La noticia se esparció como reguero de pólvora, convulsionando al balompié nacional: el argentino Agustín Marchesín, uno de los mejores cancerberos que ha venido a México, fue vendido al Porto de Portugal, dejando tras de si una estela de brillantes actuaciones que confirman su calidad como futbolista.

Ante tantos halagos dirigidos hacía él en su despedida, me apena poner la nota discordante. En un futbol sin memoria, bueno sería recordar una serie de tropelías realizadas por el personaje que hoy nos ocupa, durante su estancia en nuestro país, que ponen en tela de juicio su calidad como persona.

Mientras militó en la escuadra lagunera fue expulsado tres veces. En otra ocasión, en el medio tiempo de un partido ante Xolos, intentó reñir con su propio compañero Jonathan Rodríguez y también hizo lo propio en contra de Oribe Peralta durante un Santos vs. América.

En el trascurso de un encuentro de la Liga de Campeones de CONCACAF: Galaxy vs Santos, se tomó el atrevimiento de gritarle en repetidas ocasiones “borracho” a Giovanni Dos Santos, al tiempo que mímicamente lo provocaba haciendo alusión a la supuesta afición de Gio por el “tlapehue”. Lo que provocó que, en el juego de vuelta, el público santista le coreara, al entonces delantero del Galaxy, al unísono: “Borracho, borracho, borracho”.

Siempre he admirado a las personas que son congruentes con: lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen; pero este no es el caso de Marchesín, toda vez que en su momento afirmó voz en cuello que: “No sería jugador del América”, para ocho meses después ser contratado por los de Coapa.

Antes de salir de Santos, se peleó con Alejandro Irarragori, porque según esto, no le permitió fichar para Boca Juniors.

¿Quieren más?, pues ya enfundado en la casaca emplumada de las Águilas, durante un entrenamiento, en el interescuadras, abusó literalmente de su jerarquía al patear inmisericordemente al canterano Arturo Sánchez, recibiendo dizque una sanción interna por su agresivo comportamiento.

En un encuentro contra Tigres, tuvo la osadía de burlarse de la afición felina, haciendo gestos de evidente aburrimiento, en alusión a que los dirigidos por el Tuca Ferreti no eran capaces de inquietar su marco. Lo que después negó.

Mientras militó en el América no fue expulsado, no porque faltaran motivos. Al contrario, muchas veces pidió a gritos la tarjeta roja, provocando, faltándole al respeto a los árbitros e incluso insultándoles flagrantemente; pero al parecer, al igual que Gignac, tenía fuero.

Por eso, a pesar de ser un gran arquero, yo no lo querría en mi equipo… ni regalado.