Recién fui invitado a comentar junto con Víctor Hugo Valencia, director del INAH Morelos, el libro de Vences Vuh “Cempohualan I: Tochtli Conejo ”, aquí mis comentarios de esta obra.
Haber rescatado en 56 episodios de buena retórica, de cómo sería la vida diaria en la ciudad de Cempoala, es un gran trabajo del autor.
Cempoala fue la primera gran ciudad viva con la que, en mayo de 1519 se encontraron los españoles en la América Continental, cuyo gobernante, fue su primer aliado, para así liberarse de la opresión de sus enemigos mexicas de Tenochtitlan. No se conoce bien a bien el nombre de ese gobernante, por lo que suele ser llamado con el apodo que le dieron los españoles “El Cacique gordo” o quizá porque se les complicaba pronunciar y escribir su nombre indígena.
A pesar de una gran sequía en el Anáhuac terminada en el año Uno Conejo, Cempoala era una ciudad próspera, amurallada, con abundantes cosechas, era la ciudad de mayor dimensión en el centro de la Costa del Golfo con su gran complejidad urbana y sistemas de acueductos que la alimentaban, de ahí también la gran importancia de esta obra de Vences Vuh de rescatar esa historia.
Fueron años los que Vences le dedicó a esta investigación basada en la cosmovisión de los pueblos indígenas todavía vivos, en la etnografía, en monumentos majestuosos como las cabezas colosales olmecas, el Templo de la Serpiente Emplumada, el Templo de las Inscripciones o el Templo de Kukulkan, incluso de la Gran Tenochtitlan, de quienes las crearon, de sus códices y edificios que le fueron aclarando muchas dudas. Vences Vuh nos narra en su obra, cómo es que los españoles encontraron esa ciudad, y también cómo era a mediados del siglo XV, 60 años antes de la conquista; y revive la vida diaria de los
CARLOS LAVÍN FIGUEROA antiguos cempoaltecas, dándoles pensamiento y voz.
De Cempoala, para el siglo XVII ya no quedaba nada más que ruinas de aquella primera gran urbe que encontraron los europeos en el Nuevo Mundo.
En cambio, los historiadores académicos, generalmente ya no recurren a la investigación de campo -salvo excepciones- basando sus trabajos en el “análisis de ideas”, “hechos”, “supuestos hechos” escritos por otros autores, “para crear narrativas” “que expliquen lo que sucedió”, “porqué”, o “cómo sucedió”, desde su particular punto de vista, lo que podría caer en opiniones hasta subjetivas.
Entre otros destacados académicos, Antonio García de León Griego un gran historiador, maestro, investigador emérito del INAH, con maestría en Lingüística, y además con un Doctorado en Historia por la Universidad de París, quien, con tales conocimientos y reconocimientos, categóricamente, asegura que “hay varias formas de hacer historia y de ser historiador”, y no solo aquellos quienes surgen de la academia.
La obra de Vences Vuh, un historiador nato, y neto -por claro y bien definido- es una historia novelada, y es del mismo género que han presentado con la libertad de no haber pasado por la analítica academia y que han narrado las mejores historias, como Fernando del Paso, con sus “Noticias del Imperio” o Martín Luis Guzmán con “La sombra del Caudillo”, o Francisco Martín Moreno en su obra “México Mutilado”. Son historias noveladas de gran valor porque cuentan con detalles como habrían sido las cosas desde el punto de vista humano, pero basadas en hechos reales. La diferencia entre un historiador común y uno creador, es su originalidad.
Vences Vuh, basado en la literatura, la antropología y la cosmovisión de los pueblos indígenas y de cómo vivían en comunidad con sus dioses, nos narra interesantes escenas de la vida cotidiana en comunidad, dentro de la casa familiar, y personal de los cempoaltecas, diálogos conmovedores dentro del seno familiar y social, sus costumbres y paisajes descritos a lo largo del libro, son relatos que nos hace descubrir la dura pero maravillosa vida de esa antigua sociedad, con una narrativa a veces impetuosa y otras serenas, donde aparecen guerreros, mujeres, adultos mayores de gran sabiduría, un pueblo entero en comunidad.
Obra que describe e involucra a los personajes que como humanos tienen errores y aciertos, lo que engancha al lector, lo transporta a tiempos pasados, a territorios asombrosos, a lugares dignos del paraíso.
La literatura buena, es la que enseña siendo amena, la que disfrutando instruye, como este libro, que con ese género literario fusiona los hechos con la ficción, en una novela histórica que le da sentido de veracidad.
La novela histórica, y la basada en hechos reales son los medios de divulgación más amenos y digeribles, que requieren del autor un gran estudio y un alto conocimiento de la historia.
*Fotografías de Antonio Arana DR
¡Hasta la próxima!
Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.
Vences nos muestra que hay varias formas de hacer historia y de ser historiador, otros escriben basados en investigaciones de campo sustentadas y comprobadas, sin entrar opiniones personales.
