¿Es exagerado pensar que México se encuentra a punto de iniciar un nuevo régimen impregnado de totalitarismo? Algunos politólogos así lo advierten. Ven signos definidos de que transitamos hacia un régimen autoritario. El resultado de las elecciones en que el partido en el poder obtuvo un rotundo triunfo, ofrece algunas e inquietantes conclusiones. La presidenta electa asume en su totalidad el proyecto de la 4t. Significa que continuará el desmantelamiento de la estructura que garantizaba tener un sistema democrático. La creciente participación del ejército en la vida civil; la designación de los jueces por vía electoral (Que por ahora favorece a MoReNa); el control de los organismos autónomos, INE, IFAI, etc. Que ponían límites al Estado y la muy probable sobre representación en el congreso y en el senado que le dará el control de los tres poderes. Además de los recursos económicos y financieros del presupuesto de la República con los que se podrá garantizar el apoyo de las clases populares a sus políticas de fuerte tono populista.
No. No es exagerado pensar que se continuará con la transformación del Estado. Un sistema que se caracteriza por la centralización de las políticas públicas donde las entidades federativas poco, muy poco podrán participar. Menos aún los ayuntamientos. Menos aún la sociedad civil organizada.
Dice Mauricio Merino en su columna del Universal, que hay quienes piensan que darán marcha atrás a la reforma del poder judicial. Y, advierte “Se equivocan. El proyecto político que ganó el 2 de junio se ha propuesto modificar el régimen político mexicano y tiene los medios, la voluntad y el respaldo político suficientes para lograrlo”. Ya han comenzado desde la actual gestión.
O sea, el segundo piso será realidad y seremos avasallados por la ola morena con un proyecto político que sabe dios a dónde nos llevará. La sociedad mexicana aún no sale de su estupor. Menos aún la oposición cuyas cúpulas se entretiene con los despojos de los partidos que liquidaron. Como dicen por allí, no entienden que no entienden. Sólo entienden de sus pequeños intereses personales. No hay altura de miras.
Ante lo inminente queda la posibilidad de resistir. Es posible que más temprano que tarde, pasará a la historia un régimen que al no lograr solucionar los problemas sociales, optará por reprimir y limitar las libertades sociales e individuales. Es lo que está en juego. Nada más.
La propuesta de Sergio Aguayo en el Reforma (Polarizaciones), nos habla de la importancia de la Sociedad Civil y nos recuerda que el gobierno desde 2018 disminuyó el subsidio a las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), que pasó de 6.2 a 1.4 mil millones para el 2020. Sin embargo hace notar que el sector privado y las fundaciones internacionales crecieron y aportaron 56.2 mil millones. Las OSC aumentaron significativamente hasta alcanzar un total de 48,035.
Impresionante cifra de la sociedad civil. Será la posible base para sostener la Resistencia. Una resistencia como la que unió las fuerzas y corrientes políticas de toda índole en la Europa de la segunda guerra mundial. Se unieron para hacer un frente ante un enemigo común y se convirtieron en importante de los Aliados.
MoReNa obtuvo 36 millones de votos. Somos 100 millones de ciudadanos. Despertar del sopor después de la derrota e iniciar el largo camino para contener y minar un proyecto político que, para muchos no es el camino para la mayoría de los mexicanos.
Como toda resistencia social, tendrá el enorme trabajo de lo que puede ser un proyecto exitoso: la organización. Dejemos que el PRI y el PAN se revuelquen en sus propios deshechos.
Ocho millones de venezolanos tuvieron que salir de su país. Tenían el mejor per cápita de América del sur. Hoy, los venezolanos buscan sacudirse un gobierno que los hundió. Tarea nada sencilla.
Finalmente comprendieron que sólo en la unidad, podían enfrentarlo.
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