acto presidencial, pero de todas formas el proceso fue detenido, gracias a la intervención de Joaquín Sánchez Cue y el derecho que él venía defendiendo a nombre de los habitantes de las colonias Tlaltenango, Lázaro Cárdenas y Bellavista que quería el presidente Carlos Salinas de Gortari se volviera a pagar por la propiedad regularizándola a través de la Comisión Reguladora de la Tenencia de la Tierra (CORETT). 

Se fue a ver al gobernador don Antonio Rivapalacio López, excelso caballero quien de inmediato dio la orden de solucionar ese problema.  

Por cierto que esta expropiación dio paso a que todas las propiedades que estaban edificadas en propiedad federal e iba contra la ley, pues como todas las barrancas tienen un tramo de 14 metros de distancia entre cualquier paso de agua y las construcciones y son propiedad de la Nación, de cualquier manera la Corett se las regularizó. 

Quino se asoció con los señores don José Palacios y su esposa Tita en una gasolinera dentro del terreno de Joaquín Sánchez Cue llamada “Gasolinera La Pradera”. Y el señor Palacio tenía la concesión de la gasolinera por parte de Pemex, llegaron a un acuerdo y ambos la siguieron trabajando, hasta que los señores Palacio se quisieron retirar de trabajar y le vendieron su parte a Joaquín. La gasolinera funcionó bastante bien por un tiempo, pero toda la familia decidió cambiar de giro, por los problemas que les traía la concesión de la gasolinera y no era conveniente pelear contra el gobierno federal.

A los 62 de edad, se le declaró un cáncer del que poca gente se enteró y aunque en 1990 supo de su mal, jamás dejó de trabajar ni de seguir luchando por el bienestar de sus vecinos de la colonia Tlaltenango y mucho menos por su familia o sus amigos, por lo que siguió laborando hasta el último minuto día de su vida, la cual fue truncada en 1996. El local se convirtió en un servicio de lavado de autos, llamado “Autolavado La Pradera”, en el que trabajan sus hijos.

 Joaquín Sánchez Cue, su esposa María del Carmen Purón Díaz “Menchu” y sus cuatro hijos, formaban una hermosa familia. Con su partida, Quino les dejó el ejemplo de ser siempre gente de firmes principios e intachable conducta, la que siguen al pie de la letra, llevando el orgullo de haber tenido como padre y esposo a una persona respetada y querida por todos y en especial recordado como un hombre honesto quien es reconocido por la sociedad de Cuernavaca.   

Por: Rafael Benabib / rafaelbenabib@hotmail.com

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