Hace unos días se revelaron miles de correos electrónicos del zar para la pandemia en Estados Unidos, el encumbrado doctor Anthony Fauci. Exhibieron que al inicio de la crisis por coronavirus, Fauci desdeñó los cubrebocas y pensaba que los portadores asintomáticos no contagiaban. En Estados Unidos lo han criticado brutalmente porque cambió de posición. Lo linchan en redes, piden su destitución (#fireFauci), lo acusan de traición a la patria y crímenes contra la sociedad.

Como todos los encargados de la pandemia a nivel mundial se encontró con un virus cambiante, con acceso a información limitada de sus alcances, y fue reaccionando a ella. Es entendible cometer errores en ese contexto. El éxito es tener capacidad de enmendar. Hace unos meses y con más información sobre la enfermedad incluso ha abogado por el uso del doble cubre bocas y obliga a los asintomáticos al aislamiento.

Ojalá hubiera sido aquí así, con el zar mexicano para la pandemia, Hugo López-Gatell. Pero no. Decir que Hugo López-Gatell es “el Fauci mexicano” es insultar al estadounidense. La única referencia aceptable es para explicar el paralelismo de sus roles. Porque si algo demostró el zar mexicano contra la pandemia es que, en este afán arrogante de jamás aceptar un error, no fue capaz de enmendar. Eso condenó al país, ahora sabemos, a tener un exceso de mortalidad superior al medio millón de personas, según el dato de la Secretaría de Salud.

Gatell nunca quiso enmendar su política de no hacer pruebas masivamente. Eso costó muchas vidas porque se combatió el virus a ciegas. Nunca quiso rectificar su desprecio por el cubrebocas. Eso también costó miles de vidas porque el virus se extendió, sobre todo entre los estratos más pobres de la población. Tampoco hizo énfasis sobre la peligrosidad de los portadores asintomáticos, después de que al inicio dijo que “el que está asintomático no necesita cuarentena alguna”. Siguió diciendo que contagiaban poco. Rectificó, eso sí, en su determinación inicial que no hacer hospitales especializados para atender a pacientes con coronavirus.

A lo largo de su gestión de la pandemia, López-Gatell eligió respaldar a un presidente incongruente que decidió politizar las medidas de sanidad y negar a la ciencia que respalda dichas medidas. No creo que haya peor traición al juramento hipocrático.

Fauci, sin afán de santificarlo, se confrontó con su presidente aún con los costos políticos que eso le representó y le sigue representando. Gatell, con un puñado de fans, festejó con mariachis, pastel y flores el final de sus conferencias nocturnas que se volvieron, por mentirosas, absolutamente irrelevantes.

SACIAMORBOS
1.- La nueva conversación en los pasillos de la política habla de cambios en el gabinete: que Gatell al IMSS, que Juan Ramón a Salud, que Martí en vez de Irma Eréndira, que Zoé a Gobernación… dicen y dicen otra vez… falta ver.

2.- Se ha de sentir muy seguro de sí mismo el Magistrado Billetes como para dejarse ver, apenas tres días después de las elecciones federales, en una de las terrazas más cotizadas de Las Lomas en la Ciudad de México, en una larga sobremesa con mucho vino.

Por Carlos Loret de Mola A. / carlosloret@yahoo.com.mx

Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.


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