En la naturaleza existen los depredadores animales que con sigilo capturan y devoran a los más débiles, es la ley de la selva y de la supervivencia. 

En cambio el depredador humano, no depreda a los más débiles, sus víctimas son las personas con algún mérito, con características que el depredador no ha tenido y anhela tener, de ellos alimenta sus carencias, y lo hace de manera encubierta y perversa. Se da en los entornos más cercanos, entre conocidos, como los animales que necesitan cercanía, buen oído y tiempo para generar destrucción, pero aquí, no tanto para poder sobrevivir, sino para disfrutar el mal que hacen. Estos depredadores tóxicos son peligrosos, su objetivo es la aniquilación de los logros de su víctima, y cuando ellos se juntan hacen complot para devorar a quien tienen en turno.

Los depredadores humanos van por las personas “más apetitosas”, sus objetivos son quienes tienen las características que apetecen, y que han tenido la desgracia de cruzarse en su camino. Se arriman a un árbol, no para resguardarse, sino para alimentarse de él pero no de sus frutos sino como el vampiro chupándole la sabia, así, es como consigue y consume la energía que no tiene, y sin pena ni dolor busca otro, se cuelgan de los éxitos ajenos pero estorbándolos en un sentido de superioridad y para lograr notoriedad.

El sentimiento de culpa es ajeno a ellos y es lo más peligroso, de vez en cuando tienen algún gesto de bondad con sus víctimas intentando disimular el mal que siembran, esto hace más dificultosa su identificación.

Sus víctimas son las personas que conoce mejor y que por lo tanto puede manipular más fácilmente, se aprovecha de la confianza que le han dado intentando derrotarlas.

Su crítica feroz la practican en los lugares y con quien más daño hace, no valoran lo positivo, esto, y el chantaje emocional son algunas de las herramientas que saben manejar sin ningún remordimiento; se allegan a otras personas con intereses similares o débiles de pensamiento para que estas, actúen a su favor, aun sin darse cuenta.

El depredador emocional es un manipulador en potencia. Hay vampiros de todas las edades y de “todos” los sexos, parecen ser personas normales, nunca son líderes, por el contrario sufren complejos, falta de identidad y resentimientos, por tanto evitan llamar la atención en entornos sociales que no controlan. Por el contrario, en entornos que sí controlan utilizan todo su poder y astucia para satisfacer su necesidad de acción manipuladora.

Cuanto más cercanos más peligrosos, y encubiertos aumenta su daño potencial. Se sienten profundamente inferiores, utilizan un mecanismo compensatorio que habitualmente se basa en la grandilocuencia y la soberbia.

A la víctima la ningunean de manera sutil, hacen daño, sin que los tontos lo entiendan como tal. Siempre son capaces de crear una versión de los acontecimientos en la que aparecen como los sabedores o víctimas y nunca como causantes de mal.

Estos carniceros sociales, sufren las consecuencias de que otra persona sea exitosa, son quienes están siempre ahí para corregir los supuestos errores de los demás, se encargan de argumentar su versión y gritarla a los cuatro vientos, de manera tal, que los demás se conviertan en depredadores manipulados, solamente ceden cuando entienden que de esa concesión van a poder sacar un beneficio mayor pero se lo guardan para mejor ocasión, nunca provocan una confrontación directa, son cobardes, cuando hay algo que les irrita lo utilizan en la ocasión más apropiada, normalmente para conseguir algo o para que la otra persona le perdone un error aún mayor, siguiendo el apotegma “A mal de muchos, consuelo de pendejos”.

El depredador emocional muchas veces no se da cuenta de cómo está actuando, tiene tan integrado su comportamiento que no se percata de que lo lleva a cabo y pone en práctica sus estrategias, tantas veces que las tienen automatizadas, nunca son felices, arrastran su propio sufrimiento, muy pocas veces tienen sentimientos de la verdad.

No seamos cómplices de aquellos depredadores sociales porque terminaremos siendo peor que ellos. 

“Recurrir a un autor es plagio; a muchos, es investigación”.

*Fuentes diversas.

P. D. Hasta el otro sábado 

Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx

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