97 años*: Un 4 de marzo de 1929 nació el Partido Nacional Revolucionario (PNR), fundado por Plutarco Elías Calles, antecedente del Partido de la Revolución Mexicana (PRM), nombre asumido bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río en 1938, e instituto que se convertiría en el Partido Revolucionario Institucional (PRI, en 1946, cuando México tenía como presidente de la República a Miguel Alemán Valdés. Es así como el miércoles pasado el PRI cumplió 97 años de existencia, que lo convierte en el partido político mexicano más longevo de los que hay en la actualidad. Es cierto que dejó de ser la organización hegemónica que arrasaba con prácticamente todas las elecciones constitucionales federales y estatales, a partir de 1989 cuando pierde la primera gubernatura en Baja California y en 1997 al perder la mayoría legislativa en la cámara de diputados del Congreso federal. En el presente para nada es el PRI lo que fue en el pasado, ni en México ni en Morelos. Para confirmar esto basta recordar que durante varias décadas gobernó el país, la primera elección presidencial que perdió fue en el año 2000 al ser derrotado por el Partido Acción Nacional (PAN) con Vicente Fox como candidato presidencial. En el 2006 volvería a ser derrotado por el mismo partido que tuvo como abanderado a Felipe Calderon, y el tricolor fue enviado al tercer lugar de las votaciones. El PRI recuperaría en el 2012 la presidencia de México, con Enrique Peña Nieto como su candidato, sin embargo, en las elecciones de 2018 perdería nuevamente la máxima magistratura con el partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y su abanderado Andrés Manuel López Obrador, quien contendía por tercera ocasión consecutiva. En mi opinión, López Obrador había ganado en 2006, pero mediante un fraude cibernético le fue arrebatada la victoria. Tal vez el PRI nunca vuelva a ganar una elección presidencial. Se ha ido debilitando paulatinamente. Ya no es el poderoso partido con sus sectores, agrupaciones y movimientos, que lo hacían un ente sólido, unido y poderoso electoralmente hablando, al grado que su presencia era casi total en los gobiernos estatales, así como en los Congresos federal y locales, por lo que el escritor peruano Mario Vargas Llosa, lo denominó “La Dictadura Perfecta”. En Morelos, el PRI se empezó a debilitar con la llegada al gobierno del estado del General Jorge Carrillo Olea, un personaje al que parecía poco le gustaba la política y tampoco le interesaba realizar un buen gobierno, además de que tuvo serios problemas con la seguridad pública, lo que poco ayudó al tricolor a ganar las elecciones estatales en el año 2000, cuando al unísono se perdió la presidencial y la estatal. En ese año el abanderado tricolor local fue Juan Salgado Brito. Considero que Salgado Brito, al igual que otros priistas morelenses como Rodolfo Becerril Straffon, David Jiménez González, José Castillo Pombo, Marisela Sánchez Cortés, Samuel Palma César, Manuel Martínez Garrigós, Marisela Velázquez Sánchez, Jorge Meade Ocaranza y Guillermo del Valle, tenían los atributos personales, los merecimientos políticos y los saberes públicos para haber hecho un adecuado gobierno en favor de la población morelense. En vez de ellas y ellos, llegó a la gubernatura un joven sin más experiencia pública que haber sido presidente municipal de Cuernavaca, de 1997 a 2000. Eso sí era, en ese momento, una persona con carisma, simpático, con pegue con las mujeres, pero nada más. En sus primeros cuatro años de gobierno se vio envuelto en una serie de escándalos, dada su frivolidad, que bien pudieron haber provocado su salida anticipada del gobierno estatal. Desde ese año, el PRI no ha regresado a la gubernatura de Morelos y por cómo se ven las cosas, política y electoralmente hablando, es casi imposible que regrese a la máxima silla del poder en Morelos. No tiene con quién, de los que se han quedado, a los que hay que reconocer su lealtad partidista, Jorge Meade Ocaranza y Víctor Saucedo Perdomo, serían fácilmente derrotados en cualquier contienda constitucional. Otro elemento negativo para el PRI es que, por la dirigencia estatal, han pasado en los últimos años jóvenes sin la suficiente experiencia partidista, sin las relaciones necesarias en los municipios, poblados y colonias, sin las ganas para hacer el trabajo que se requiere para penetrar entre la población y así mantener en el PRI a los pocos militantes y simpatizantes que le quedan. Parece que la dirigencia estatal del PRI no capta que las elecciones ya son el próximo año. Lo que sí nadie puede negar y dejar de reconocer es que los gobiernos priistas, tanto a nivel federal como en el ámbito estatal, crearon y dejaron instituciones macizas, eficientes y permanentes, caso concreto el IMSS, el ISSSTE, la CFE, y el INFONAVIT, por mencionar a las más sobresalientes, que han servido a los mexicanos y a los morelenses desde su creación. En Morelos, los gobiernos tricolores, construyeron hospitales de alta especialidad, generales y clínicas; instalaciones para universidades e institutos de educación superior y media superior, de nivel secundaria, primaria y preprimaria, presas, carreteras y caminos. Obras que ahí están a la vista y al servicio de todas y todos los morelenses.

*La frase*: “Si son muchos corremos; si son pocos nos escondemos, y si no hay nadie, les caemos con todo el peso de la ley”. Esta expresión se la escuché decir en muchas ocasiones a mi amigo y paisano Isidro Landa, quien en su larga trayectoria pública llegó a ser comandante de la Policía Judicial Federal.

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