Entre las décadas de 1940 a 1960, Cuernavaca experimentó una era de prosperidad. Aquí llegaban a vivir numerosos extranjeros, sobre todo estadounidenses buscando el anonimato y la buena vida, entre ellos Helen Hayes, ganadora del Óscar por su película “Aeropuerto”; o multimillonarios como el sueco Axel Wenner-Gren; Bárbara Hutton, heredera de las tiendas Woolworth mientras construía su palacio Sumilla; el viajero y coleccionista Robert Brady, y hasta el famoso gánster Sam Giancana, estos, en calle Nezahualcóyotl. También llegaron para quedarse intelectuales como Ilich y Lemercier, escritores como Lowry, Abel Quezada; muralistas como Diego y Tamayo. Y por temporadas, Neruda, Alfonso Reyes, García Márquez; actores como Paul Newman, Brigitte Bardot, Alain Delon e infinidad de estadounidenses en retiro; la lista es larga. Durante el día, se les veía paseando en los céntricos y tranquilos jardines de la ciudad, o haciendo compras en la calle de Guerrero. También había una serena vida nocturna, el auto se podía dejar abierto, el policía cuidaba, era amable, hasta se le saludaba por su nombre y él respondía igual. Se construyeron mansiones, se remodelaron casas centenarias; sin embargo, la vida de la ciudad no se transformó, todavía siguió siendo una sencilla ciudad de provincia, un lugar verdaderamente cosmopolita. DE LOS GRANDES HOTELES ENTRABAN Y SALÍAN TURISTAS. En los años sesenta, el “Bar Candilejas”, de estilo mexicano, propiedad de la señora Íngrid AndressenSmit de Rodríguez, de origen danés, era el bar preferido de la “colonia americana” la cual estaba compuesta por una amplia comunidad de estadounidenses que aquí residían. El “Bar Candilejas” era el más visitado por los extranjeros, más aún que el lujoso bar “El Dorado” del lujoso Hotel Marik Plaza, ambos ubicados en pleno centro. La llamada Colonia Americana no era una urbanización delimitada en particular, sino conformada por numerosos estadounidenses dispersos por la ciudad que habían tomado como suya; muchos eran pensionados de la Segunda Guerra Mundial y otros de la Guerra de Corea. Pero todos llegaban en busca de buen clima y tranquilidad. Por las noches, el Candilejas era su lugar de convivencia, ahí se reunían para socializar y bailar el “Square Dance” de moda en los Estados Unidos. Ahí vimos actuar a Chabela Vargas, a Tino Contreras, el mejor baterista que ha tenido México, a Fito Girón, al pianista y cantante Fredy Noriega; con música en vivo, siempre había una animada algarabía. Años atrás, en 1929, a la muerte de su madre, la joven danesa Íngrid Andressen-Smit, de 16 años, llegó a vivir a la Ciudad de México con su abuelo, que ya estaba avecindado en esa ciudad. Ella se casó en México con Rafael Rodríguez de la Fuente y procreó a su único hijo, nuestro amigo, Sonny Rodríguez, con quien recién recordábamos aquella Cuernavaca y en especial ese bar. En 1961, la señora Ingrid ya se había mudado de la Ciudad de México a Cuernavaca y había abierto el Restaurante Bar Candilejas. El bar se encontraba en la planta baja del Hotel del Parque –hotel entonces administrado por don Enrique Pérez Bonín- ubicado junto y al lado izquierdo del Teatro Ocampo. Era un lugar pequeño con poca luz, medio alumbrado con quinqués y candiles colocados en las paredes y mesas, que con sus manteles rojos era muy acogedor. Para 1963, el exitoso Candilejas era ya insuficiente y se cambió a la esquina de Marruecos. Para finales de 1969 el exitoso Candilejas ya necesitaba más espacio; se mudó a la calle de Lerdo de Tejada. Era un lugar aún más amplio, estaba junto y al lado oriente del restaurante Vienés en un local que ahora es estacionamiento bajo el edificio, donde todavía se encuentra la chimenea del bar y en lo alto, a lo largo de la fachada un mural de mosaico veneciano; dentro había murales pintados por un italiano. Este espacio fue el más célebre del Candilejas hasta 1973, donde se podía pasar una velada tranquila con buena comida y excelente ambiente. Entre esos años, la señora Íngrid se asoció con su amiga la apreciada Baby Dávila para abrir el restaurante “Candilejas Garden” en una casa de calle Humboldt esquina con Motolinía, que no tuvo el éxito esperado y funcionó solo un año paralelamente con el Candilejas de Lerdo de Tejada. Así, termina la historia del bar más icónico de esa época de Cuernavaca. Fueron los tiempos más románticos de la ciudad, que provocaron la filmación de la película “El mes más cruel”, donde no podían faltar varias escenas en El Candilejas, con un argumento de nuestra conocida Luciana S. de Cabarga. Filmada en 1967, en blanco y negro, donde se muestra la Cuernavaca de aquellos tiempos retratando a la clase burguesa radicada aquí. ¡Hasta la próxima

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