La tarde del sábado 16 de agosto de 2025, el fraccionamiento Lomas de Cuernavaca, una de las zonas más exclusivas de Morelos, se convirtió en el escenario de un crimen que ha conmocionado tanto a la comunidad local como al mundo digital. Camilo Ochoa Delgado, conocido en redes sociales como “El Alucín”, un influencer sinaloense de 42 años con más de 348 mil suscriptores en YouTube, 212 mil en Instagram y 332 mil en TikTok, fue asesinado a balazos dentro de un domicilio.

El homicidio, ejecutado con precisión quirúrgica, ha desatado una ola de especulaciones sobre los motivos detrás de su muerte, en un contexto donde la fama digital, el crimen organizado y las rivalidades entre facciones del narcotráfico convergen en un cóctel letal.

El crimen: un ataque directo y sin piedad

Aproximadamente a las 17:00 horas, un hombre encapuchado, vestido con una sudadera gris y pantalón de mezclilla, irrumpió en la vivienda de Ochoa, ubicada en la calle Laureles del fraccionamiento Lomas de Cuernavaca. Según testigos, el agresor ingresó sin mayores obstáculos al conjunto residencial, pese a que cuenta con vigilancia, se dirigió directamente al baño donde se encontraba el influencer y le disparó a quemarropa. Los reportes iniciales señalan que el cuerpo de Ochoa presentaba al menos dos heridas de bala, aunque vecinos aseguran que la puerta del baño registró más de 10 impactos de proyectil, lo que sugiere un ataque deliberado y con intención de no dejarlo con vida.

Familiares, alertados por las detonaciones, encontraron el cuerpo sin vida de Camilo en el baño. Paramédicos confirmaron su fallecimiento en el lugar, y la escena fue asegurada por la Fiscalía General del Estado (FGE) de Morelos, que desplegó peritos para recolectar evidencia, incluyendo casquillos de arma de fuego. El atacante huyó a bordo de un vehículo Chevrolet Sonic blanco, según testigos, y hasta el momento no se reportan detenciones. Cámaras de seguridad del fraccionamiento habrían captado el trayecto del agresor, proporcionando una pista clave para las investigaciones en curso.

Horas antes del crimen, Ochoa había transmitido un video en vivo en Instagram, donde se le veía probándose ropa, mostrando su colección de gorras y celulares, y bromeando sobre la necesidad de “más haters” para aumentar sus estadísticas y monetización. En el video, de 4 minutos y 52 segundos, el influencer parecía relajado, sin dar indicios de la tragedia que lo aguardaba. “Voy a salir a comer, pero no sé qué ponerme”, comentó mientras elegía entre una camisa negra y un pantalón gris, el atuendo que llevaba al momento de su muerte.

Información extraoficial indica que se habría trasladado hace aproximadamente seis meses a Morelos, presuntamente para evitar riesgos; sin embargo, él mismo pudo haber expuesto su ubicación en redes, lo que habría alertado a sus enemigos

El Alucín: De exsicario a influencer mediático

Camilo Ochoa Delgado, nacido en marzo de 1982 en Sinaloa, no era un influencer común. Su vida estuvo marcada por un pasado turbulento ligado al crimen organizado, un aspecto que él mismo no ocultaba en sus plataformas digitales. En su canal de YouTube, “Soy Camilo Ochoa”, combinaba análisis de noticias relacionadas con el narcotráfico con relatos personales sobre su vida como exsicario del Cártel de Sinaloa. Según sus propias declaraciones, en 2004 fue secuestrado por Los Zetas en Nuevo Laredo, Tamaulipas, mientras trabajaba en los restaurantes familiares de la cadena El Pollo Feliz, fundada por su padre, Arnoldo de la Rocha. Fue liberado tras el pago de un cuantioso rescate.

En 2014, Ochoa afirmó haberse unido voluntariamente al Cártel de Sinaloa, llegando a controlar una plaza en Mazatlán. Tras cumplir una condena en prisión, de la que salió en 2022, se reinventó como creador de contenido, utilizando su pasado para advertir a los jóvenes sobre los peligros del narcotráfico. Sin embargo, su perfil mediático lo convirtió en una figura polarizante: para algunos, un testimonio de redención; para otros, un símbolo de la glorificación del crimen.

En entrevistas, como la que ofreció a la periodista Adela Micha, Ochoa narró cómo la violencia marcó su vida. “Salir a comer a un restaurante, aunque estés en otra ciudad, es peligroso”, confesó, aludiendo a las amenazas constantes que enfrentaba. Su contenido, que incluía referencias a lujos como relojes, joyas y ropa de marca, generaba tanto admiración como críticas y amenazas en redes sociales.

Los volantes de Culiacán: La Sombra de Los Chapitos

El nombre de Camilo Ochoa cobró notoriedad en enero de 2025, cuando volantes distribuidos desde avionetas en Culiacán, Sinaloa, lo señalaron, junto a figuras como el cantante Peso Pluma y el influencer Markitos Toys, como presunto colaborador de “Los Chapitos”, la facción del Cártel de Sinaloa liderada por los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Los panfletos, que también mencionaban a 25 personas más, acusaban a los señalados de ser “financieros, colaboradores cercanos y lavadores de dinero” de la facción conocida como “Los Sapitos”. Los volantes pedían a la población dejar de seguir sus canales y redes sociales, intensificando la presión sobre estos creadores de contenido.

