En la época prehispánica, la crónica y la historia se narraban mediante signos labrados en piedra, y en dibujos en papel amate llamados “amoxtli”, hoy conocidos como códices.
Los primeros cronistas de la conquista de México como Bernal Díaz del Castillo, y el propio Hernán Cortés, no narraban los hechos que no vivieron porque eso sería historia; narraban, sí, los hechos que ellos testificaron durante la conquista, sus avatares, sus miedos, sus hazañas, sus triunfos y sus derrotas. Llegaron con el conquistador un fraile y un cura, que también fueron cronistas, quienes, además, durante las batallas se quitaban el hábito para tomar el arcabuz y la espada, y con otro nombre se convertían en soldados.
Iniciada la colonización, llegaron los primeros cultos y pacíficos frailes franciscanos que había solicitado el conquistador al rey Carlos, y éste al papa, quien dio la autorización para que se trasladaran a Nueva España con la misión de evangelizar y culturizar, fueron conocidos como “Los Doce”. Y fueron ellos quienes escribieron las crónicas de “las raras” costumbres de los indígenas como bañarse diario en temazcal y luego en agua fría, lo que les parecía “dañoso”, que comían insectos, que vestían casi desnudos, que sin pena hacían el amor en público, de su organización social y de gobierno, de sus ceremonias con sacrificios humanos, de sus diversiones, de los productos a los que ellos llamaban “de la tierra”; los guajolotes eran las gallinas de la tierra, las tortillas eran el pan de la tierra, los capulines las cerezas de la tierra. Así que, el cronista narra lo que vio y aconteció en su tiempo, aunque haya pasado mucho tiempo.
La “HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA· Escrita por el Capitán Bernal Diaz del Castillo, uno de sus Conquistadores”, es el título completo de su obra -escrita en colaboración con algunos de sus compañeros de la conquista- la estuvo revisando y corrigiendo por décadas, la concluyó hasta 1575 cuando ya tenía 80 años y era ya un encomendero en Guatemala, 55 años después de la toma de México-Tenochtitlan, publicada hasta 1632 por el “coronista” (cronista de la corona española) Alonso Predicador, 111 años después de los hechos. Obra cumbre de la conquista que pasó a la historia sin dejar nunca de ser una crónica. Dice Bernal en su obra “…estando, escribiendo esta mi crónica, acaso vi lo que escribieron Gómara e Illiescas y Jovio en las conquistas de México”.
Bernal incluyó en el título el adjetivo “verdadera” y “escrita por uno de sus conquistadores” para desmentir lo que antes había escrito Francisco López de Gómara secretario asalariado de Cortés, en su obra “Historia general de las Indias”, publicada en 1552. Gómara, nunca pisó tierras de América, sino que la escribió con lo que le contaban Cortés y sus capitanes a su entero beneplácito -como jueces y parte- aunque no deja de criticar algunos hechos menores.
Crónica -como la de Bernal- es un género literario que consiste en la narración de los hechos vividos -tal cual- por su autor o que sucedieron en su tiempo. Por lo que de ninguna manera hay un muy delgado hilo que la separe de la historia -que “estudia” los hechos- ambas están muy bien definidas y separadas, aunque ligadas por un cordón umbilical, porque la crónica es fuente primaria de la historia. Las crónicas, pueden contener retóricas o metáforas para decirlas de forma más rotunda o interesante, se vale, porque todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar.
Muy aparte de la crónica, la Historia, es la narración escrita de los sucesos del pasado hechos por un historiador -natural o librepensador- y es llamado historiador -aunque a algunos no les guste- cuando a eso se dedica y da fundamentos, así me lo comentó a pregunta expresa, Antonio García de León y Griego maestro en lingüística, historiador e investigador del INAH. Y es así como desde medio milenio a.C., Heródoto es llamado el padre de la historia. Por otra parte, pero muy aparte, “historia” es también, “por su clasificación y método” una reciente disciplina académica que apenas rebasa el medio siglo, que produce historiadores en serie, condicionados a procedimientos técnicos, es una nueva ciencia que “estudia” dichos acontecimientos, denominada también, y más bien, “historiografía”, para distinguirla de la historia entendida como los concisos hechos del pasado.
Es así como las crónicas, con el tiempo pasan -desde luego- a los anaqueles de la historia, sin embargo, nunca dejaran de ser crónicas como la de Bernal, porque la vivió, aunque la haya terminado de muchos años después, y otras tengan miles de años.
De la conquista y colonización se llenaron miles y miles de páginas de crónicas, y después millones de hojas de historia que “estudian y opinan” sobre esos hechos, como el antropólogo y escritor Christian Duverger quien atribuye la autoría de “La Verdadera Historia…” de Bernal, al propio Hernán Cortés -que digo fue en un libro comercial para vender- tesis que rebatí ampliamente al propio Duverger en una conferencia que dio sobre su tema en “el Borda” recién publicado su libro en el año 2014, (ver enlace abajo) lo mismo negaría después el académico español Guillermo Serés en 2019.
En la actualidad, no tenemos aquí, ni guerras ni conquistas que cronicar, sin embargo, hay acontecimientos importantes que el cronista ha presenciado o le fueron contados por un testigo, y si se interesa en conocer más de lo que sabe; es hasta investigador, quien puede escuchar lo que le interesa saber en una relajada charla de café o cantina, donde surgen esas interesantísimas pláticas de hechos vividos, que nunca los sabrá bien a bien preguntando así nomás como así.
Hoy, los cronistas tienen otros temas, como aquellos eventos que sean dignos de ser preservados para la posteridad, sin caer en un frío informe técnico-reporteril, porque, como lo dijo García Márquez, “La crónica es un cuento que es verdad”.
Ver; https://www.lavozdelnorte.com.mx/2014/11/02/christian-duverger-y-su-mito...
¡Hasta la próxima!
Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx
