La presentación de la reciente estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos ha generado alarma en varios gobiernos del bloque europeo. En su texto, la Casa Blanca describe a Europa como un continente en declive, con economías vulnerables, libertades restringidas y políticas migratorias desacertadas. Además, advierte que, de continuar así, el viejo continente podría quedar “irreconocible” en las próximas dos décadas.
Para la administración estadounidense, esta renovación de la doctrina nacional define prioridades bajo su lema “América primero”: priorizar intereses nacionales, limitar la inmigración masiva, y promover lo que denomina la “resistencia” dentro de naciones europeas, apoyando implícitamente a partidos euroescépticos o de extrema derecha.
Ante este contexto, varios dirigentes de la Unión Europea (UE) han expresado su rechazo. António Costa, presidente del Consejo Europeo, aseguró que Europa no aceptará injerencias políticas externas. «Estados Unidos no puede decidir, en nombre de los ciudadanos europeos, qué partidos son legítimos», declaró en una conferencia.
Otros funcionarios del bloque reconocen la necesidad de reforzar la autonomía europea en seguridad y defensa, señalando que la estrategia estadounidense evidencia una creciente divergencia geopolítica. A la vez, admiten que la asociación transatlántica sigue siendo un interés compartido, aunque con reservas.
En suma: la publicación de esta estrategia supuso una señal clara de tensión en las relaciones entre Washington y Bruselas. Europa critica lo que considera una intromisión en su sistema político interno, y abre paso a un debate sobre la soberanía estratégica del bloque y su capacidad para definir por sí misma su rumbo.
