Hoy por la noche, en el partido que abre la Fecha 3 del Clausura 2020, Puebla vs Querétaro, haría su debut el silbante Brian Omar González; sin embargo, el diablo metió la cola, debido a que el pasado miércoles, el colegiado de 31 años cometió una grave equivocación en el duelo de Copa Mx disputado entre Santos y Pumas, razón por la cual, el encuentro con el que había soñado durante toda su carrera arbitral, le fue revocado.

Resulta que corría el minuto 13 del citado encuentro copero, cuando en la ejecución de un tiro de esquina el futbolista de Pumas Martín Barragán jugó deliberadamente el balón con la mano, evitando una clara y manifiesta oportunidad de gol de los acólitos.

El nazareno lo señaló con atingencia; pero, la cuarteta arbitral no fue capaz de determinar qué jugador había cometido la infracción, siendo el debutante de 17 años, Jesús Rivas, quien pagó los platos rotos al salir expulsado del terreno de juego.

Esta triste situación nos mueve a la reflexión. Por supuesto que se trató de un grave yerro de los hombres de negro, siendo un error que se puede presentar con cierta frecuencia; tan es así, que es una de las situaciones en las que está previsto que intervenga el VAR (que, por cierto, no se utiliza en los partidos de Copa) para remediar el problema.

Los sabiondos del balompié hicieron cera y pabilo del árbitro en turno. Por supuesto que se equivocó y tal vez le faltaron recursos para solventar la situación. Sin embargo, nadie la ha emprendido contra el tramposo jugador.

En mi opinión, resultó vergonzante el proceder de los Pumas; digo, a veces se les olvida que se trata del equipo representativo de nuestra máxima casa de estudios, en donde no se debe permitir la trampa y la falta de respeto a los valores éticos que la rigen.

¿Qué hubiera pasado si el Director Técnico universitario, el español Michel González, respetando el juego limpio llama al capitán y le ordena que Barragán confiese su fechoría y sea él quien se vaya a las regaderas? Pues, se hubiera terminado el problema y todos estaríamos “aplaudiendo con las dos manos” su proceder apegado a los principios deportivos.

El acto de cobardía de Martín Barragán me parece abominable. Además, todo el equipo estuvo consciente de que Jesús Rivas (“al igual que Pepe el Toro”) era inocente; aún así, prefirieron coadyuvar a la confusión del silbante, reclamándole airadamente, lejos de ayudarle, demostrando que el futbol se ha convertido en… un deporte de tramposos.

 

eduardo Brizio
ebrizio@hotmail.com