Desde la difusión de los volantes, seis de los señalados han sido asesinados, incluido Gael Castro Cárdenas, hermano de Markitos Toys, ejecutado en marzo de 2025 en Ensenada, Baja California. La muerte de Ochoa se inscribe en este contexto de violencia sistemática contra influencers y músicos sinaloenses ligados, real o presuntamente, al crimen organizado.

Ochoa, consciente del peligro, denunció públicamente ser víctima de una campaña de desprestigio orquestada por “La Mayiza”, la facción rival del Cártel de Sinaloa liderada por Ismael Zambada Sicairos, conocido como “El Mayito Flaco”. En videos y pódcasts, relató conflictos con figuras como Dámaso López Núñez, “El Mini Lic”, y aseguró que las acusaciones en los volantes eran parte de una guerra interna entre facciones del cártel. Dos meses antes de su muerte, grabó videos en la capilla familiar de Dámaso López Núñez, “El Licenciado”, en Sinaloa, un acto que avivó especulaciones sobre rivalidades internas.

Las claves del asesinato: hipótesis y líneas de investigación

El homicidio de Camilo Ochoa plantea varias hipótesis que las autoridades están explorando. La primera línea de investigación apunta a un ajuste de cuentas relacionado con su presunto vínculo con Los Chapitos. La ejecución, llevada a cabo por un solo agresor en un ataque directo, sugiere un móvil premeditado, posiblemente ligado a las rivalidades entre Los Chapitos y La Mayiza. La precisión del ataque, sin daños colaterales y con un escape rápido, refuerza la teoría de un sicario profesional.

Otra hipótesis considera que el asesinato pudo estar motivado por disputas personales o profesionales. Ochoa mantenía enfrentamientos públicos en redes sociales con otros creadores de contenido, como Ocran Leaks, a quien acusó de ser Dámaso López Serrano, “El Mini Lic”. Estas disputas, que incluían acusaciones de traición y alianzas dentro del cártel, podrían haber escalado hasta un desenlace fatal.

Una tercera posibilidad, menos explorada, apunta a su exposición mediática como factor de riesgo. Al relatar abiertamente su pasado en el narcotráfico y mostrar un estilo de vida ostentoso, Ochoa se convirtió en un blanco visible para grupos criminales o detractores. Su comentario sobre necesitar “más haters” en su último video, aunque en tono de broma, refleja la presión que enfrentaba en redes sociales, donde recibía tanto apoyo como amenazas.

La muerte de Ochoa se suma a una ola de violencia contra figuras públicas relacionadas con el narcotráfico. El caso de Gael Castro, asesinado en Ensenada, y otros influencers sinaloenses refleja un patrón de ataques dirigidos contra quienes son señalados en volantes o redes sociales. Esta tendencia pone en evidencia los riesgos que enfrentan los creadores de contenido en México cuando abordan temas relacionados con el crimen organizado, ya sea por vínculos reales o por percepciones creadas por campañas de difamación.

Reacciones en Redes Sociales: Entre el Duelo y la Polémica

La noticia del asesinato de “El Alucín” generó una avalancha de reacciones en plataformas como X, Instagram y Facebook. En X, usuarios como @RaulGtzNR

reportaron el crimen de inmediato, destacando los presuntos nexos de Ochoa con el Cártel de Sinaloa. En Instagram y Facebook, su última publicación, donde mostraba su atuendo, acumuló miles de “me gusta” y comentarios. Mientras algunos seguidores lamentaron su muerte, destacando su rol como padre y esposo, otros criticaron su pasado y lo acusaron de glorificar el narcotráfico. “Qué triste que se burlen de una muerte. Era una persona, con familia”, escribió un usuario en Facebook.

En TikTok, clips de sus videos se viralizaron tras el crimen, con usuarios compartiendo fragmentos donde Ochoa hablaba de las amenazas que recibía. En YouTube, su canal sigue activo, con comentarios recientes de seguidores que piden justicia y otros que especulan sobre los responsables. La polarización en torno a su figura refleja la complejidad de su legado: un hombre que navegó entre la redención y el peligro, entre la fama y el estigma.Las Investigaciones:

Un Caso Abierto

La FGE de Morelos ha intensificado las investigaciones, realizando un cateo en el domicilio de Ochoa para recabar pruebas adicionales. El cateo se ejecutóla mañana del domingo 17 de agosto. Entre los objetos incautados estaban pertenencias personales y un arma de fuego del influencer.

La colaboración con autoridades federales, a través de la Mesa de Coordinación Estatal para la Construcción de Paz y Seguridad, busca esclarecer el caso. Las cámaras de seguridad del fraccionamiento y los testimonios de vecinos son piezas clave, aunque la falta de detenciones hasta hoy mantiene el caso en la incertidumbre.

El asesinato de Camilo Ochoa no sólo cierra el capítulo de una figura mediática controvertida, sino que expone la intersección peligrosa entre el mundo digital y el crimen organizado en México. Su vida, marcada por el secuestro, el narcotráfico y la reinvención como influencer, lo convirtió en un símbolo de los riesgos de la exposición pública en un contexto de violencia. Mientras las autoridades buscan respuestas, la muerte de “El Alucín” deja una pregunta abierta: ¿fue su asesinato un ajuste de cuentas, una venganza personal o el precio de una fama construida sobre las cenizas de un pasado criminal?

 

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