Los lamentables sucesos que han marcado a Morelos en la agenda nacional, solo son indicativos que algo está descompuesto, desde hace tiempo, en nuestra querida entidad. 
Lo platicábamos, que pareciera que la estrategia de seguridad en Morelos desde hace décadas es “operar políticamente” para que la sociedad civil no se les vaya encima a pedir renuncias frente a las recurrentes olas de violencia que desde hace años sufrimos, que desde hace años nos han quitado la tranquilidad de salir a las calles sin zozobra, que han sumido a Morelos como insignia de la inseguridad.
Las imágenes del ataque a plena luz del día en el zócalo de Cuernavaca así como el múltiple homicidio de los custodios en Puente de Ixtla, son el simbolismo puro que la suma de la descomposición política, incapacidad, corrupción, colusión, desinterés y la falta de rumbo en Morelos, le está pavimentando un camino sencillo a la delincuencia para fortalecer sus alianzas y para migrar a nuevas prácticas antisociales.
No acabamos de entender que Morelos sobrevive gracias a las partidas presupuestarias federales, pero eso no nos alcanza para generar una economía interna fuerte que sostenga plataformas para el impulso al empleo, inversión privada y promoción turística; no entendemos que Morelos vive de su imagen hacia el exterior y que lo poco que ha podido construir para darnos una identidad nacional, ya sea turística, maquiladora, de descanso, industrial, agrícola o lo que queramos, lo estamos perdiendo por no atender contundentemente el problema de inseguridad.
Al problema de insuficiencia presupuestaria para afrontar la inseguridad, ahora sumémosle lo insostenible que debe resultar, administrar una entidad que enfrenta en proporción a su PIB, una deuda catastrófica de alrededor de 14 mil mdp; préstamos invertidos en proyectos improductivos costeados a sobreprecios, en nóminas secretas y en despilfarros personales. Estamos en un círculo pernicioso: no hay presupuesto, el gobierno estatal está endeudado, no hay actividad privada pujante (los empresarios están siendo extorsionados o con miedo a invertir para pasar inadvertidos frente a la delincuencia) y lo que más preocupa, nuestros representantes populares están cada quien en su rollo, echándose la culpa o como quien dice “pateando el balón a otra cancha”.
Fueron lamentables las reacciones de las autoridades municipales y estatales, frente a la violencia de la semana pasada. Cuando comunicadores nacionales les preguntaban información básica de lo acontecido como responsables de la seguridad, nuestros gobernantes en lugar de generar una narrativa bajo una lógica de información útil, coordinada, estratégica, comunicacional y basada en protocolos, pareciera que su dinámica en medios era echarle la culpa a la esfera competencial inmediata: Cuernavaca al estado, el estado a la federación y la federación como que no queriendo jalar la marca de nada.
La pregunta es ¿Qué están haciendo en las reuniones de seguridad? Se supone que eso que nos dicen en medios donde “exhortan al Gobierno Federal a que envíe a la Guardia Nacional… bla bla bla”, debe hacerse recurrentemente en esas reuniones; ¿Qué no se supone que las tres esferas -Federal, Estatal y Municipal- son del mismo partido o coalición de partidos? Por qué no ponerse de acuerdo para hacer una sola policía estatal que se coordine con fuerzas federales y se homologuen estrategias sólidas para brindarnos seguridad a los morelenses. No es mucho pedir.
Por favor, dejen a un lado los intereses y egos; pidan ayuda a expertos si no encuentran soluciones; pero repetimos, por favor háganse responsables de tiempo completo y dejen de pensar que la inseguridad se soluciona… pateando el balón a otra cancha.
 

Por: Guillermo Amerena Betancourt / [email protected]