La naranja mecánica, novela escrita por Anthony Burgess en 1962, se convirtió en un ícono literario del siglo XX y, posteriormente, en una obra cinematográfica polémica gracias a la adaptación de Stanley Kubrick en 1971. Pero lo que pocos saben es que detrás de su historia distópica y provocadora se esconde un origen profundamente oscuro y personal.

 

Una tragedia que marcó al autor

 

Anthony Burgess escribió A Clockwork Orange en tan solo tres semanas, impulsado por una serie de eventos que marcaron su vida. Uno de los más dolorosos fue el ataque que sufrió su esposa, Lynne, en 1944. Mientras Burgess servía en el ejército británico, Lynne fue brutalmente golpeada y violada por un grupo de soldados estadounidenses durante un apagón en Londres. El trauma del suceso derivó en un aborto espontáneo y dejó secuelas emocionales permanentes.

 

Este hecho fue una de las principales fuentes de inspiración para la violencia descontrolada que retrata el libro. Aunque Burgess no hablaba abiertamente del evento, en entrevistas posteriores reconoció que esa tragedia influyó poderosamente en la creación del universo de Alex y sus “drugos”.

 

¿Por qué “naranja mecánica”?

 

El título A Clockwork Orange proviene de una expresión cockney (dialecto londinense): “as queer as a clockwork orange” (“tan extraño como una naranja mecánica”), que Burgess escuchó durante su juventud. En su uso, combinaba algo orgánico y natural —la naranja— con un mecanismo artificial —el reloj—, representando así la lucha entre la libertad humana y el control autoritario, un tema central en la obra.

 

Burgess explicó que el título reflejaba su preocupación por los intentos del Estado de reformar el comportamiento humano mediante métodos coercitivos. La novela no es solo sobre violencia: es una crítica a la manipulación del libre albedrío por parte del gobierno y la ciencia.

 

El capítulo perdido

 

En la versión original británica, la novela tiene 21 capítulos, simbolizando la mayoría de edad. En el último, Alex comienza a cambiar y rechaza la violencia, mostrando crecimiento moral. Sin embargo, ese capítulo fue eliminado en la edición estadounidense, que fue la que Kubrick leyó para su adaptación fílmica.

 

El resultado fue que la película dejó fuera ese mensaje de redención, terminando con Alex aún atrapado en su ciclo violento. Burgess lamentó que se ignorara ese capítulo final, ya que consideraba que sin él, la historia se volvía incompleta y fatalista.

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