La esperanza generada hace 20 años se ha ido diluyendo. Hace 20 años justamente nació el órgano de transparencia de Morelos. Surgió derivado de la lucha emprendida por el llamado grupo Oaxaca que encontró en Morelos una cámara de diputados que entendieron la importancia de transparentar al gobierno.
El arranque tuvo todo tipo de obstáculos. Lo novedoso del planteamiento trastocaba las entrañas del poder. Sé promulgaba una ley que tenía como propósito develar lo guardado a través de los años. Las desiciones que tomaba el gobierno tendrían que explicarse, justificarse, exhibirse. No bastan los informes anuales que pretenden mostrar los resultados del gobierno. Había que ir más allá.
El Centro de Investigaciones Morelos Rinde Cuentas convocó a un foro que nombró “Transparencia y Combate a la Corrupción desde lo Local”. Las ponencias mostraron cómo en las distintas entidades que componen al estado, sea nacional como local, la transparencia está en franco retroceso. Con información, resultado de análisis serios y bien documentados, se dio cuenta de los obstáculos, inercias de opacidad y artilugios de todo tipo. Obstinadamente las autoridades se niegan a rendir cuentas. Se niegan a combatir la corrupción.
El objetivo de la ley de la transparencia era desnudar al poder. Obligarlo a que mostrara el por qué y el cómo aplica los recursos públicos. Hacer transparentes sus programas, inversiones o proyectos. Significaba que podría observar quien quisiera, las buenas y malas prácticas. Qué hacían con el dinero del pueblo.
La experiencia ha sido sumamente enriquecedora. Desde el inicio se advirtió que la tarea no sería fácil. Al paso de los años se ha comprobado la enorme resistencia a publicar la información. Hay avances, que no se deben subestimar, pero la promesa de la caja de cristal que mostraría el manejo de los recursos públicos, aún continúa muy opaca. La rendición de cuentas se escabulle entre argucias jurídicas o por el cinismo de los que se sienten dueños del patrimonio público. No sueltan prenda.
La transparencia y la rendición de cuentas debe entenderse como una política pública que integre a todo el sistema. Es claro que el Sistema Anticorrupción quedó varado como un barco que no tiene rumbo… ni tripulación.
El gobierno, sólo, no puede hacer frente a los complejos problemas que enfrenta. Necesita una alianza de gran calado con la sociedad civil. La participación de la sociedad civil ha demostrado que caminar juntos es la única ruta. Lo ha demostrado la creación del INAI, que surge desde la propuesta de la sociedad civi; el INE, y los órganos electorales locales. Es la más extraordinaria demostración de participación consciente, activa, responsable y comprometida de los ciudadanos.
Ambas instituciones están en jaque. Las aspirantes a dirigir los destinos de Morelos, (y de México), deberán estar atentas a lo que el ciudadano demanda: ¡basta de inseguridad! y ¡basta de corrupción! Una rendición de cuentas transparente, oportuna y que muestre con veracidad a dónde va a parar el dinero público y que aporte elementos fiables en la lucha contra la impunidad, la corrupción y la inseguridad.
¿Será el momento para iniciar una auténtica reforma encaminada a la rendición de cuentas? ¿Los futuros legisladores y políticos, tendrán conciencia de lo que está en juego? ¿Será oportuno reconstruir y perfeccionar un sistema anticorrupción?
Algo me dice que sí. Creo que es posible convocar y rehacer un sistema anticorrupción que ponga freno. Creo que es oportuno realizar diagnósticos no ideológicos del estado que guarda la transparencia, la rendición de cuentas y el sistema anticorrupción. Se tarta de construir políticas públicas que incorporen a todos los actores sociales y niveles de gobierno. ¿Si no es ahora, cuándo?
La estadísticas y la experiencias dadas a conocer en las ponencias del foro, deberían ser conocidas por la población. Pero, especialmente, los que aspiran a ocupar algún cargo público. Veo también con preocupación una sociedad indolente. No advierte que estamos amenazados por la corrupción y la inseguridad.
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