En un anuncio que marca un antes y un después en la gestión de especies exóticas invasoras en Colombia, la ministra encargada de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Irene Vélez Torres, confirmó este lunes 13 de abril de 2026 el fracaso definitivo de los intentos de reubicación internacional de los hipopótamos descendientes de los ejemplares traídos por Pablo Escobar en los años 80.
La razón principal: una “pobreza genética” derivada de la endogamia que ha generado mutaciones visibles y malformaciones físicas, lo que ha llevado a varios países a rechazar su recepción. Ante esto, el Gobierno activó un plan de choque que incluye la eutanasia técnica de aproximadamente 80 ejemplares durante el segundo semestre de 2026.
Con una población estimada entre 160 y 200 individuos —que podría alcanzar los 500 para 2030 si no se controla—, estos hipopótamos representan la colonia más grande fuera de África y una bomba de tiempo ecológica en la cuenca del río Magdalena. La medida, respaldada por evidencia científica y una resolución judicial de 2024, busca frenar su reproducción descontrolada y proteger la biodiversidad nativa.
La herencia de Escobar: de cuatro fundadores a una invasión descontrolada
Todo comenzó en la Hacienda Nápoles, en Puerto Triunfo (Antioquia), cuando el narcotraficante Pablo Escobar importó ilegalmente entre tres y cuatro hipopótamos (un macho y tres hembras) para su zoológico privado de animales exóticos. Tras su muerte en 1993, la mayoría de los animales fueron reubicados, pero los hipopótamos escaparon y se adaptaron perfectamente al clima tropical del Magdalena Medio.
Sin depredadores naturales y con condiciones ideales de agua y vegetación, la población explotó. Estudios del Instituto Humboldt y la Universidad Nacional indican que hoy superan los 169 ejemplares en estado silvestre, distribuidos principalmente en Antioquia, Santander, Boyacá y límites con Cundinamarca. Modelos poblacionales advierten que, sin intervención, podrían llegar a 1.000 en 2035.
“Desde 2022 la ciencia nos dijo que hay que reducir la población para salvar nuestros ecosistemas”, enfatizó la ministra Vélez en rueda de prensa y entrevista con Blu Radio.La “pobreza genética”: mutaciones que cierran las puertas al mundoLa ministra Vélez explicó con crudeza el problema genético: al provenir de apenas cuatro fundadores, los hipopótamos colombianos sufren endogamia extrema. Esto ha provocado “mutaciones genéticas importantes” y malformaciones visibles, como defectos en la mandíbula, la boca y la trompa (hocico).“Creemos que tiene que ver con la pobreza genética de los animales”, señaló Vélez.
Estas anomalías no solo afectan su salud, sino que han generado rechazo internacional. Colombia gestionó el traslado con al menos siete países (incluyendo India, México, Filipinas, República Dominicana, Perú y Bolivia) y varios santuarios y zoológicos. Algunos expresaron interés inicial, pero los gobiernos —como autoridades CITES de India y México— no otorgaron los permisos requeridos. El “silencio administrativo” fue la respuesta en la mayoría de los casos. “Hay fotos en las redes, se pueden buscar”, ilustró la funcionaria sobre las malformaciones. Ningún país quiere importar ejemplares con riesgos genéticos y sanitarios potenciales.
El plan de choque: eutanasia como último recurso, con presupuesto de $7.200 millones
El Ministerio de Ambiente emitió una circular este lunes que activa el “Plan de Prevención, Control y Manejo de la Especie Exótica Invasora Hippopotamus amphibius” (Resolución 774 de 2024). Incluye:
- Translocación (reubicación nacional o internacional): bloqueada por falta de avales.
- Esterilización quirúrgica y confinamiento: medidas ya en curso, pero insuficientes.
- Eutanasia técnica: como último recurso, con protocolo ético de alto estándar de bienestar animal (química o física), supervisado por institutos científicos.
Se destinarán $7.200 millones de pesos (cerca de 2 millones de dólares) para ejecutar el plan. La eutanasia costará aproximadamente $50 millones por ejemplar y se aplicará a unos 80 individuos a partir del segundo semestre de 2026, priorizando coordinación con autoridades regionales como CORNARE, CORANTIOQUIA y CORPBOYACÁ.
La decisión responde también a una sentencia del Tribunal Administrativo de Cundinamarca (agosto de 2024) que ordenó medidas proporcionales ante el crecimiento exponencial.
Impacto ecológico y social: una amenaza real al Magdalena
Los hipopótamos alteran drásticamente el ecosistema: compactan el suelo, erosionan riberas, abren canales artificiales y contaminan el agua con sus excrementos, modificando el pH y afectando especies nativas como el manatí antillano, la tortuga de río, nutrias y peces endémicos como el bagre rayado. Además, compiten por alimento y espacio, y pueden transmitir enfermedades. En lo social, generan riesgos para pescadores y comunidades ribereñas en el Magdalena Medio, donde ya se reportan encuentros peligrosos y afectaciones a la actividad económica.
Reacciones divididas: entre la ciencia y el activismo animal
En redes como X (Twitter), la noticia genera polarización. Algunos usuarios celebran la medida como “rigor ecológico” necesario para proteger la biodiversidad. Otros, desde organizaciones animalistas, la critican como “la opción fácil” y piden priorizar esterilización masiva o soluciones no letales.
El Gobierno insiste: sin acción, el problema será inmanejable. “La eutanasia es una medida técnica, que hace parte de lo que la ciencia nos pide hacer cuando no es posible la translocación”, reiteró Vélez.
¿Qué sigue para los hipopótamos “cocaínos”?
Este plan representa la primera intervención integral y con recursos en cuatro décadas. Expertos coinciden en que combina control poblacional urgente con monitoreo genético y ecológico a largo plazo. Mientras tanto, la población sigue expandiéndose silenciosamente por el río Magdalena.
La herencia de Pablo Escobar, 33 años después de su muerte, sigue siendo un dolor de cabeza ambiental para Colombia. Ahora, la ciencia y la urgencia ecológica imponen una solución drástica: reducir para preservar.
