La cultura nos determina.  Modificarla lleva tiempo, mucho tiempo.  Nuestro país se encuentra sumido en una vorágine que fue detonada por dos hechos: Fátima e Ingrid.  Una niña y una mujer ultrajadas, asesinadas.  Hecho sin duda aterrador y que ha sacudido las conciencias sensibles de México.

El movimiento feminista parece emerger, como un inmenso volcán con su lava candente, el coraje acumulado por siglos, la sumisión obligada, los agravios recibidos, la negación de su ser como persona.
 Erupción que de pronto se desborda, crece, se esparce como ríos de lava ardiente arrasando todo lo que encuentra a su paso construyendo la dignidad de las mujeres.

 La búsqueda de su dignidad.    El encuentro con la dignidad.

Se acerca a su fin la época de la mujer sumisa, la encarnación de la mujer abnegada y mostrada en las películas de la época dorada del cine mexicano.
 Hoy dicen ¡Basta¡ El camino para llegar al día de hoy ha sido, y es, una historia larga, penosa y llena de dificultades.
 No hay vuelta atrás, pero falta mucho por recorrer.

En las últimas décadas se han logrado avances importantes, mas no suficientes para controlar la violencia hacia la mujer.
 Ello explica la beligerancia observada en el movimiento surgido apenas hace unos días y que promueve que el día de la mujer designado por la ONU, convoque a la marcha en todo el país.
 Y quizá más trascendente que el día siguiente (9 de marzo), hayan convocado a “un día sin mujeres” que pretende evidenciar la importancia de la actividad que despliegan las mujeres en el hogar, en el trabajo, en la comunidad, en la educación, etc.
, y que paralizaría en buena medida al país sin su presencia.

Es necesario observar que los avances se reflejan en el establecimiento de cuotas de género (2002) y el principio de paridad en la Constitución (2004), como bien lo señala Isabel Fulda en su ensayo “Ahora que estamos juntas, ahora sí nos ven” en la revista Nexos de enero.
 “La reforma constitucional que establece que todos los poderes de la unión y los organismos autónomos deberán integrarse a partes iguales en los tres niveles de gobierno: federal, estatal y municipal.

Sin embargo, no basta modificar las leyes si no existe una auténtica voluntad política.
 Pues a pesar de los avances creando leyes, reglamentos, políticas públicas, organismos y programas a nivel federal y a veces estatal, La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los hogares (INEGI 2016), nos muestran la gravedad de la situación de la mujer.

De los 46.
5 millones de mujeres mayores de 15 años, el 66.
1 % ha tenido un episodio de violencia en su vida.
 Eso quiere decir, de acuerdo al tipo de violencia definido por el INEGI, que la violencia se dio en la escuela, en el trabajo, en la comunidad, en la familia o en la pareja.
 Pudo haber sido: emocional, física, económica, patrimonial o sexual.
 Se consideró también la atención obstétrica y el abuso sexual en la infancia.

Los datos nos hablan de la difícil situación en la cotidianeidad de la vida de la mujer.
 La mitad de ellas ha recibido violencia emocional y el 41.
3 % violencia sexual, la cual sucede en la familia, entre amigos y en la pareja.
 Hechos, por cierto, que no se denuncian en un 78 % por temor, ignorancia o desconfianza a la autoridad.

Es posible observar en la encuesta, que, inexplicablemente, las entidades donde hay mayor violencia contra las mujeres sean Estados con buen desarrollo económico: CDMX, Edo.
 de México, Jalisco, Aguascalientes y Querétaro.
 Los que menos violencia tiene son SLP, Tabasco, BCS, Campeche y Chiapas.
 A Morelos lo encontramos un poco debajo de la media nacional con el 64.
9 % (Nacional 66.
1%).

En enero de este año, finalmente, en Morelos se promulgó la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LMUJERVVEM).
 Se suma a lo expresado en la ley similar de la federación.
 Esta ley, que es resultado de profundos debates en todos los ámbitos, define con claridad y a partir de un diagnóstico serio, diversas modificaciones constitucionales tanto a la federal como a las estatales.

La LMUJERVVEM determina las funciones de cada una de las instituciones que participan en el Sistema Estatal y Programa Estatal establecido por la misma.
 Tienen la obligación de construir cada una y de manera transversal políticas públicas que se encaminen a resolver la gran tarea de darle a la mujer morelense, justicia y dignidad.
 Nada más, nada menos.

Nos dice Isabel Fulda.
 “En los últimos años, el movimiento feminista ha respondido con una fuerza sin precedentes… el movimiento feminista sin duda está vivo.  Es abrumador y a ratos caótico.  Es un aquelarre de brujas de muchos colores, de pañuelos verdes, primaveras violetas y diamantina que brilla y emociona y pica los ojos y la cabeza antes de irse a dormir.  Con cada paso que logre, provocará una reacción.  Y no es para menos: estamos tratando de construir un mundo nuevo.” 

Por: Ariel Homero López Rivera / opinion@diariodemorelos.com