Durante años, imágenes satelitales de una formación rocosa en la Antártida alimentaron teorías sobre antiguas civilizaciones perdidas, bases secretas o incluso estructuras artificiales ocultas bajo el hielo. La razón: su asombrosa forma piramidal, perfectamente delineada, que desentonaba con el paisaje gélido y salvaje del continente blanco. Sin embargo, la ciencia acaba de desentrañar el misterio: no se trata de una pirámide ni de nada construido por el ser humano.
Lo que muchos llamaron “pirámide” es, en realidad, un nunatak, término que en geología designa un pico rocoso que sobresale de una capa de hielo o un glaciar. Este tipo de formaciones son comunes en regiones polares, y su forma peculiar se debe a millones de años de erosión por el viento, el agua congelada y los movimientos del hielo.
La estructura se encuentra en la cordillera Ellsworth, una extensa cadena montañosa ubicada en la Antártida occidental. Según especialistas del Centro Alemán de Investigación en Geociencias, la forma piramidal del nunatak es una coincidencia natural provocada por la acción de los elementos, y no hay ninguna evidencia de que haya sido alterada por el ser humano o por alguna civilización antigua.
A pesar de su apariencia casi perfecta, la “pirámide” es simplemente una montaña moldeada por la naturaleza. Su silueta triangular, visible desde imágenes aéreas, ha sido magnificada por la perspectiva y el contraste del relieve con la nieve circundante, lo que ha alimentado teorías sin base científica.
Este hallazgo es un recordatorio de que la naturaleza es capaz de crear formas sorprendentes que, a primera vista, pueden parecer fruto de la intervención humana. Pero también subraya la importancia de la evidencia científica frente a la especulación. En este caso, el enigma no escondía una civilización perdida, sino una montaña que desafió por un tiempo nuestra imaginación.
