Se realizó un emotivo homenaje donde seres queridos, amigos y autoridades lo despidieron, como uno de últimos grandes artistas morelenses.
El escultor Víctor Manuel Contreras sembró en Cuernavaca la semilla de la paz y ayer cosechó sus frutos en el emotivo homenaje con el que sus seres queridos más cercanos, sus amigos, allegados y autoridades lo despidieron, como uno de últimos grandes artistas morelenses.
El homenaje de despedida inició con una misa de cuerpo presente en la Catedral en la que el sacerdote oró por su eterno descanso y porque sus familiares y amigos encuentren consuelo en las palabras de la fe.
La ceremonia religiosa concluyó con el primero de tres emotivos aplausos que la comunidad que se reunió con el escultor en su último día en esta tierra, de forma física, le brindó y con una, aún más emotiva, interpretación del Ave María, por el tenor Julio Velázquez.
El féretro, con sus restos, fue traslado al Museo de la Ciudad donde continuó el homenaje por parte de autoridades y amigos, y un segundo aplauso se escuchó fuerte en el recinto, que alberga también una réplica de su obra más icónica, “La paloma de la paz”.
Arturo Santana Salgado, su colaborador cercano, leyó para los presentes una reseña del artista, de la que resaltó los nombres del príncipe Félix Yusúpov y de la princesa Irina Ramánova, de la Rusia imperial, exiliados en París, donde Contreras los conoció en 1958, y fueron una influencia importante en su vida.
Cecilia Wolf, Galia Tonela, Teodoro Lavín y Gabriel Padilla, compartieron momentos de su relación y le brindaron mensajes de despedida.
“Descansa en paz amigo, y feliz viaje a los corazones de todos los que te amamos, queremos y respetamos”, expresó Gabriel Padilla, quien compartió con el artista los momentos más importantes de sus últimos tiempos, en los que dijo, se dedicó a purificarse y a preparar su último viaje.
Teodoro Lavín, también su amigo cercano, fue quien calificó como “el último de los grandes”. “Víctor fue un hombre que vivió su vida como quiso, sin importarle nada, ni nadie; sabía de su valor y muchos tuvimos la suerte de ser sus amigos”, señaló.
Su sobrino, Víctor Trujillo, agradeció las infinitas muestras de cariño y afecto que Cuernavaca y sus habitantes le mostraron al escultor y fue él quien señaló que ayer, en el homenaje de despedida, cosechó lo que sembró.
En el homenaje participaron las personas que trabajaron con Víctor Manuel Contreras y fueron su otra “familia”, quienes siempre estuvieron a cargo de su cuidado, y quienes también le expresaron su afecto y lo acompañaron hasta su última morada.
Sus restos ahora yacen en el Panteón de la Paz, al lado de los de su madre, María Trinidad Contreras, como una de sus últimas voluntades. Descanse en paz.
