Chingar, una práctica común, refiere más que nada a criticar, molestar, perjudicar al prójimo -al próximo para más claro- sin beneficio alguno. Esta vez, no relataré la extensa aplicación de esa palabra, porque ya lo hizo Octavio Paz en su obra cumbre “El laberinto de la soledad”, sino a su origen histórico, cultural y filológico; el lado patológico, sicológico y siquiátrico también lo dejamos para otra ocasión. Las aplicaciones de esa popular expresión, las describe Paz; menciona que “la chingada” hace referencia a La Malinche, como la traidora, la que “chingó a los mexicanos”, en ese libro que le mereció el Premio Nobel, describe el USO de ese vocablo solo a partir de la conquista, sin embargo, NO menciona ni de donde, ni de cómo, ni de cuándo es que surgió esa palabra. 

Cronista

Dice paz; desde que “los conquistadores” abusaban sexualmente de las mujeres, sobre todo solteras -y hasta la actualidad- se decía que se las habían chingado, de ahí surgió la expresión “hijo de la chingada” que equivale a “hijo de puta” esta última expresión, es un insulto muy castellano que usó Cervantes varias veces en la obra maestra de la literatura universal “El Quijote de la Mancha”. Todas las demás connotaciones son resultado de ofensas y halagos, o ante la pereza mental de no conocer o no recordar el nombre de tal o cual objeto solo le llamamos la chingadera esa. 

Cierto es que el verbo chingar y sus derivaciones, son por excelencia parte del léxico mexicano que se utiliza para todo, desde lo mejor que está chingón -pasando por una inmensa gama de significados- hasta lo peor que está de la chingada. En nuestro idioma es una de las palabras que más derivaciones tiene y debido a su uso común, la Real Academia Española decidió incluirla en su diccionario, aunque hemos de recordar que esas inclusiones no siempre determinan que sean palabras castizas o correctas, esta, es una palabra mestiza, de origen multicultural y de uso común como veremos adelante. Los diccionarios como hemos comentado, son como un directorio, son, un catálogo de palabras para que podamos entender lo que leemos y escuchamos en nuestro idioma, y nada más. 

Lo que logré investigar sobre el origen de esa palabra, primero, NO viene del náhuatl como han mencionado algunos autores indigenistas que sin relación alguna le quieren acomodar parecidos fonéticos aztecas. En la “Anarquía del lenguaje en la América española” Darío Rubio examina el origen de esta palabra pero también –como Paz- a partir de la conquista y enumera sus significados a lo largo del continente. Es “probable”, dice, su procedencia azteca: en náhuatl, xinachtli se traduce en semilla de hortaliza y xinaxtli en aguamiel fermentado, y Octavio Paz coincide con ello. Otros han razonado que viene “tzinco” –cuya traducción –cingo- es “avispa”.

Según la Academia Española chingar, viene del caló “cingarar”, que se traduce en pelear. Pero la Academia NO menciona de qué palabra en particular surge cingarar, investigando llegué a la conclusión, que tiene su origen en la lengua romaní de Centro Europa, esta, a su vez es de origen indo-gitano, y que el caló, viene de los cíngaros o gitanos también conocidos como “calés”.

Desconociéndose, el origen primario o raíz de esta palabra, y como he ya publicado, en 1985 inicie casualmente investigaciones en Andalucía, al sur de España, donde pululan los gitanos, y por semántica es como puede relacionar que la palabra cingarar es sinónimo de gitanear -esta última significa engañar o tomar el pelo-. Cingarar, surge en España el siglo XV antes de la conquista de Mexico, luego se redujo a cingar. Finalmente por la particular pronunciación de la letra ce –ceceo- como “tz” interdental de los españoles del sur, se escucha como “tzingar”, que aquí en México derivó en chingar.  

Gitano viene de egiptano porque en aquellos tiempos se creyó que venían de Egipto, después se les llamó húngaros ya que llegaron a España procedentes de Hungría donde habían echado raíces, y de ahí a América, pero el origen primario de la palabra gitano, es cíngaro. Su antiguo idioma, el romaní, está muy relacionado con el dialecto cingalés, lengua que nace en la vieja Ceilán origen de los cíngaros, hoy es Sri Lanka isla asiática colonizada en el siglo VI a.C., por una tribu del Punjab del norte de la India, cuyo idioma todavía es el cingalés. 

El caso es que chingar es ya una palabra españolizada, registrada por la Academia en su diccionario, es célebre, corta pero contundente, sonora pero armoniosa, poderosa y prohibida, de ahí su éxito y expansión, para otros es altisonante, grosera. NO es de origen azteca, lo que sí, es que fue desarrollada por mexicanos que le dieron decenas de derivaciones, aquí, se estableció que chingar significa fornicar con engaños, y “chin chin” es su apocope o reducción de una mentada de madre, es el vocablo más versátil en nuestro país. 

“Prometer hasta meter; y una vez metido, nada de lo prometido”, es un refrán de origen cíngaro, utilizado por las abuelas gitanas a sus nietas casaderas, y en campañas políticas, aprovechándose de la inocencia de los electores, pensando que de verdad las cosas van a cambiar y que ya no se los van a chingar.

P. D. Hasta el otro sábado

Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx

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