Vanessa Vasey, de 48 años, denunció al medio Daily Mail que ella y su hijo de siete años, Jesse, quien tiene síndrome de Down, fueron expulsados del estadio "como criminales". Según Vasey, Jesse fue negado el disfrute del concierto debido a su condición, ya que sus trastornos sensoriales le impedían sentarse en su asiento.

Vanessa Vasey explicó que había reservado boletos en noviembre, pagando £630 por boletos de hospitalidad para asegurarse de que tuvieran acceso al salón y Jesse pudiera estar cómodo. Sin embargo, el día del concierto, cuando llegó el momento de sentarse en sus asientos, Jesse no quiso hacerlo. En lugar de causar problemas, se levantaron cerca de la zona de asientos mientras Jesse bailaba durante el acto de apoyo.

"Jesse y yo amamos a Pink. No podíamos esperar porque iba a ser un momento muy especial para vivirlo juntos", comentó Vanessa. "Ese día no llevé su cochecito para discapacitados porque el billete decía que no había espacio para guardar cosas. Pero cuando llegó el momento de sentarse en nuestros asientos, Jesse no quiso".

Lo que comenzó como una adaptación inofensiva para Jesse se convirtió rápidamente en un enfrentamiento con la seguridad del estadio. Según Vanessa, seis guardias de seguridad se acercaron para decirles que debían moverse. A pesar de explicar las discapacidades de Jesse, los guardias insistieron en que debían sentarse en sus asientos o abandonar el recinto.

"Jesse mide 3 pies de altura y estaba entreteniendo a todos. No estábamos causando ningún problema. Luego aparecieron seis guardias de seguridad diciéndonos que teníamos que mudarnos. Cuando les expliqué las discapacidades de Jesse, dijeron que no podían hacer nada", relató Vanessa.

La única alternativa que les ofrecieron fue sentarse en una sala sensorial insonorizada donde Jesse no habría podido escuchar el concierto, lo que Vanessa consideró inaceptable.

Vanessa describió la experiencia como "absolutamente horrible" y acusó al personal de seguridad de falta de empatía hacia su hijo. "Nos sentimos intimidados y cuando decidimos ir, había 10 de ellos a nuestro alrededor, incluidos guardias de seguridad, personas trajeadas y otros empleados, y literalmente nos escoltaron fuera del edificio como criminales”, afirmó.

Este incidente ha suscitado una ola de críticas en las redes sociales, donde muchos fans de Pink han expresado su indignación por la manera en que se manejó la situación. A medida que la historia se difunde, se espera que tanto el estadio como la organización del concierto emitan una respuesta oficial sobre el trato recibido por Vanessa y Jesse.

Este triste acontecimiento subraya la importancia de la sensibilidad y la comprensión hacia personas con discapacidades en eventos públicos, y la necesidad de políticas inclusivas que permitan a todos disfrutar de la música y el entretenimiento sin discriminación.

Cumple los criterios de The Trust Project

Saber más

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

Sigue el canal de Diario De Morelos en WhatsApp