En ausencia del obispo de la Diócesis de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, el presbítero español Gabriel Seguí Trobat presidió la celebración eucarística en la Catedral de Cuernavaca, donde ofreció un profundo mensaje centra do en el sentido del bautismo, la Palabra de Dios y el compromiso cristiano en la vida cotidiana.
Durante su homilía, Seguí Trobat —liturgista y director del Instituto Superior de Liturgia de Barcelona— subrayó que el bautismo introduce a los creyentes en una relación de amistad e intimidad con Dios, al convertirlos en hijos suyos y miembros de la Iglesia.
Recordó que esta filiación no se pierde, aun cuando la fragilidad humana lleve al pecado, pues Dios “jamás repudia nuestra condición de hijos”. Explicó que la catedral es signo del pueblo de Dios que se reúne no por lazos humanos, sino por la fe, y destacó que anunciar a Cristo no siempre es sencillo, ya que puede implicar incomprensión, persecución e incluso martirio, como lo refleja el testimonio de San Felipe de Jesús, presente en los murales del recinto. El presbítero resaltó el espacio donde Cristo habla a su Iglesia a través de la Escritura, y del altar como centro de la memoria viva de la fe, desde donde el pueblo se alimenta del pan eucarístico y se compromete a compartir el pan cotidiano con los pobres.
Finalmente, en el marco del inicio de la Octava de Oración por la Unidad de los Cristianos, llamó a los fieles a vivir una fe activa, solidaria y esperanzada, que impulse la justicia, la igualdad y la comunión, confiando en que nada puede separarlos del amor de Cristo.
