Las amenazas que se ciernen sobre la UAEM no parecen tener fin. En proceso las negociaciones para lograr que el gobierno federal aporte recursos financieros para terminar el año y pagar aguinaldos, sueldos y compromisos. La pandemia le obligó a cerrar las clases presenciales y ha reiniciado con el 70% de alumnos. Ahora, se escuchan tambores de guerra. Las universidades públicas del país están siendo cuestionadas. La UNAM, está resintiendo la presión al ser catalogada de neoliberal.

Más nos vale poner las barbas a remojar. El modo de valorar a las universidades ahora no es por sus resultados académicos o de investigación. Es por la ideología, en el reduccionismo de estar en la derecha o izquierda, según lo defina el Presidente. Ese modelo que parecía haber quedado en el pasado y que ha regresado con enorme fuerza.

La Universidad Autónoma del Estado de Morelos, UAEM, ha estado en el ojo del huracán, y no por sus resultados académicos, sino por la manera de administrar los recursos. Por fallas estructurales, dice el rector. Quizá. Pero también, por haber caído en una situación financiera deficitaria, y por haber participado en la llamada estafa maestra, y con el rector anterior enfrentando un proceso judicial.

La actual administración ha realizado enormes esfuerzos para recuperar imagen y prestigio a base de un plan de austeridad rigurosamente aplicado. Ha recibido el reconocimiento de la SEP, vía el subsecretario Luciano Concheiro, Subsecretario de Educación Superior. Si por los resultados académicos fuera, la UAEM tendría que ser apoyada e incluso recibir mayor presupuesto para incrementar su calidad educativa, como lo demuestra el hecho de tener el 95.2 por ciento de los programas educativos de licenciatura reconocidos por su buena calidad y el 83.92

 por ciento de los programas de posgrado pertenecientes al Programa Nacional de Posgrados de Calidad. Además de contar con 190 líneas de generación y aplicación del conocimiento. Se dice fácil, pero es el resultado del rigor y el talento de los más de 4 mil profesores e investigadores.

En el campus universitario morelense se percibe inquietud. No faltan razones. Es una institución agobiada por la escasez de recursos. Resiste con paciencia, tolerancia y sabiduría los embates del exterior y supera sus contradicciones. En su interior se dan las distintas formas de pensamiento y se defiende con energía la autonomía, como bien lo expresa el rector Gustavo Urquiza : “... es importante dejar claro, que en ningún momento, la autonomía universitaria debe servir de coartada para darle una orientación partidista, unilateral, confesional, con sesgos privados o propósitos ilegales, a sus programas, propuestas, recursos financieros o a su patrimonio.”

En la distancia, no tan distante, pues la UNAM está muy vinculada a la universidad morelense, los tambores se escuchan. Por ahora la sagacidad de los líderes sindicales universitarios, ha demostrado sensibilidad política al mantenerse serenos. La Federación de Estudiantes Universitarios, al negociar acertadamente con los empresarios del transporte urbano, muestran capacidad para sentarse a la mesa de las negociaciones. La FEUM y los sindicatos universitarios, que han defendido en no pocas ocasiones a la universidad, hoy tendrán que estar alertas, muy alertas. Son tiempos difíciles, son tiempos de cólera... incomprensibles.

En el reciente informe del rector Urquiza al Consejo Universitario leemos que la universidad tiene una matrícula de más de 40 mil estudiantes. Más de once mil están en bachillerato, cerca de 29 mil en licenciatura y mil 255 en posgrado; la política institucional, de acuerdo con el plan de austeridad, ha sido exitosa. La UAEM logró doblar su matrícula en los últimos años, abriendo así más oportunidades para las nuevas generaciones, a pesar de tener un presupuesto deficitario y en una época de austeridad decretada por el gobierno federal, y además de tener que asumir el costo de las fallas estructurales.

La provocación basada en la ideología puede ser el detonador de una nueva época. La intención de que las universidades asuman un compromiso con una sola ideología, contradice profundamente los objetivos existenciales de la Universidad.

Algunos analistas políticos sostienen que no se debe provocar al puma. Es cierto. Seguramente los venados pondrán sus cuernos a remojar y recogerán el guante que ha sido lanzado a las universidades del país. La UNAM no está sola, y aunque la UAEM ha sido bien portada, tendrá que solidarizarse, al tiempo que defendería los valores que la definen bajo el significado profundo del lema: Por una Humanidad Culta.

La verdad, ¿qué necesidad de provocar a tan nobles criaturas?

Por: Ariel Homero López Rivera opinion@diariodemorelos.com


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