CUERNAVACA, MORELOS.- Las encuestas electorales reflejan el estado de la opinión pública o la tendencia a favor de determinado candidato en un momento específico, pero no necesariamente determinan o predicen al ganador definitivo, porque están sujetas a diversos factores.
La probabilidad de que resulte ganador de una contienda el mismo candidato que apareció aventajado en una encuesta, depende de cómo se haya hecho el estudio de opinión y, sobre todo, de la interpretación en difusión pública.
El doctor Carlos Luis Sánchez y Sánchez, profesor-investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, describe: “Depende del tamaño de muestra, a cuántos se encuestó, el lugar de la encuesta, cuestionarios, preferencia bruta o efectiva (sin indecisos)…”.
La encuesta es un instrumento de investigación que inició con fines comerciales y a mediados del siglo pasado en Estados Unidos tomó relevancia en el ámbito político.
“El objetivo era comprobar hipótesis acerca del comportamiento de los individuos en general, conocer predisposiciones, opiniones…”, explica el también especialista en opinión pública y comportamiento electoral.
Ya en los años 80, la encuesta tomó relevancia en México en las estrategias de proyectos políticos, primero en consumo interno, para ahora ser instrumento infaltable en los llamados “war room” de los equipos de campaña.
Frente a la denominada “incertidumbre sustantiva”, que antecede todo proceso electoral, la encuesta cumple la función de decir cómo van las preferencias en diferentes momentos, pero:
“El problema está cuando se publican encuestas mal hechas o sin una certificación metodológica suficiente, y eso se conoce como el uso propagandístico de la opinión pública o las encuestas.”
Aparte, en el grueso de la sociedad no hay una cultura desarrollada para la interpretación precisa de las encuestas, acota el catedrático universitario, porque se toma el dato de primer impacto y no se abunda en quién levantó la encuesta, en qué fecha, en qué lugar, qué medio la está difundiendo…
“Puede suceder lo que está pasando en la Ciudad de México: el candidato del PRI a Jefe de Gobierno (Mikel Arriola) dice ‘es que yo ya estoy en segundo lugar’, pero uno observa sus encuestas y, como se dice coloquialmente, son ‘patito’.
“La culpa ya no la tiene el encuestador; si a mí me contrata un candidato y le entrego su encuesta, la manera discursiva en la que él se refiera a esos datos ya no depende del encuestador”, expresa Sánchez y Sánchez.
El uso propagandístico de las encuestas y probable diferencia con lo que resulte en la elección, aparte de una mala realización, obedece a ese uso propagandístico que puede incidir en la conducta del elector a la hora de votar.
“Cuando hay personas que no saben por quién van a votar o están indecisas, sí es cierto, se fijan en las encuestas porque les ofrecen un parámetro para tomar una decisión.
“Entonces muchas personas se suman al ‘ganador’”, fenómeno que podría describirse así: ‘me sumo al ganador porque no quiero estar con los perdedores; no sé lo que me propone o más o menos, pero voy con el ganador o porque es lo políticamente correcto.
“Se junta con otro fenómeno que es la ‘espiral del silencio’, donde un elector guarda silencio sobre su preferencia porque es diferente a la de su entorno y no quiere estar desacorde con lo que lo rodea. Hay quienes dicen que van a votar por uno, pero en el fondo quieren votar por otro.
Más aún, las encuestas pueden verse trastocadas por el llamado “voto estratégico”, es decir el que se da no por el favorito que no tiene probabilidades de ganar, sino que se vota por el segundo lugar, porque no se quiere al que aparece en primer lugar. “Es con el que ganó Fox (Vicente), muchos votaron así, muchos perredistas: ‘No quiero que el PRI gane, eso es el cálculo instrumental”, aseguró.
Otro factor que puede marcar diferencia entre lo que en un momento refleja una encuesta y lo que resulta en la elección, señaló el doctor Carlos Luis Sánchez, es un hecho fortuito y desestabilizador:
“En el año de 2004, en España el Partido Popular encabezaba las preferencias electorales, vino el atentado contra la estación de Atocha, en Madrid. El Partido Popular lo manejó mal queriendo culpar a ETA, cuando fue producto de su intervención a Irak, cuando Asnar se unió a Bush y Blair. Eso incidió en la opinión pública y vino a ganar Zapatero en la elección.”

En definitiva
El resultado de una o varias encuestas no determina forzosamente al ganador; es la preferencia de un momento

80’s
es cuando tomó relevancia en México el uso de encuestas en las estrategias políticas de los candidatos.

2004
un ejemplo de cuando las preferencias no dieron a un ganador: la victoria de Zapatero en España.

"El problema está cuando se publican encuestas mal hechas o sin una certificación metodológica suficiente.”

"Me sumo al ganador porque no quiero estar con los perdedores; no sé lo que me propone o más o menos, pero voy con el ganador’.”

"Es (voto estratégico) con el que ganó Fox, muchos votaron así, muchos perredistas: ‘No quiero que el PRI gane’.” Dr. Carlos Luis Sánchez y Sánchez, Profesor-investigador FCPS-UNAM

 

Por: JORGE ONTIVEROS
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