Caminando por la avenida Presidente Masaryk (fundador de la República de Checoslovaquia), en la ciudad de México, se acercó un señor de mediana edad, más bien robusto. De estatura mediana y con un rostro amigable. Me preguntó si era yo mexicano. Le dije que sí. Con una expresión de bondad y agradecimiento, me dijo: los felicito porque tienen un país maravilloso, soy venezolano. Cosa que no me sorprendió porque su acento lo anticipó. Además, la embajada de Venezuela está a unos cuantos metros. Le dije que me daba mucho gusto que así nos viera, pues nosotros pensamos que no estamos bien. Agregó, soy arquitecto, tuve que salir de mi país porque me quedé sin casa, sin trabajo, sin oportunidades. Estoy aquí con mi hija y mis nietos. No encuentro trabajo y no tenemos ni comida ni agua. Con los ojos apenas conteniendo las lágrimas, agregó, lamentablemente en mi país el gobierno ha propiciado una lamentable situación social y económica.
Venezuela tenía importantes avances en la consolidación de su democracia. La economía se basa en la explotación petrolera, que significa aproximadamente el 80% de sus exportaciones. Antes del 2013 la industria significaba el 51% de su PIB. Fue la economía más próspera de la región en el siglo XX, hasta que cayó en 1980. Forbes (16.06.2021), observa que la pobreza pasó de 34.4 por ciento en 2005, a más de 96%. La pobreza extrema del 10.7% al 79%. Espeluznante.
El Paraíso prometido por Chávez y Maduro, no llegó . Según la agencia de la ONU para refugiados (ACNUR), del 2016 al 2019, habían abandonado Venezuela 4.6 millones de personas. Sin palabras. La inflación acumulada de esos años llegó al 7374% ; “el endeudamiento externo, la mala administración y la caída de la producción petrolera después del 2014 tuvieron consecuencias graves” (Banco Mundial). Las sanciones impuestas por los EUA y la Unión Europea han empeorado la situación.
El voto duro de Maduro, oscila entre el 15 y el 20%. Las elecciones del 2018 las ganó con el 66% de los votos en elecciones donde el ausentismo fue del 46 %. El más alto en la historia reciente. Maduro ha logrado sostenerse con un mínimo de soporte, ante una oposición dividida.
México vive uno de los momentos más delicados para su democracia. El debate es intenso. Está en juego el destino del país. Camina por la cuerda floja y la democracia construida con tanto sacrificio está siendo sometida a una fuerte presión por parte del gobierno federal. La propuesta de reforma ha polarizado al país. El INE pretende ser transformado, disminuido, eliminando la esencia que le ha permitido garantizar y dar certeza a las elecciones: ser un árbitro imparcial.
El modelo venezolano nos muestra lo peligroso que es tomar las decisiones equivocadas en políticas públicas. El INE no debe ser modificado cuando las elecciones están a la vuelta de la esquina y sin consenso.
El debate es la esencia de la democracia. Pero el debate debe encontrar salidas. El riesgo que corremos a nivel nacional es real. La presencia de inmigrantes venezolanos es una advertencia. La marcha del domingo 13 nos dice que sí es posible una oposición que haga frente al proyecto de país del gobierno , que impida seguir la experiencia venezolana.
Es importante debatir el presupuesto. Pero no debe paralizar los principales programas sociales. Los consensos en una democracia son vitales. Ojalá lo entiendan los políticos. Recuerden a Venezuela.
Por: Ariel Homero López Rivera / [email protected]
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