Más me gustaba Cuernavaca cuando no había balazos, pero más la quiero. Hoy, conviven el asalto con la violencia, la extorsión con el secuestro ya no de un desconocido, sino del familiar, del vecino, del amigo, y no se delata por miedo, pero más a la policía. Me gustaba más cuando los niños podían jugar en la calle, cuando entraban y salían de una casa a otra libremente con las puertas abiertas, podían ir al cine caminando solos para encontrarse con sus amigos de escuela, la vida social estaba en el Centro Histórico donde todos conocían y saludaban.

Cierto; había robos y delitos menores pero sin violencia, esporádicos, cacos de cosas en casas, que con maña y cautela, silenciosos entraban que cuando eran sorprendidos huían, no mataban a sus víctimas, fue a partir de este siglo cuando aquí se puso feo, cuando las autoridades se coludieron con las mafias y surgieron delitos de terror. 

Esta región era el olimpo, el mismo edén, desde que los olmecas u olmecoides para no presumir de preciso -porque sobre este tema ni los especialistas se ponen de acuerdo- fueron los primeros pobladores del hoy estado de Morelos miles de años antes de la conquista. Dice la mitología que esta región se llamó Tamoanchan, que fue el paraíso, donde se dio el origen del hombre y del pulque la bebida sagrada, de la agricultura, aquí nació Quetzalcóatl, aquí vivió Xochiquétzal diosa del amor y de la sexualidad, aquí convivían dioses hasta que cometieron adulterios y se convirtieron en humanos. Lugar de flores, cuna de la civilización mesoamericana que en la época colonial se le conoció como “El Paraíso de América” y en la moderna Humboldt la hizo famosa en Europa con la frase “Donde la primavera es eterna”, donde todo era paz y tranquilidad interrumpida de manera temporal por la Revolución.

Ciudad deseada por propios y extraños personajes que llegaban de turistas y se quedaban, buscando esa paz llegaron los capos de la droga cuando la autoridad protegió a una de esas bandas y empezó la zozobra, desde entonces se anda con el Jesús en la boca, se retomó la costumbre de dar la bendición al familiar cuando sale de casa temiendo pasara frente a un enfrentamiento a balazos, o que se encontrara a un embolsado, lo peor es que ya no hay asombro, porque no hay crimen organizado sin complicidad organizada. 

En este terrible episodio que vive nuestra ciudad y estado, también se están enfrentando pero no los buenos contra los malos como en las series televisivas de antaño al modo de “Los Intocables” de Eliot Ness, sino los grupos delictivos los que se están dando duro, sin medida, para arrebatarse  “la plaza”, más los policías que protegen a uno de los bandos. 

El Estado de Morelos, es el paso del trasiego de las drogas que vienen del vecino Estado de Guerrero donde se cultivan y producen, y vía aérea desde  Sudamérica con escalas en aeropuertos clandestinos. Cuando se desmiembra una banda o se corre a policías deshonestos hasta que ya es imposible sostenerlos, pues se dedican al secuestro, a la extorsión, al robo con violencia, o como el caso de la niña que recién fue baleada a quema ropa en la cara cuando se resistió a ser secuestrada.

En el pasado, los escasos  delitos eran nota roja solo de periódicos locales, delitos que no se podían considerar de gran impacto; a lo mucho, eran ejemplos de conductas antisociales, delitos menores y esporádicos. 

El caso es que pasamos de la nota local, a la nota roja nacional e internacional, sin embargo, las mentiras mañaneras nos dicen que la delincuencia va a la baja, pero son noticias rojas que se leen en árabe, en chino, en japonés, alemán. Más antes, no se veía nada de esos crímenes, a lo mucho borrachos o pleitos de cantinas, faltas a la moral, sexo en autos o en parques y rincones de vías públicas, cuyos infractores iban a parar a la comandancia que con una ligera multa o influencias salían de inmediato, y hasta los policías eran tan buenas personas, que ni parecían policías, en las navidades los agentes de tránsito recibían regalos de la población y de casas comerciales que rodeaban su cajón de madera donde subidos dirigían cumplidamente el escaso tránsito peatonal y vehicular, eran queridos, ahora son temidos, porque sus jefes les exigen cuotas diarias. Los personajes famosos paseaban por las tranquilas calles de la ciudad, y ni siquiera eran molestados. Hoy se ven continuas balaceras, amenazas de bomba, y hasta asesinatos múltiples en pleno centro y al costado del Palacio de Gobierno; en las carreteras, hasta la Guardia Nacional comete delitos y camorrea hasta niños migrantes violando sus derechos humanos.

Antes, los homicidios eran inusuales, y la gente pensaba que se llegaba la perdición, ya no dejaban abierta la puerta de su casa como se acostumbraba porque temían que el asesino se les aparecería; por fortuna todo se apaciguaba cuando anunciaban que el culpable ya estaba tras las rejas, pero como Cuernavaca era pueblo chico, se empezaba a comentar que no era el verdadero matón al que habían agarrado, que era un chivo expiatorio o por su parecido con el del retrato hablado y que no era justo, y empezaba la polémica en los cafés y en la calle y era  fuente de cometarios durante semanas. Esa era nuestra provincia, pero hoy se multiplican los delitos violentos y lo peor es que ya no hay asombro. 

Hoy, la ciudad, junto con sus nuevas autoridades municipales buscan ya mejores tiempos y surge la esperanza.

¡Hasta la próxima!

Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx

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