Ni siquiera los científicos se han puesto de acuerdo si los alimentos transgénicos (GMO) en inglés y (MGO) en español, no tienen la seguridad científica de que si benefician o perjudican al ser humano, a los animales y/o a la tierra. (La Unión Europea le llaman: NO GMO, cuando son perjudiciales.
Ya no digamos el Gricofosfato que es un herbicida poderoso que acaba con las plagas malignas, benignas y todas las especies a su alrededor incluyendo a los animales y especialmente al hombre a quien le afecta sus pulmones, el hígado y que en muchos casos ha sido el causante de la enfermedad del cáncer.

Las pocas pero enormes compañías de productos transgénicos tienen un grupo de científicos que seleccionan los genes del organismo de ciertas plantas para ser modificados y los injertan en otros, para obtener que estos tengan unas características predeterminadas.
Por ejemplo en el campo, los agricultores escogen las mejores semillas de la cosecha para sembrarla a la temporada siguiente y así obtener una mejor cosecha y más fuerte de la anterior y así las cosechas han ido mejorando a través de los años en cantidad y calidad.
Para la cría selectiva del ganado y de los alimentos, todos los rasgos del animal o de la planta pasan a sus descendientes. Eso implica que se va lo bueno de los rasgos, pero también lo peor de ellos. Y así, todos los rasgos del animal o de la planta se pasan a sus descendientes y se convierten en un organismo cuyo material genético ha sido alterado de una forma que no sucede en la naturaleza.

Como hemos dicho, una parte de los científicos están a favor y otra en contra, pero los que pelean contra el uso de alimentos genéticos son casi todos los grupos ambientalistas del planeta; por tanto, están completamente en contra de esta modificación.
Quienes están a favor declaran que los cultivos están protegidos ante el virus, insectos y malas hierbas; las plantas son más tolerantes a los herbicidas y a los pesticidas. Estos se utilizan menos de lo que dañan al medioambiente y a la economía, pero reduce sus costos. Sus frutos son más resistentes, duraderos, nutritivos y rentables; Los hay para prepararlos a desarrollarse en zonas estériles o de sequía hasta donde no se ha podido plantar. Se les puede añadir más proteínas que ayudan a combatir enfermedades y mala nutrición.
Quienes están en contra de la existencia de estas especies proclaman que son más invasivas que las naturales y al destruir las plantas naturales como consecuencia pueden destruir el ecosistema, ponen en peligro la biodiversidad al eliminar organismos de la naturaleza; el cruce de genes son un arma enemiga a la resistencia de las bacterias a antibióticos, los hongos y virus que pueden hacer mutar hacia especies desconocidas para auto protegerse. 

Porque es muy posible que lleguen a afectar a la fertilidad y desde un punto de vista ético, los agricultores se vean perjudicados porque las patentes de las semillas modificadas, están en manos de algunas multinacionales como la Monsanto que controlan los precios, llegan a ser demasiado caras para que a los pequeños agricultores les convenga usarlos al no ser rentables.
Ahora que la compañía Monsanto se acaba de unir a la compañía alemana Bayer, las presiones contra los gobiernos que no las permiten son extremadamente agresivas, por ejemplo en nuestro País no está reglamentado oficialmente su aceptación o rechazo y aquí es donde tenemos una de las plantas mayores de la compañía Monsanto de toda Latinoamérica y ahora, en que se unieron los más fuertes en ese tipo de conversiones genéticas están intentando vender el producto de sus investigaciones ya patentadas.

Existe una prohibición para este tipo de productos, pero la Monsanto tiene presentados varias demandas contra esas propuestas de ley, así como el gobierno mexicano sigue acusando a la compañía de intentar meter transgénicos a la población mexicana.
Estará prohibido volver a sembrar otro tipo de semillas que no sea las que les vende esa compañía, tendrán que sembrar el mismo producto y no podrán usarlo como base para una nueva siembra del siguiente año, sino que tendrán que comprarles todo el producto genético varios años más o tendrán que pagar una multa, la cual si no es liquidada se tendrán que entregar las parcelas o campos de su propiedad como pago a la compañía.
Estas especies pueden ser más invasivas que las naturales y por consecuencia alterar seriamente al ecosistema y ponen en peligro la biodiversidad porque se eliminan organismos de la naturaleza. De igual forma el cruce de genes puede provocar la resistencia de sus bacterias a los antibióticos; virus pueden mutar hacia especies desconocidas y afectarlas. 

 Es posible que afecte la fertilidad y, desde el punto de vista ético los agricultores se ven mayormente perjudicados por las patentes de las semillas modificadas al estar en manos de estas multinacionales como Monsanto y Bayer que controlan los precios y son muy caras para los pequeños agricultores al no llegar a ser rentables.
En los super mercados la mitad de los productos importados de Estados Unidos son trasgénicos: la soya controlada por la patente de Monsanto, las cebollas, las papas, las legumbres, las frutas, el “oro blanco” que es el cítrico entre toronja y pomelo, la remolacha color amarillo fuerte (roja), el tomate negro, la papaya traída de Hawái. Las papas amflora que se producen con semillas de celulosa del papel y muchas especies más, que aunque son atractivas a la vista, son faltas de sabor, bofas y hechas con productos y siembra transgénica.
Por eso son hermosas y por la comodidad de no ir a los mercados municipales, que hay muchos en todo México, la gente las compra sin saber que está adquiriendo puros productos sintéticos que dañaran a su organismo y a la alimentación familiar.

Todo esto lleva a la consecuencia de modificar a la principal especie de alimentación para la mesa mexicana que son las diversas e innumerables especies de maíz que desaparecerán. Ente ellas: el maíz ancho, el criollo, el blando, el amarillo, el azul, el blanco, el Celaya, el chalqueño, el apadrito y en total son 64 tipos de maíz que al ser modificado van a dejar de saber a maíz para convertirse en adorno de estantería.
Adiós a las tortillas blancas cafecitas, verdes (a las cuales les ponen nopal) y entre otras las negras, que son las acompañantes de la gran variedad de platillos mexicanos, las tostadas, al pozole, a los tacos, a los chilaquiles, a las enchiladas, a las enmoladas, al atole, a los tlacoyos, a los tamales y a toda la gama de comida mexicana, reconocida a nivel mundial como una de las cocinas más completas y nutritivas que existen. Y todo esto, gracias al fabuloso maíz que aún se consume diariamente en cada mesa mexicana y alrededor del mundo, ya sea como complemento, como en sopas y elotes asados, hervidos, acompañados de aguacate o de carne de puerco en adobo, chiles rellenos, totopos, etcétera, etcétera.   

Por: Rafael Benabib / rafaelbenabib@hotmail.com