Mario Oguri con el gobernador Felipe Rivera Crespo y al alcalde Ramon Hernández Navarro, atrás Don Ángel Cházaro especialistas japoneses con materiales traídos desde aquel país. Diez o doce años después, en 1967, volví a ver a Don Mario hecho ya un gran empresario cuándo en la Ciudad de México construía los jardines de la Villa Olímpica, y de Villa Coapa, esta última, para los participantes de la Olimpiada Cultural, fue cuando mi padre Carlos Lavín Oliveros, construía las avenidas, plazas, calles, andadores de esas dos villas. Con don Mario, almorzábamos en el improvisado restaurante para los trabajadores acondicionado con láminas de cartón en Villa Coapa, o nos invitaba una nieve en el clásico carrito del nevero. Su vivero estaba junto a la oficina de mi padre en un terreno de esa Villa en plena obra, cuando la zona todavía estaba rodeaba grandes establos productores de leche. Las oficinas de Don Mario estaban atrás de la panadería La Veiga que estaba en Avenida Insurgentes contra esquina de Liverpool. En esos años. yo hacía estudios de turismo en la Ciudad de México, y los sábados laboraba como pagador de la compañía

Siendo alumno de primaria conocí al japones Junzo Oguri, estaba agachado haciendo labor en un vivero de nochebuenas, en México fue conocido como Mario Z. Oguri. Lo anterior fue acompañando a mi padre cuando construía el fraccionamiento Rancho Cortés.

Siendo muy joven Mario Oguri, había trabajado en el hotel más elegante de Tokio, en 1937 fue uno de los empleados elegidos para recibir en el puerto de Nagasaki a un huésped importante y llevarlo al hotel, el huésped, era nada menos que uno de los hombres más ricos del mundo, Axel Wenner Gren acompañado de su esposa Margerite. Ya en el hotel, el joven Oguri fue el encargado de atenderlos personalmente y también sirvió de guía para la esposa del magnate en la ciudad. Fue quien los acompaño a despedirlos al puerto de Yokohama donde, Oguri abordó con ellos, para viajar por el mundo en el yate “Southern Cross” el más fastuoso lleno de obras de arte de los grandes artistas de la historia, y de mayor envergadura de la época que superaba al de la reina de Inglaterra.

Un par de años después, el yate arribó a Acapulco, cruzó en Canal de Panamá entró al Caribe, en Bahamas, el magnate adquiere toda una isla y ahí construye su mansión -ahora importante destino turístico- en 1941 arriba a Veracruz, y en ese mismo año se instala en Cuernavaca, siempre con Oguri su ayudante personal .

Maximino, hermano del presidente Ávila Camacho le ofrece hospedarse en la “Quinta Santa Barbara”, de calle Nezahualcóyotl y Abasolo que había sido la casa principal del convento de monjas de clausura ubicada en toda esa manzana. Fue señalado como espía doble por los gobiernos de Alemania y el Reino Unido, Wenner Gren ya no pudo salir del país y se quedó como refugiado a vivir en Cuernavaca, fue cuando decide construir su casa permanente -hoy Hotel Raquet Club- en un terreno de ochocientos mil metros al norte de la ciudad que después convirtió en el fraccionamiento Rancho Cortés, como aficionado fue asesorado por Oguri, para traer plantas de Bahamas y Estados Unidos.

En 1952, Oguri, se casó en Cuernavaca con una paisana suya, el padrino fue el señor Rafael Jiménez dueño de la refresquera “Pato Pascual”, años después, ambos se relacionaron muy cercanamente con el presidente Echeverría.

Wenner Gren se relacionó con presidentes y empresarios, cuando en 1961 fallece, Oguri inicia su propia empresa de viveros y diseñador de jardines, compra un extenso terreno en Acapulco para producir plantas de ornato, mangos traídos de Florida y otros frutos. Abrió su vivero en “Las Quintas” de Cuernavaca y otros en Jiutepec y Yautepec. Fue así como se hizo de gran fama y fortuna llegando a ser contratista de toda la jardinería de los parques y avenidas de la

Ciudad de México. Ese fue lo que detonó el inicio de los exitosos viveros que hoy abundan en la zona norte de Cuernavaca, son cientos de empresas que aportan miles de empleos directos e indirectos. desde que las familias de trabajadores de Oguri se independizaron y crearon sus propias empresas que surten el mercado de plantas a nivel local e internacional.

Oguri, entabló amistad con destacados como David Alfaro Siqueiros y Don Manuel Suárez y Suárez, construyó los jardines de grandes hoteles en Acapulco como el Princes, la casa de Bárbara Hutton en Jiutepec -hoy Hotel Sumiya- donde mi padre hizo la obra base que fue decorada y acabada por de mi padre en ambas construcciones, donde las pláticas con Oguri sobre su vida y la de Wenner Gren, de cómo se conocieron, y de cómo llegaron a Cuernavaca, eran en el famoso “Restaurante Azteca” del mismo lado y frente al estadio del mismo nombre, o en el restaurante de “La Luna” en la Avenida Tlalpan.

Con Echeverria fue director de campos agrícolas, eso lo distrajo de sus empresas. La competencia con quienes habían sido sus trabajadores ya independizados disminuyó sus contratos, le sobrevino una huelga, un fraude, y las deudas acabaron con sus negocios, vendió sus viveros y otras propiedades, cayó enfermo, su intención era terminar sus días en la tierra que lo vio nacer, ya no le fue posible, murió en Cuernavaca en 1983, tenía 61 años, aquí dejó su descendencia, lo mismo que el ingeniero alemán de apellido Hagsatter que había sido jefe de máquinas del yate “Southern Cross” (La Cruz del Sur).

*Fotografías de Guadalupe Oguri.

¡Hasta la próxima!

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