Nació en una ranchería en Zacatlán, Puebla el 19 de Mayo de 1925. Cursó sus estudios de primaria y secundaria en un internado de la Ciudad de México, la preparatoria y la carrera de Ingeniero Químico en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Su padre fue Lorenzo González González, quien era campesino y revolucionario. Su mamá fue Jacoba Pineda Gutiérrez quien era ama de casa.

Una de sus hijas nos cuenta que cuando su padre era niño, cuidaba las ovejas y se iba a pastorearlas al campo, siempre acompañado de su perro Napoleón. En una ocasión hacía calor y se quitó el gabán, lo colgó de un árbol y al rato se regresó a su casa. Al día siguiente llamó a su perro sin encontrarlo, buscó su gabán y tampoco estaba. Corrió por el monte a buscarlo bajo el árbol y ahí se encontró con su perro Napoleón el que acostado le estaba cuidando su gabán.

A Celestino le dio cobijo la familia Ortega Vargas en Puebla, y gracias a esto tuvo la oportunidad de estudiar y al egresar de la universidad, sintió el deseo de ayudar a los estudiantes y él concebía esta ayuda en la preparación Técnica, lo que les permitiría incorporarse al mercado de trabajo. Cuando algún estudiante tenía necesidades de trabajar y quería dejar sus estudios, el profesor Celestino les daba cobijo para que no dejaran de estudiar atención que él mismo había recibido de la familia Ortega Vargas.

Cuando regresó de la Universidad, ingresó a Altos Hornos de México en Monterrey y de ahí a otra metalúrgica en Tezuitlán, Puebla. Conoció a la señorita Graciela Herrera Cabello, con quien contrajo nupcias en 1954 en la Ciudad de México. Procrearon siete hijos: Gloria Graciela, Martha Silvia, Debora, Arturo, Friné Gustavo y Celestino. 

A don Celestino le gustaba ir con sus hijos a nadar por los balnearios de todo Morelos. Su esposa se quedaba más de las veces a cocinar porque sabía que todos regresaban hambrientos, pero les recomendaba que le acordaran a su papá que regresara a casa y no los fuera a dejar a todos sin comer. 

Su hija Gloria estudió para médico Laboratorista ingresando después a la Facultad de Odontología de la UNAM. Ahora ejerce de Odontóloga en Cuernavaca. Martha se recibió en la Facultad de Derecho de la UAEM y trabaja en el gobierno del Estado de Morelos. Aún tiene su despacho pero ya no ejerce. Débora también estudió para Técnico Laboratorista; ingresó a la UNAM a la Facultad de Contaduría y al recibirse, se fue a trabajar a CIVAC en su propio despacho y ya está jubilada.

Arturo egresó de la Preparatoria como Técnico Laboratorista, luego entró a estudiar a la UNAM, graduándose como Ingeniero Civil en la Facultad de Ingeniería. Cuenta con una Maestría en Contaminación Ambiental que realizó en España y ahora trabaja en el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua del gobierno federal (IMTA).

Gustavo estudió Ingeniería Industrial, tomó un Diplomado en Texas sobre Ingeniería Industrial y dirige la empresa familiar de Equipos contra Incendios: Friné estudió en la UAM Diseño Gráfico y a la fecha, sigue trabajando en su Despacho de Diseño.

Celestino el hijo menor, es Contador Público por la Facultad de Contaduría y Administración de la UAEM. Tiene su propio despacho de contadores en la calle Copa de Oro número cuatro de la colonia Potrero Verde

Al regresar de Monterrey a la Ciudad de México, el ingeniero Celestino González Pineda ingresó a laborar en la secretaría de energía en el uso del gas L.P. Años después se instalaron en Cuernavaca e ingreso en 1963 como docente a la UAEM en la Facultad de Ciencias Químicas, convirtiéndose después en profesor e investigador de tiempo completo 

El ingeniero hacía los análisis de agua en cada balneario al que iban y como un servicio a los dueños, les enviaba las muestras de la calidad del agua que tenía cada balneario.  para que las enseñaran a las autoridades sanitarias, 

Se Jubiló en 1984, después de 25 años de servicio durante los cuales impartía las asignaturas de química cuántica, análisis cualitativo y cuantitativo y química en general.

Checaba las instalaciones de gas en casas e industrias, por parte de la Secretaría de Industria y Comercio, recomendado por las gaseras que conocían muy bien su satisfactorio trabajo. 

Fue jefe de la carrera de Ingeniería Química y también de la facultad por un período de seis años. En 1971 tomó cursos sobre seguridad contra incendios y a partir de ese mismo año, creó su propia empresa llamada “casa Gómez, Seguridad Industrial”.

Anteriormente había trabajado en una compañía de productos químicos llamada “Hoffman Pintel” y como se encargaba de las instalaciones, varias compañías le empezaron a pedir extinguidores, entre ella, Syntex, Mexama, Le Pettit, Pods y Textiles Morelos, entre otras. La empresa del ingeniero estaba ubicada en la calle Cuauthemotzin y el Bulevar Benito Juárez, después se cambió a la calle Domingo Diez 227, instalándose finalmente en la colonia Tariana en Juitepec, Morelos.

Actualmente la empresa la dirige su hijo Gustavo y se dedican a la venta de equipo contra incendio y su mantenimiento. 

El Ingeniero y sus hijos salían a jugar frontenis durante algunos fines de semana y casi ninguno de ellos le podía ganar. “Yo sé que me dejan que les gane para que me sienta bien y yo les sigo la corriente. Así todos jugamos a gusto”, le decía a su esposa Graciela.

El maestro falleció en su casa de Cuernavaca, el 10 de junio de 2010. 

Estando en la UAEM, participó en la formación de la Escuela de Técnicos Laboratoristas que tenía dos opciones: una de ellas era la licenciatura en el área química y la otra de Técnico Laboratorista en Química. El objetivo de este bachillerato, era abrir opciones para los estudiantes, pues se había inaugurado el corredor industrial de CIVAC, de tal suerte que los egresados consiguieron puestos técnicos en las compañías de la recién formada Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca.

El ingeniero Celestino González Pineda era un tanto distraído. Su esposa nos cuenta una anécdota chusca que lo pintaba de cuerpo entero. En una ocasión doña Graciela se bajó del auto en que viajaba con el ingeniero para ir a pagar la cuenta en la Compañía de Luz, mientras él le daba vuelta a la manzana para pasar por ella. Con su sentido de ser útil a su prójimo, en el camino se encontró a unos amigos de la universidad y pasó frente a Graciela su esposa, sin siquiera verla. Se llevó a los amigos a repartirlos a sus casas, olvidándose que tenía que recoger a su propia mujer.

Al maestro Celestino se le quería en toda la universidad y en los lugares donde iba, por su entrega a la gente que necesitaba de su ayuda se la pidieran o no. Muchos de ellos ahora son brillantes profesionistas gracias a la intervención y al empuje que recibieron del maestro Celestino González.

Su participación en la UAEM fue sobresaliente, los profesores siempre respetuosos con él, nunca tuvieron una sola queja de su comportamiento, sino al contrario, sabían y contaban con él para todo. Y al igual que la comunidad universitaria, quienes lo conocimos o escuchamos de él, le tendremos el cariño que se merece.