Javier “el gato” Vargas, quien fuera cancerbero del Atlas y de la Selección Nacional que participó en los Juegos Olímpicos de México 1968, tuvo la feliz ocurrencia de declarar, en entrevista de por medio, que hace 50 años el equipo Tricolor no entró en el medallero porque los futbolistas estaban inconformes, debido a que no les habían cumplido con los premios prometidos y que, adrede, no se emplearon a fondo en el partido de semifinales contra Bulgaria y tampoco en el encuentro por el tercer puesto ante Japón, sentenciando que “el grupo acordó: ¡Vamos a perder, como un desquite!”.

¿Cómo la ven?, incluso, se aventó la puntada de afirmar que: “Vicente Pereda había fallado un penal deliberadamente y que todos los jugadores habían incurrido en actos de indisciplina emborrachándose en el tren que los traía de regreso, de la Perla Tapatía a ‘chilangolandia’, porque no les pagaron el viaje en avión” ¡Hágame usted el favor!

En 1968, apenas yo era un niño; pero bien presente tengo la ilusión que me proporcionaba el hecho de que se pudiera obtener una medalla en el futbol olímpico. Por eso, dichas “revelaciones” alcanzaron a calar muy hondo en el corazón del aficionado que algún día fui, indignándome e invitándome a la reflexión.

Desde que tengo uso de razón y en mi extenso peregrinar por los estadios de futbol he tenido la pena de escuchar (incluso preferido por un niño, ante la hilaridad de sus papás) el infundado y falaz grito de: “árbitro ratero”.

A lo largo de la historia balompédica no ha sido raro oír a los expertos afirmar con naturalidad: “le movieron el tapete”, cuando un equipo ya no quiere al entrenador, lleva una mala racha y como por arte de magia, ya con el relevo, brindan el mejor de sus partidos.

Del mismo modo, ha sido un secreto a voces cómo es que algunos Directores Técnicos, coludidos con promotores y hasta con directivos: venden, negocian, prestan, inflan o contratan a futbolistas, a cambio de jugosas ganancias.

Infortunadamente son varios los ejemplos de propietarios de equipos que han pasado una temporada a la sombra, en: chirona, talego, gayola, penitenciaria, prisión o cárcel, como usted prefiera llamarle, debido a la inapropiada conducta con la que condujeron su vida.

Los periodistas (no todos) “tampoco venden piñas”. Me atrevería a asegurar que es del dominio público el tristemente célebre “chayote” ¡Me van a contar a mí!, don Arturo Brizio Ponce de León, mi papá (QEPD) al retirarse del arbitraje fue gerente de Pumas, a mediados de los 70s, y en el presupuesto del equipo había una partida llamada “acondicionamiento de campo” …  les dejo de tarea especular cuál era el propósito de la mencionada partida.

De los aficionados, la reventa, las barras y de la violencia… ¡Luego hablamos!

Antes de gritarle a un árbitro “ratero”, estimado lector del Diario de Morelos… le aconsejo que lo piense dos veces.