En aquella ocasión decidieron festejar el día de San Valentín en la casa del gordo Zallas. Y aunque estaba un poco alejada de la ciudad todos sabían que era una construcción amplia y cómoda. Esta reunión ya se había convertido en una tradición en la oficina y todos cooperaban con gusto para organizarla.
Una vez que entraron a la vivienda el ambiente se tornó agradable, algunas parejas bailaban y otros preferían conversar en la sala. En este último grupo se encontraba Nancy quien cabizbaja tomaba su bebida en pequeños sorbos. Nacho comenzó a hablar sobre “La Publicidad Subliminal” e inmediatamente el tema captó la atención de los presentes. Javier comentó que había escuchado ese término, pero realmente no sabía de qué se trataba, por lo que Nacho se apresuró a explicarle:
- ¡Mira! se trata de mensajes ocultos dentro de los anuncios que te ponen en las revistas o en un comercial. Por ejemplo, una fotografía de una botella de licor con un vaso servido al lado, tú la ves y te encanta, pero no sabes exactamente ¡porque!
Tu consiente te dirá que es por el color o tal vez la iluminación es agradable. Pero tu ¡inconsciente! captó otra cosa, pudo leer la palabra “Compra” o inclusive pudo ver la imagen de mujeres desnudas dentro de los cubos de hielo que están en el vaso.
Javier al escucharlo aprovechó la oportunidad para hacer una broma y sacando un cubo de hielo de su bebida lo miró a contraluz mientras repetía ansiosamente. - ¿En dónde, pero en donde están esas mujeres? Todos comenzaron a reír y esta broma dio entrada entonces a un juego. Este consistía en que cada uno tenía que mirar dentro de su vaso y describir lo que supuestamente veían en los cubos de hielo. El primero en hacerlo fue Nacho y dijo:
- Pues aquí veo que el puesto de Director General va a ser para mí. ¡Si! alcanzo a leer claramente mi nombre en la puerta de la oficina grande ¡Ni modo Carlitos! Te voy a desbancar.
Tocó el turno de Nancy, ella planeaba inventar algo corto y simple para salir del paso, pero al observar el cubo de hielo fue como si este se convirtiera en una pantalla en donde ella podía ver una película. Se vio a ella misma parada al borde de una carretera, la zona era boscosa, de pronto un auto se detenía, un muchacho le decía a través de la ventanilla: ¡Nancy, mi amor! Sube al auto. Sin saber porque ella obedeció. Aquel joven sin llegar a ser un Adonis, si le pareció muy agradable.
Para Nancy él era un extraño, pero un extraño que era evidente que la amaba mucho. Ella lo sentía cuando le sonreía y le hablaba con ese tono. El muchacho por momentos dejaba el volante para tocar su mano o acariciarle la mejilla, o el cabello.
La voz de su compañero Javier vino a sacarla de su trance: - ¡Hasta ahí Nancy! Mis castos oídos no pueden seguir escuchándote.
Para después oír a su amiga Norma continuar con la broma: -Si Nancy ya te estas poniendo muy explícita, y tú sabes que aquí habemos muchos menores de edad.
Fue hasta ese momento que Nancy comprendió que había explayado sus pensamientos en voz alta y apenada se levantó del sofá y dijo: - Ustedes me disculpan, pero voy a la cocina por otra “cuba”.
Como tardaba en regresar, Norma decidió ir a buscar a su amiga a la cocina, ahí la encontró sentada en la mesa bebiendo con una expresión muy triste. Y le dijo: - ¿Qué te pasa, manita? por qué te vienes a encerrar aquí tu sola. Hubieras traído a tu galán.
Nancy le contesto con voz baja: - Ese “buey” me cortó la semana pasada.
Sorprendida, Norma le dijo: - ¿El malvado del Quique te cortó una semana antes del 14 de febrero? ¡Qué poca!
Pues con más razón tienes que venir a divertirte. ¡Vamos con los muchachos!
Nancy con desgano le dijo: - ¡Después! cuando me termine mi “cuba”, ahora quiero descansar un poco del ruido y del humo de cigarro.
Norma salió y Nancy se sintió más relajada, sus ojos se detuvieron en los colores brillantes de una bolsa de botanas que estaba sobre el refrigerador. Se levantó por aquella bolsa mientras canturreaba el slogan del comercial.
Abrió el paquete y al meter la mano notó que había un papel, lo sacó y leyó sorprendida: ¡Premio Máximo!
Nancy gritó por la emoción y estuvo a punto de salir para darles la noticia a sus compañeros, pero ella misma se tapó la boca y trató de controlarse mientras pensaba: “Y qué tal si es un premio importante como un auto, o mejor aún una casa, ¡Ni loca lo voy a compartir con quince personas más”!
Ya más calmada leyó aquel papel dorado que decía: “Este Premio es más valioso que un auto o una casa. Es su máximo deseo hecho realidad”.
Nancy cerró los ojos y dijo: - ¡Quiero Salud, Dinero y Amor! Espero un momento, pero nada paso. Volvió a leer aquel papel que parecía cobrar vida propia, ya que mientras lo leía las letras se iban escribiendo para decirle: - “Señorita, no sea tramposa, le dijimos que era solo un deseo ¡No tres!”.
Nancy respiró profundamente y nuevamente cerró los ojos, dentro de sus pensamientos aparecieron imágenes, se vio al borde de una carretera en una zona boscosa, de pronto un auto se detenía y un muchacho le decía a través de la ventanilla: -Nancy mi amor, ¡sube al auto!
Una hora después en la casa del gordo Zallas ya quedaban muy pocos amigos, varios de ellos se habían comenzado a despedir. Norma se preocupó por la tardanza de Nancy y regresó a la cocina. Estaba decidida a sacarla de su depresión, pero cuando entró encontró el lugar vacío. Comenzó a llamarla y la buscó hasta dentro de la alacena, pero, de su amiga ni rastro. Únicamente vio un vaso de ron manchado con lápiz labial que había quedado sobre la mesa. FIN
*Colaboradora invitada.

Lina Ma. Pastrana*
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