No obstante que la investigación realizada por este autor sobre quien fue el verdadero redactor del Plan de Ayala sea aceptada y mencionada ya en varios libros dentro y fuera del estado de Morelos, y otras más son fuente de libros en España*, publicadas por cuenta de revistas nacionales y europeas -y también como colaborador-, traducidas al francés y portugués; siempre dando los créditos a este autor, reconocidas por sociedades científicas y universidades dentro y fuera de México; pues resulta que aquí, en mi ciudad y estado, hay profesionales de la historia que las presumen, sí, pero como si fueran suyas; otros las niegan como si todo supieran; y los apegados a la historia oficial, celosos de su plagiar, se enfadan si se les plantea algo diferente. Y salen al paso los triviales, quienes, al no poder combatir mis trabajos entonces, descalifican a mi persona o hasta a mis ancestros como única posibilidad de ponerse en los reflectores. Otros, eligen mejor no enterarse de verdades irrebatibles y si pueden, hasta me bloquean en los medios. “El infierno está vacío, todos los demonios están aquí”, decía William Shakespeare en su obra “La Tempestad”. Con toda razón me han comentado en las presentaciones de mi libro, que se necesita valor para ir a contracorriente de lo establecido. Sin embargo, el destacado y multipremiado doctor en historia Horacio Crespo, ha estimado mi trabajo por la importancia de los temas que habían estado ocultos, sustentados de manera clara e irrefutable como que Salustio Carrasco es el autor del Plan de Ayala, y afirma que este personaje es el “eslabón perdido” entre el magonismo y el zapatismo. O el doctor Irving Reynoso, cuando destaca que el zapatismo no era privativo del estado de Morelos. O el mismo John Womack, a quien mi entonces manuscrito -ahora libro- donde le develé de manera detallada, que el autor del “Plan de Ayala” no fue Otilio Montaño -quien solo lo transcribió en varias copias y lo leyó en la proclama- sino Carrasco, le pareció “absolutamente razonable” y concluyó que “debía publicarse…”, tema que él no alcanzó a investigar para concluir su libro “Zapata y la Revolución Mexicana”, en el que al final da una lista de posibles autores del “Plan” sin llegar a asegurar quién fue el autor, lista que incluye a Carrasco. El cronista Juan José Landa, autor de varios libros, opina: “Es de suma importancia lo que Carlos Lavín sustenta en su libro con una investigación seria, veraz, objetiva, profunda y consciente; su versión es certera y precisa con pruebas irrefutables, claras y convincentes. Está elaborado con rigor metodológico y redactado con una serie de sucesos ordenados. Sostuvo comunicaciones con John Womack, consultó seis archivos, ocho hemerotecas, realizó cinco entrevistas. Su libro lo dedica ‘A la verdad’, y muestra otra visión del zapatismo”. Al investigador de historia más le vale conocer de otras ciencias y tener muy buena memoria, a corto y largo plazo, para estar en condiciones de articular la vasta información escrita y en imágenes que ha ido acumulando a lo largo de su vida, y así, poder arribar a conclusiones. El filósofo y científico Blaise Pascal decía que, para quienes se dedican a la ciencia les “vale más saber algo de todo, que todo de algo”. Mis primeras investigaciones las inicié cuando niño y sólo por el placer de saber, mis temas favoritos en los 20 tomos de “El Tesoro de la Juventud” eran “Cosas que debemos saber”, “El Libro de los porqué” e “Historia de los libros célebres”; además del “Diccionario Enciclopédico Larousse 1958” con sus secciones; Lengua, Letras, Ciencias, Artes, Historia, Mitología, Ortología, Gramática, Biografía, Geografía, Locuciones Proverbiales, Latinas y Extranjeras, Grabados; anhelaba aprenderlo todo de memoria, y se fue extendiendo a muchos otros libros, era lo que realmente me atraía. Fue así como fui descubriendo que la imaginación está por encima de los conocimientos, y que la observación, junto con la razón nos llevan a procesar datos para descartar o relacionar evidencias y cosas. En otro tema: la develadora ponencia “El cronista y la comunidad”, que recién impartió el antropólogo y director del INAHMorelos, Víctor Hugo Valencia Valera, esclarece al “cronista oficiante”, ¡que sí oficia! desambiguándolo del cronista de nombre o nombramiento y también de otros géneros literarios. Y reiteró: “Si el “cronista” no tiene una comunidad que lo lea, si el cronista no tiene una comunidad que le crea, si el cronista no tiene una población o sector que lo busque, ¡no existe!”. Bien por el “Ayuntamiento de Cuernavaca” y por la “Universidad Internacional” por el curso para obtener un diplomado para quienes aspiran a ser cronistas “oficiantes”, en virtud de que sus crónicas y solo sus crónicas los harán cronistas. Notas. Mi libro “Antología del Plan de Ayala” ya está oficialmente inscrito en el catálogo de la UAEM con el número “F1234-L38”. Y ya agotado, se resurtió en la librería dentro de “La Casona” frente a Catedral, y en la cafetería “El Colibrí” en Plaza de Armas de Cuernavaca. *Tema del libro “Pinceladas de Historia Bejarana” (España) https://ccasconm. blogspot.com/2019/11/ dona-juana-de-zunigasobrina-del-duque. html?fbclid ¡Hasta la próxima!
