Científicos de la UNAM han logrado un “escaneo” sin precedentes del interior del volcán Popocatépetl, utilizando inteligencia artificial para analizar datos sísmicos. Este avance confirma detalles clave sobre su sistema de alimentación magmática.

Entre los hallazgos principales, se visualizaron dos de las tres cámaras magmáticas que se creía existían. Estas se encuentran a profundidades de hasta 10 km bajo el volcán. El material dentro de estas cámaras no es principalmente líquido.

Aproximadamente 70% es roca cristalizada (sólida), y solo una parte está fundida o gaseosa. Este magma “estancado” y cristalizado se recalienta periódicamente. Las emisiones constantes de gas y ceniza del Popo sugieren que una porción de este material se moviliza diariamente.

Los científicos proponen dos mecanismos: Recalentamiento desde profundidades mayores (en la tercera cámara no visible) o un proceso interno que licúa y gasifica parte de la roca cristalizada. Para lograrlo, usaron registros sísmicos del volcán de los últimos 6 años (2019- 2024), proporcionados por el CENAPRED.

Entrenaron un sistema de Inteligencia Artificial (Machine Learning) para identificar y clasificar automáticamente los distintos tipos de temblores del volcán (sismos volcano-tectónicos, de largo periodo, etc.). Con esta data filtrada y mejorada, aplicaron tomografía sísmica (similar a un TAC médico), midiendo la velocidad de las ondas sísmicas para crear una imagen 3D de las estructuras internas, alcanzando hasta 30 km de profundidad.

El siguiente paso es medir la pérdida de energía de las ondas sísmicas, lo que indicará la temperatura del material. Esto confirmará si las zonas identificadas como cámaras están efectivamente más calientes. La tercera cámara magmática, presumiblemente más profunda y caliente, no pudo ser visualizada con esta técnica.

Se necesitarán otros métodos de monitoreo para estudiarla. Esta investigación, publicada en revistas científicas especializadas, representa un salto en la resolución y detalle con que se puede “ver” el sistema interno del Popocatépetl. No predice erupciones, pero mejora fundamentalmente la comprensión de su “plomería” interna, lo que es crucial para refinar los modelos de vigilancia y evaluación de riesgos a largo plazo

. En resumen, el Popocatépetl no tiene grandes lagos de lava líquida cerca de la superficie. Su actividad se alimenta de un sistema complejo de cámaras donde el magma es mayormente roca sólida y cristalizada, que se activa de manera intermitente, y cuya dinámica ahora comenzamos a comprender con mayor precisión.

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