La pandemia de Covid-19 no solo ha alterado nuestra vida privada, sino que también ha hecho que muchas empresas deban actualizar su plan de negocio y sus modalidades mucho más rápido de lo que tenían pensado. ¿Cómo será el futuro de la economía y de las finanzas en un contexto cada vez más digitalizado?

Vivimos tiempos excepcionales, de eso no hay duda. El nuevo Coronavirus descubierto en 2019 ha puesto al mundo de cabeza y no solo nosotros hemos tenido que cambiar todos nuestros planes y rutinas, sino que ha hecho mella en todos los ámbitos de la sociedad, incluyendo a la economía y las finanzas.

En ese sentido, muchos rubros han debido acelerar o iniciar su proceso de reconversión online. De acuerdo a diferentes especialistas, el comercio online en países en vías de desarrollo como México el e-commerce ha crecido en los meses del 2020 lo que se esperaba para una proyección de cinco años. Las restricciones de movimiento, circulación de dinero y la necesidad de protegerse del contagio del virus ha hecho que muchas industrias tradicionalmente analógicas deban aprovechar las ventajas de la digitalización.

Por ejemplo, la venta de ropa y calzado, uno de los sectores en donde la compra en tienda está inhabilitada por la pandemia, ha aumentado sus ventas de manera exponencial. Lo mismo ha sucedido, por ejemplo, con la lotería: hoy en día muchas personas pueden jugar rasca y ganar en los casinos online sin necesidad de moverse de su hogar ni tener una moneda a mano como antes. Lo mismo puede pensarse en la venta de electrónica e incluso en las compras mínimas en las tiendas de cercanía: entre el desarrollo de aplicaciones y el uso de las redes sociales como plataformas de venta, hoy todo se consigue haciendo clic o deslizando el dedo.

En esa dirección, el eje ahora también se ha puesto no solo en la evolución de las empresas en relación con la digitalización, sino también en la educación que algunos sectores de la población tengan con dichas plataformas y el acceso a internet. De esa manera, mientras se llama a la población a evitar las reuniones sociales, los adultos mayores y los sectores más carenciados deben mejorar tanto sus conocimientos en internet, así como el Estado dar respuesta a una verdadera democratización del servicio para que en estas épocas de aislamiento, la denominada brecha digital no avance aún más.