Por su realidad, el dicho “Entre abogados y médicos te veas” es muy recurrido porque nadie está exento de sus servicios, por temas ya sea personales o familiares por eso se dice que entre la familia debe haber un abogado y un médico, sin embargo, de que la perra es brava hasta los de casa muerde, porque se dan casos, que tanto unos como otros, abusen de sus clientes y más de sus clientas, que tienen que ser verdaderamente pacientes.
En el medio de la abogacía hay verdaderos profesionales con la solvencia moral que los debe caracterizar, incluso, hacen labor social defendiendo causas nobles, sin embargo, también los hay falsos defensores, quienes después de haber exprimido a sus clientes con honorarios, gastos, traslados y hasta almuerzos, finalmente venden o entregan a su cliente a la contraparte mediante un arreglo económico, otras veces solo por un favor entre ellos, o por amistad, otras, son las secretarias las que hacen esos arreglos ya sea a manera personal o por instrucciones de sus jefes, dando información al abogado oponente. Esta es solo una de las formas de comerciar con quienes pagan los servicios de estos “profesionales de la injusticia”, a ellos “no les viene eso de que la Ley es la Ley” y de manera económica -en tiempo y con dinero- resuelven los casos que deberían corresponder a un juez. Públicos son los casos de conocidos abogados que han vendido a sus clientes y hasta la cantidad que han recibido, entre ellos se sabe “con quien se puede hablar”. Y cuando el arreglo se da, el supuesto defensor, tiene formas de perder el caso, como omitir en tiempo y forma contestar un escrito con la finalidad de perder el juicio, y para colmo, ya perdido, teniendo una última instancia el mismo abogado “solicita se reactive el asunto” con un escrito deficiente o insuficiente que lleva el propósito de serle negado, agotando así en definitiva todas las instancias legales para dejar a su cliente desprotegido y sin opción de contratar a otro profesional de las leyes que lo siga defendiendo. El daño llega a tal grado que a la víctima la convierten en victimario, pudiendo ser hasta demandado y embargado, con la necesidad de pagar a otro abogado para que lo defienda, ahora ya no como ofendido sino como acusado. Ante tales circunstancias, queda el recurso de demandar a los abogados marrulleros, que bien a bien, sin esfuerzo, pero con perseverancia, se han ganado a pulso el vergonzoso mote de “abogansters” llevándose con su mala fama a los abogados honestos. Sin embargo, también, bien a bien, se dice que “perro no come perro” ya que no es fácil encontrar a un abogado que demande a otro, evitando así, ser mal vistos entre ellos. Esos en particular se mueven en un mundo de códigos amorales no escritos, para ellos las traiciones están incluidas en su catálogo de procedimientos.
Abogados de un mismo despacho comentaban que tal asunto, de tal cliente, ya estaba resuelto, sin embargo, acuerdan seguir “exprimiéndolo otro rato”. Comoquiera, es más recomendable llegar a un mal arreglo entre las partes en conflicto, que llegar a un pleito con abogados que lleva años de gastos y desgaste a la salud y con el alto riesgo de ser tratado cual vil mercancía, perdiendo la tranquilidad ante la sospecha de ser traicionado, y llevar a cuestas pleitos que conducen a la desestabilización económica y hasta la ruina. Entre los dichos y frases del filósofo Güemes en el lenguaje popular, decía que, “tTes cosas son inevitables en la vida… la muerte; pagar impuestos; y que te chingue un abogado; y los abogados dice; que encontrar un pendejo… es encontrarse un tesoro”.
En el caso de los médicos, también abundan honorables y de buena fama pública, sin embargo, también los hay quienes ven a sus pacientes como un negocio, porque a pesar de su Juramento Hipocrático, los hay corruptos con ambiciones desmedidas, porque cuando ya está resuelta una enfermedad o padecimiento, siguen exprimiendo a sus enfermos con honorarios que nada tienen de honorables, y recetando medicamentos innecesarios de los que reciben comisiones hasta el grado de afectar también la economía familiar y del enfermo. Y los hay, hasta quienes diagnostican “operaciones urgentes pero innecesarias” poniendo en riesgo la vida de sus pacientes tan solo por la anestesia, incluso sin humanidad hasta en bebes, como se ha sabido de casos, por dar un ejemplo, en que el facultativo decide operar de urgencia a una niña de solo meses aun estando sana, “porque, ahora no, pero, si no se opera le afectará a futuro”.
Es posible denunciar estas negligencias de quienes ven la salud y la justicia como sucios negocios, unos por costumbre, y otros cuando tienen una urgencia económica que resolver.
¡Hasta la próxima!
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