En México a la muerte se le acepta de manera peculiar con respecto a otros  países.  Octavio  Paz  lo  describió  en  el  Laberinto  de  la  Soledad hace 50 años y sigue vigente: “Para el habitante de Nueva York, París o  Londres,  la  muerte  es  palabra  que  jamás  se  pronuncia  porque quema  los  labios.  El  mexicano,  en  cambio,  la  frecuenta,  la  burla,  la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; más al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía.”

La  pandemia  nos  ha  puesto  una  vez  más  frente  a  esa  manera  de aceptar  la  muerte.  Por  todos  los  medios  se  nos  hace  saber  el  número de muertes por COVID-19 cada día. En los encabezados de los diarios, en redes, en los noticieros de radio y televisión. 

Periódicamente también se nos informa de los caídos por homicidio y qué posición tenemos en el tablero nacional. 

La  vida  no  vale  nada’,  Película  (1955)  donde  cantaba  con  gran entusiasmo  Pedro  Infante,  entre  carcajadas  y  estentóreos  ¡Vámonos muriendo   todos!,   gritaba   con   su   poderosa   voz   y   festejado   por parroquianos en la cantina. 

La  tasa  de  homicidios  en  el  país  (número  de  muertes  por  100  mil habitantes en un periodo de tiempo) era de 40 por cien mil habitantes en  1934.  Subió  a  67  en  1940.  En  las  décadas  siguientes  la  tasa  fue disminuyendo. En 1950 fue de 48,  y de 31.95 en 1960. La muerte por homicidios   fue   perdiendo   terreno   y   retrocedió   hasta   llegar   a   la primera  década  del  2000  con  tasas  de  un  dígito  y  en  2007  registró 8.24  por  cien  mil  habitantes.  México  le  iba  ganado  la  batalla  a  la muerte homicida. ¿Qué nos pasó?

En  el  2008  inició  el  ascenso  :  la    tasa  subió  a  12.83  homicidios  por cien  mil  habitantes.  Para  2010  llegó  a  22.93.     En  2019  la  muerte volvió  por  sus  fueros  y  la  tasa  llegó  a  29.14  homicidios  por  cien  mil habitantes. (www.mexicomaxico.org.INEGI y otras.)

En  Morelos,  la  muerte  con  violencia  en  la  década  de  los  noventa andaba   con   un   promedio   de   los   300   homicidios   por   año. Disminuyeron  gradualmente  hasta  llegar  en  el  2007  a  126  .  En  los años que siguieron, se disparó la cifra hasta llegar a 1050 en el 2019. Un año después la cifra fue de 986 homicidios.

Morelos   ocupa   uno   de   los   primeros   cinco   lugares   en   tasa   de  homicidios   al   menos   desde   1958,   según   MéxicoMáxico   con información   de   INEGI   y   SINAIS.   Ese   año   su   tasa   fue   de   58.28 homicidios por cien mil habitantes. Fue disminuyendo hasta llegar en 1968  a  28.69  y  luego  en  1969  a  un  sorprendente  10.54  (  ¿Sería  la causa  el  efecto  Tlaltelolco?).  La  muerte  inmediatamente  recuperó terreno al incrementar su tasa y llegar a 42.23 homicidios en 1974. Entre  ese  nefasto  1974  y  el  fin  de  siglo,  la  muerte  no  bajó  de  tasa  y permaneció  con  más  de  20  homicidios  por  cada  cien  mil  habitantes. El  nuevo  siglo  fue  benigno  y  lo  iniciamos  con  15.30  homicidios  por cien mil habitantes.

Desde 2003 y hasta 2007, la tasa se mantuvo con un sólo dígito, pero inició   desde   entonces   un   crecimiento   permanente   hasta   llegar   a 40.88 en el 2018, casi el mismo nivel que en 1974. (Este año me temo que lo superará).

La   muerte   homicida   está   contenta   en   Morelos.   Las   autoridades debaten y se acusan mutuamente de que ande tan campante.  El Congreso en el sexenio pasado se asignó $500 millones “para hacer gestoría”   en   lugar   de   asignarlos   para   enfrentar   a   las   muertes violentas.  En  algunos  municipios  la  población  hace  justicia  por  su propia mano... asesinando. 

 

El  Día  de  Muertos  es  una  gran  fiesta  para  los  mexicanos.  Este  año tendrá aún más celebraciones. La pandemia y sus consecuencias hará que  muchas  más  familias  tengan  que  poner  su  altar.  El  exceso  de muertes en estos dos años se salió de toda previsión. 

 

La gráfica de muertes por homicidio en Morelos parece una montaña rusa.  Nos  muestra  que  es  posible  contener  los  asesinatos,  como  ha sucedido  en  años  anteriores.  ¿Qué  fue  lo  que  hicieron  para  tener mejores resultados? ¿Por qué se salió de control, una vez más? 

Morelos está de luto. México está de luto. Sin embargo, celebraremos el día de muertos nuevamente. Como decía Octavio Paz, celebrar a los muertos para nosotros, es celebrar la vida.  ¡Feliz día de muertos!

Por: Ariel Homero López Rivera opinion@diariodemorelos.com

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