La eliminación del Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI) en México generará varios problemas y consecuencias negativas, tanto para la transparencia y rendición de cuentas como para la democracia y los derechos ciudadanos.

El Congreso de la república trasladó las funciones del INAI a la nueva Secretaría que sustituye a la de la Función Pública, denominada Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno. Por supuesto, tendrán que hacer lo mismo los congresos de los Estados. Adiós a los organismos autónomos que garantizaban que el gobierno fuera transparente, que rindiera cuentas a los ciudadanos y protegiera los derechos de los datos personales en manos del gobierno. Que publicara la información de la que es propietario el pueblo. Así de fácil.

La decisión de destruir el actual sistema de rendición de cuentas, que aún con sus debilidades, garantizaba los derechos que tienen las personas a conocer el qué, el por qué, el con qué, el cómo y la evaluación de los programas gubernamentales. A la actual élite en el poder, le estorbaba que la gente le pidiera cuentas.

¿Qué significará la desaparición de los órganos de transparencia y rendición de cuentas? A partir de ya, el gobierno sólo tiene que rendir cuentas ante sí mismo. ¡Enhorabuena! La participación ciudadana no tendrá estímulos y decaerá; se debilitará la joven democracia que estábamos construyendo; la corrupción y la opacidad se disparara; además, se perderá aún más la confianza en las instituciones.

¿Qué pasará con ese derecho de acceso a la información, consagrado en la Constitución y con los tratados internacionales sobre transparencia y acceso a la información? Lo sabíamos: ¡Al diablo las instituciones!

La característica de la transparencia es que es un bien público. El gobierno está obligado a hacer público toda la información que genere. La información en poder del gobierno no era secreta a partir de la publicación de la Ley de Transparencia y creación del INAI. Dejó de serlo hasta la llegada de MoReNa. Obstaculizaron el acceso a la información o la declararon de “Seguridad Nacional”. De cualquier modo, les resultaba incómodo. Ya no tendrán por que preocuparse a partir de la entrada en vigor de la nueva Ley de la Administración Pública. Metimos reversa.

Es cierto que los organismos de transparencia le han quedado a deber a la sociedad. El Instituto Morelense de Acceso a la Información Pública, IMIPE, fue debilitado por las distintas legislaturas al designar a comisionados y consejeros sin el perfil adecuado. Escándalos, desviaciones inexplicadas e incumplimientos, fueron mermando su prestigio y confianza.

Asombra que en esta época de asedio sin tregua a lo construido para garantizar el acceso a la información, la transparencia, la rendición de cuentas, la sociedad civil, la prensa o la academia, no se hayan pronunciado contundentemente en defensa de uno de los derechos fundamentales de las sociedades modernas. En el pecado llevarán la penitencia.

Es importante destacar que la eliminación del INAI y del IMIPE no resuelve problema alguno; en su lugar, se debieron buscar formas de fortalecer y mejorar las instituciones. Como reflexiona Eduardo Bohórquez: al perder la autonomía el INAI, no se concibe que la futura Secretaría Anticorrupción pueda darle órdenes a su jefe, el presidente de la república, para que entregue información. Ajá, ya parece…

“Entramos en una noche oscura de opacidad, que nos va a tomar muchísimos años, si no es que décadas, recobrar el derecho que ya habíamos conquistado”. Dijo ayer a Reforma la ex presidenta del INAI María Marván Laborde.

Tiempos aciagos. Tiempos de resistencia. Tiempos opacos. Quizá tiene razón Hal, el esposo de la embajadora de EEUU en Inglaterra, de la serie de Netflix La Diplomática: “La democracia está pasando de moda”. La sociedad civil es indiferente a mantener los contrapesos que requiere una democracia.

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