La jueza de la Corte Suprema de Justicia murió en su domicilio en Washington DC a los 87 años por complicaciones de cáncer de páncreas metastásico, apenas unos días antes de la muerte de Ginsburg, cuando sus fuerzas se desvanecían, le dictó esta declaración a su nieta: "Mi deseo más ferviente es que no seré reemplazada hasta que haya un nuevo presidente".

Fue pionera en la lucha por los derechos de las mujeres, trazó un rumbo en la Corte Suprema de Estados Unidos y se convirtió en un icono legal, cultural y feminista, periodistas destacaron la importancia de la vacante dejada después de 27 años en la Corte de los Estados Unidos.

 

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