La joven Monserrat Ortiz Ramírez sólo tenía 25 años y ya llevaba 11 trabajando en distintos lugares, de diferentes giros; su último empleo fue en una tienda departamental.
 
Fue ahí, en el Coppel de Tepalcates en la alcaldía Iztapalapa, donde conoció a César, un joven que abandonó su cuerpo sin vida luego de que se accidentaron en moto cuando regresaban de una fiesta, la madrugada del  1 de junio.
 
“Voy a llegar tarde”, le había avisado a su papá, don José Alfredo Ortiz, vendedor de dulces y botanas, quien descansaba acostado cuando recibió la llamada que le sacudió la vida.

Era una chica altruista

Hermana de dos mujeres y tres hombres, Monserrat conocía muy bien lo que era la necesidad. 
 
Por eso, le emocionaba saber y compartir que tenía todo listo para cumplir el que sería su más grande deseo: comprar un departamento con el fruto de su trabajo.
 
Hacía cosas como: reunir toda la ropa que su numerosa familia ya no usaba o necesitaba, para ir a donarla, cada que tenía vacaciones, a las comunidades más necesitadas de la sierra de Puebla.
 
Ahí, en donde vive la familia de su papá, Monse sembró sonrisas y esperanza en decenas de niños que nunca la olvidarán.
 
“Si uno está pobre, hay gente todavía más pobre”, era una de sus filosofías. Fue rubia, fue pelirroja, fue china y fue lacia, y cuando era todo eso, “era tranquila, le gustaba convivir con sus hermanos, era muy alegre”, recuerda don José.
 
“Todos sus sueños se vinieron abajo”, expresa con voz ríspida. El próximo 2 de febrero, no habrá cumpleaños que celebrar.

 

Piden justicia

 “Yo no sé cómo fue el accidente, no puedo culpar a este chavo al 100 por ciento, no soy juez ni perito”, dice el papá de la joven.
 
Pero enfatiza, “si yo sé que fue un accidente, yo me quedo al auxilio, y a él le valió, la dejó tirada en el piso, fue una cobardía, no llamó ni al 911”.
 
“Yo lo único que quiero es que se haga justicia, que se investigue bien y si este chavo tuvo la culpa; no se vale que el culpable ande libre como si no hubiera hecho nada”.
 
Aquella madrugada, sobre el kilómetro 19 de la autopista México-Puebla con dirección a la Ciudad de México, el cuerpo de Monse quedó tendido sobre el pavimento, mientras incontables autos pasaban a toda velocidad.

 
Mujer abanderó cuerpo 

Gracias a que una mujer testigo abanderó el cuerpo y ahí se quedó, transmitiendo en vivo además, los servicios de emergencia pudieron llegar y encontrar intacta la escena.
 
“Hubieran pasado carros y me la hubieran destrozado ahí”, señala don José, quien ese mismo día levantó una denuncia por la cual, hasta el momento, no hay detenidos.
 
Fue hasta el 16 de junio cuando César se comunicó con ellos, sólo para asegurar que lo que pasó no había sido su culpa sino de un camión. 
 
En el video de los hechos, se le aprecia hablando con alguien por teléfono, diciéndole entre sollozos “wey, maté a Monse, ayúdame por favor. Se fue a la verga el camión. Maté a Monse. No mames, no mames, mi amiga”.
 
El 8 de julio, la familia marchó pacíficamente al Ministerio Público de Los Reyes Acaquilpan en el municipio de La Paz, para exigir a las autoridades resultados en el caso, pues aunque ya se les aportó varias evidencias y en la zona donde ocurrió la tragedia hay cámaras de seguridad, no ha habido ningún avance.
 
“Yo sé que no soy el único, porque a diario hay accidentes, pero si ya hay evidencias, que las autoridades le echen ganas, nomás lo que es”, implora el padre de familia.


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