La gente evalúa las propiedades de una manera tan simple como efectiva. ¿Cómo cuánto cuesta tu casa? Sin escrituras, medio millón de pesos, y con escrituras quien quita y hasta un millón. Así ha sido por años. En las colonias populares las familias se han pasado la vida sin escrituras, y la costumbre de la cesión de derechos sobre terrenos de régimen ejidal y/o comunal. Son las historias de colonias y pueblos enteros. Cuando haya pasado la pandemia del covid-19, las personas se acordarán de muchas cosas, tristes la mayoría y pocas las gratas. Caso de Jiutepec, donde estos días serán de fortuna para tres mil 500 familias cuyas viviendas pueden ser regularizadas a través del convenio que el martes firmaron el Ayuntamiento y el Instituto Nacional del Suelo Sustentable (Insus). La formalización del acuerdo marcó el arranque de los trabajos de regularización de propiedades en las colonias Ampliación Bugambilias, Ampliación San Isidro, Ampliación Tejalpa, Ampliación Vicente Guerrero, Apatlaco, Atenatitlán, Bugambilias, Constitución, Deportiva, El Capiri, El Edén, El Porvenir, Hacienda de las Flores, Independencia, José López Portillo, José María Morelos y Pavón, Lázaro Cárdenas, Moctezuma, Oriental, Otilio Montaño, Paraíso, Pedregal de Tejalpa, Pinos Tejalpa, Puente Blanco, San Isidro, Tejalpa Centro, Tlahuapan y Vicente Guerrero. El alcalde Rafael Reyes Reyes puso el énfasis en el logro social de que, de entrada, las acciones de escrituración proporcionarán seguridad patrimonial para muchas familias de Jiutepec, y en lo general habrá un desarrollo urbano más ordenado en el territorio. Aunque no ha habido una información oficial en este sentid, es de esperarse que programas como el Jiutepec serían desplegados en otros municipios de Morelos con problemas de vivienda iguales o parecidos… TRAS cuatro días de trabajo, la diversión. Para empezar, los tacos en Plan de Ayala, ruidoso el tráfico vehicular que rueda de poniente a oriente y viceversa. Son apenas las diez y el local ya está repleto de familias contentas, de parejas de novios acaramelados, de grupos de muchachos ruidosos. Apenas se sienta, Óscar ordena tres de chuleta. José opta por los de al pastor. “Quince, por favor, con piñita, unos frijoles charros y una cheve bien fría”, urge al mesero antes de justificarse con Óscar, que lo mira con ojos de reproche: “Están bien chiquitos. El otro día me comí veinte y con trabajos me llené”. Después, al bar de media semana. “Para calentar motores, quién quita y agarramos algo”, justificas José. “Pues sólo que una pulmonía”. Al rato rumbo al antro, presuntuoso el guiño de José en el momento de franquearle la portezuela de la carcacha a la güerita que poco antes “levantó” en el bar: Abierta la pista a las doce, pronto se llena de parejas bailadoras, intercaladas las piezas aceleradas con las notas lánguidas de canciones románticas, pal’ faje. Todo perfecto si no fuera porque ya son las tres y hace un rato largo que debieron llevar a las muchachas a sus casas. Piden la cuenta, pero deben esperar media hora para que el mesero se las traiga. Las chavas se inquietan. Salen de la disco, José se queja “(“ya hace hambre”) y Óscar lo reprende (“¡pinche tragón!”). La avenida luce como si fuera de día, iluminada, atestada de carros circulando en ambos sentidos con ellas y ellos rumbo a casa, maridos trasnochados temiendo por anticipado la que se les va a armar, patrulleros somnolientos a quienes aburre la tranquilidad… Así era Cuernavaca. Y lo volverá a ser cuando la pandemia sea sólo una pesadilla. Pronto, ya… (Me leen después).
Por José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com
