Hacia el siglo XIX, en Cuernavaca había viejas casonas señoriales que se habilitaron como mesones, eran ocupados principalmente por comerciantes y dueños de recuas que transportaban mercancías.

En el antiguo Camino a Acapulco -hoy 3era calle Galeana- estaba la decimonónica casona frente a la elevada loma de tepetate que se ubica casi esquina con calle Abasolo, había sido propiedad de Don Sotero Rodríguez, después de Roque Páez, posteriormente de Mariano Gómez Sarmina quien la habilita como mesón y lo hereda a sus tres hijos, Lucia, Ernestina y Víctor Gómez-Sarmina; Miguel Guadarrama Armillas esposo de Lucia compró a los demás herederos su porción y pone la propiedad a nombre de su esposa. Este mesón -como otros- tenía en su interior un “machero” o establo con estanque para baño de “mulas” de carga propiedad de los huéspedes.

Tanta era la demanda de hospedaje que solo en esa misma cuadra había tres mesones más, aparte del de Las Delicias, estaban el “Mesón del Sur” en el número 30; calle más arriba el de don Máximo Rodríguez, y en la esquina con Galeana el “Mesón Galeana” del señor Bueno, a la vuelta, en calle Hidalgo estaba el gran Mesón de Robles donde ahora está el edifico conocido como de la Beneficencia Española

En la esquina con calle Hidalgo estaba ya la “Plazuela del Zacate” donde se vendía forraje -de ahí ese nombre- para los animales que traían y llevaban mercancías del sur del país, y de paso a la Ciudad de México. En Cuernavaca abundaron los mesones, varios en Plaza de Armas, otros en Calle Matamoros, otro frente al Chapitel del Calvario donde hoy está el Edifico Alonso, más al norte en Avenida  Morelos uno que después sería el “Hospital León XIII”, donde hoy está la escuela Miguel Hidalgo. En calle Tepetates del lado norte, el Mesón de Tecoac -que funcionó hasta 1942- donde antes había estado una fábrica de aguardiente propiedad de mis parientes los Aranda, ya ninguno de estos edificios existe. 

En la Revolución, la ciudad -tomada por zapatistas- fue cercada por tropas federales y evacuada totalmente por 22 largos meses por órdenes de Carranza, los animales salvajes se apoderaron de calles y casas, los oriundos  tardaron hasta años en regresar, había poco movimiento de viajeros. A su regreso, Don Miguel Guadarrama convierte su mesón en vecindad habitando con su familia la parte superior. 

En los años treinta llegaron los grandes y modernos Hoteles, el Chula Vista en la colina al poniente de la ciudad; el Bella Vista que antes había sido un gran mesón frente al Kiosco que habilitó como Gran Hotel la británica Rosa King; el Casino de la Selva llamado así por estar al lado de varios nacimientos de agua con abundancia de árboles y plantas; el “Marik Plaza” donde hoy es el Centro Las Plazas; al norte el Mándel en Avenida Emiliano Zapata donde hasta hace poco estuvo la Dirección de Tránsito, y otros más pequeños. Fue así como terminan de desaparecer los legendarios mesones que durante siglos habían dado hospedaje a viajeros, comerciantes y empresarios. Aquella casona del “Mesón de las Delicias” siguió siendo vecindad hasta hace unos años. 

En su origen era de una sola planta, fue construida excavando en el duro tepetate dejando muros de ese material de hasta varios metros de espesor que sirvieron para dividir las habitaciones –hoy locales comerciales- y sostener la techumbre que originalmente era de tejas, esto, cuando la calle Galeana se bajó de nivel para emparejarla dejando un talud de tepetate a ambos lados. En el pasado siglo XX se le agregó un segundo nivel con muros de piedra para habitaciones con balcones a la calle.

El desnivel de esa loma se puede apreciar calle de por medio frente al nuevo hotel donde también fueron escarbadas oquedades para ser usadas, unas como habitaciones y otras como cocheras con túneles escalonados para subir por dentro a la casa donde entonces vivía Don Mariano y su madre. En la vecina construcción de la esquina que hasta hace poco fue la centenaria cantina “La Sureña” también se aprecian en su interior anchos muros en talud con increíbles arcadas también de tepetate excavado que sostienen un segundo nivel.

Hoy, ese antiguo Mesón de las Delicias ha sido rescatado en un moderno Hotel con el mismo nombre, restaurado en la parte original por el arquitecto Pepe Mendoza conservando así su área original con los pisos de losetas y misma distribución, agregándose en la parte posterior nuevas áreas de habitaciones y servicios en lo que había sido la huerta y corrales, después cuartos temporales de vecindad.

La construcción original iba a ser demolida para hacer una totalmente nueva; y por tanto perdida para la historia de nuestra ciudad, por fortuna intervino el INAH, convenciendo a los propietarios de conservar la edificación original, fue como se pudo atesorar este edificio. Los gruesos muros originales de tepetate quedaron integrados a este nuevo hotel.

Gracias a Carmen Sánchez Guadarrama por su información.

Gracias al Director INAH-Morelos Antropólogo Víctor Hugo Valencia por el expediente técnico. 

-Ver video de 2015, donde se aprecia la fachada de cómo había sido el Mesón, y de cómo es que se excavaron sus muros en el tepetate;  

https://www.youtube.com/watch?v=1Xej7BmzXYs

-Video de 2017; los anchos muros y arcadas de tepetate de la cantina La Sureña, minuto 9:15;

https://www.facebook.com/RevistaInsignia/videos/1887762704795867

¡Hasta la próxima!

Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx

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