El Monopoly, uno de los juegos de mesa más icónicos y vendidos del mundo, es conocido por su dinámica de compra y venta de propiedades, donde los jugadores compiten por la acumulación de riqueza. Sin embargo, lo que pocos saben es que su origen está ligado a una intención completamente opuesta: nació como una crítica al capitalismo y a los monopolios.
Elizabeth Magie y el verdadero origen del Monopoly
A principios del siglo XX, una mujer de nombre Elizabeth Magie, escritora, feminista y diseñadora de juegos, creó un juego llamado The Landlord’s Game (El juego del arrendador). Su intención era demostrar los efectos negativos del acaparamiento de tierras y las desigualdades económicas provocadas por el sistema capitalista.
Magie, seguidora del economista Henry George, ideó dos versiones del juego:
1. Una en la que todos los jugadores se beneficiaban del progreso económico de manera equitativa.
2. Otra donde un jugador podía acaparar todas las propiedades, generando pobreza en los demás.
Su propósito era demostrar lo perjudicial que era la acumulación de riqueza en pocas manos y cómo un sistema más justo podría beneficiar a todos.
El robo de la idea y el nacimiento del Monopoly
Magie patentó The Landlord’s Game en 1904 y más tarde en 1924, pero el juego no alcanzó una gran popularidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, su diseño fue copiado y modificado por varias personas, hasta que llegó a las manos de un hombre llamado Charles Darrow en la década de 1930.
Darrow tomó el concepto de Magie, eliminó la versión equitativa del juego y dejó solo la dinámica de competencia y monopolios. Presentó la idea a la empresa Parker Brothers, quienes compraron los derechos y comercializaron el juego bajo el nombre de Monopoly.
Darrow fue acreditado como el creador y se hizo millonario, mientras que Elizabeth Magie apenas recibió 500 dólares por su patente y cayó en el olvido.
De crítica a herramienta del sistema
Lo irónico es que el Monopoly, un juego que originalmente quería denunciar las injusticias del capitalismo, terminó convirtiéndose en un símbolo de este mismo sistema. Hoy, la idea de comprar, arruinar a los oponentes y monopolizar propiedades es vista como un reflejo del éxito económico dentro del mundo.
A pesar de ello, la historia de Elizabeth Magie ha sido reivindicada en los últimos años.
