El envejecimiento de la población mexicana se ha acelerado en las últimas décadas. En 1950, por cada 100 habitantes había cinco personas mayores de 60 años; para 2025, esa cifra ha aumentado a 12 por cada 100 habitantes. Este cambio demográfico plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de los sistemas de salud, pensiones y la capacidad del mercado laboral para adaptarse a una población cada vez más envejecida.

La generación actual de jóvenes adultos, nacidos en las décadas de 1990 y 2000, se enfrenta a una serie de desafíos económicos y sociales. A pesar de estar mejor educados que generaciones anteriores, muchos enfrentan dificultades para acceder a empleos bien remunerados y estables. La informalidad laboral, la falta de oportunidades en el mercado de trabajo y la creciente deuda estudiantil son solo algunos de los obstáculos que enfrentan.

Además, la falta de un sistema de pensiones robusto y accesible para todos genera incertidumbre sobre la seguridad financiera en la vejez. Muchos jóvenes adultos carecen de planes de ahorro o inversión para su jubilación, lo que podría llevar a una dependencia de las futuras generaciones para su bienestar económico.

A pesar de los avances en la reducción de la pobreza y el aumento del salario mínimo, persiste una profunda desigualdad entre las diferentes clases sociales en México. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 56.6% de los mexicanos se sitúa en la clase baja, mientras que solo el 1.2% pertenece a la clase alta. Estas disparidades afectan el acceso a servicios de salud, educación de calidad y oportunidades laborales, lo que agrava los retos que enfrenta la generación de los 30.

Ante estos desafíos, es imperativo que México implemente políticas públicas que aborden el envejecimiento poblacional y sus implicaciones. Esto incluye la creación de sistemas de pensiones sostenibles, el fomento del ahorro y la inversión, y la promoción de la inclusión laboral para las personas mayores. Además, es esencial reducir las desigualdades sociales y garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a oportunidades que les permitan envejecer con dignidad y seguridad económica.

La generación de los 30 tiene la responsabilidad de abogar por estos cambios y prepararse para los retos que se avecinan. Solo a través de un esfuerzo conjunto y una planificación estratégica se podrá garantizar un futuro próspero y equitativo para las generaciones venideras.

Cumple los criterios de The Trust Project

Saber más

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

Sigue el canal de Diario De Morelos en WhatsApp