Fue costumbre que los nombres de los pueblos prehispánicos llevaran el nombre del paraje donde se asentaban. A la llegada de la conquista española, Amanalco era una loma despoblada al lado oriente de Cuauhnahuac barranca de por medio, a inicios de la época colonial, a esta población indígena se le puso el nombre hispano de Cuernavaca, y una vez que le fueron otorgados sus títulos al Marqués del Valle y de los territorios de su Marquesado del Valle conformado con nueve parcialidades que él mismo seleccionó, ubicadas desde Michoacán hasta Tehuantepec y desde Pánuco hasta los Tuxtlas, el conquistador, prefirió y se estableció en la parcialidad de Cuernavaca que era la de mayor tamaño donde construyó su casona para sede del marquesado. La

Alcaldía Mayor de Cuernavaca abarcaba todo el valle del hoy Estado de Morelos con excepción del Mineral de Huautla que se lo había apartado la Corona Española. 

Esos terrenos despoblados de Amanalco los regaló Cortés en 1531 a Bernaldino del Castillo su empleado de más confianza, para que edificara una hacienda azucarera, después también productora de gengibre, fue el único caso en que el conquistador –en vida- permitió una empresa que no fuera de su propiedad dentro de sus posesiones.

La hacienda fue próspera, y se le dio el nombre de “Santa Ana Amanalco”, conservando el nombre indígena anteponiendo un nombre hispano como era la costumbre para las haciendas y los pueblos que se fueron formando a su alrededor.

De 1560 a 1834, la hacienda pasó por varios propietarios, para ese año ya había dejado de funcionar y es cuando la adquiere don Vicente Erguía quien en 1837 había sido Prefecto del Distrito Federal, y en 1844 gobernador del Estado de México, era propietario también de la boyante hacienda de San Vicente Zacualpan, cercana al pueblo de San Luis Amatitlán, en el hoy Municipio de Emiliano Zapata -finalmente la hacienda fue “okupada” por comerciantes para mercado-.

“La razón principal que llevó a Eguía a comprar la finca de Amanalco con sus terrenos, fue para poder ofrecerla en intercambio a los moradores del pueblo de San Luis Amatitlán que en ese tiempo estaba ubicado cerca de su Hacienda de San Vicente con quienes continuamente tenía problemas debido a la expansión territorial para el sembrado de caña de azúcar. Después de infinidad de pleitos y litigios, en 1838, el gobierno, deseoso de poner término al ruidoso litigio de los vecinos de aquél Amatitlán, con la cercana Hacienda de San Vicente, conciliando los intereses de ambas partes, ordena el cambio del viejo pueblo de San Luis Amatitlán a los terrenos de la Hacienda de Amanalco de la manera acostumbrada, “y tomándolo de la mano, lo posee por él, y a continuación en señal de verdadera posesión arrancó yerbas y tiró piedras.” Alfonso Toussaint.

Es así como todo el pueblo de Amatitlán asentado originalmente en el hoy Municipio de Emiliano Zapata, se cambia completo de lugar a los terrenos de la Hacienda de Amanalco aledaña a Cuernavaca, cuando todos sus pobladores accedieron a mudarse a su nuevo pueblo, pero exigieron varias condiciones; la primera que Eguia les construyera una iglesia con su mismo santo San Luis Obispo al que también mudaron al nuevo pueblo; una plaza de toros de jaripeo, y que la nueva población se llamara “San Luis Amatitlán” y ya no Amanalco como le correspondía. 

La iglesia original del siglo XIX se conserva como capilla adosada a la nueva de mayores dimensiones, que fue construida en los años cincuenta del pasado siglo, la plaza de jaripeo estaba frente a la iglesia donde ahora está la escuela primaria. 

Ya en tiempos modernos funcionó una plaza de toreo español donde inicia la bajada al Puente de Amanalco, por esa razón, Amatitlan es conocido como el Barrio Torero, donde el torero cuernavecense Cruz Portugal fue propietario de “El rincón taurino”, un mesón al estilo andaluz en un local que fue parte de la hacienda.

La hacienda de Amanalco, llegó a tener 750 hectáreas que fueron cambiadas por 87 del antiguo y original pueblo de Amatitlán para poder anexarse esos terrenos a la hacienda de San Vicente Zacualpan y poder ampliar sus territorios para la siembra de caña. El casco de la Hacienda de Amanalco quedó en abandono hasta 1941 cuando la adquiere don Enrique Bush Parada, en septiembre de 1954 la vende a doña Guadalupe Silva quien en diciembre de ese mismo año la vende a don Manuel Antonio Campos Vázquez Mellado. En Junio de 1955 la adquiere la señora Ellen Smith de Dubernard quien la restaura, a su muerte es vendida a Miguel Ángel Porrúa, quien vende a la señora Luz María Bueno. A. Toussaint.  

Hoy Amatitlán es uno de los 12 pueblos de Cuernavaca, su nombre viene del náhuatl “amatl” o “amatli”, árbol de amate, y “tlan”, que denota lugar, y se traduce en “Lugar donde abundan los amates” como era en su lugar de origen. Santa Ana Amanalco es el nombre que se le dio antes de la fundación del nuevo pueblo San Luis Amatitlán, Amanalco, viene del náhuatl “amanalli”, “estanque de agua o jagüey”, por sus manantiales que eran el orgullo de los pobladores.. 

-Nota; “Okupar” es una nueva palabra que ya aparece en el diccionario de la Academia Española, significa “Tomar una vivienda o un local deshabitados e instalarse en ellos sin el consentimiento de su propietario”.

Ver video de Amatitlán:

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¡Hasta la Próxima!   

Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx


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