Acudía a “El Buen Retiro” en los años setentas para realizar algunas actividades de los scouts, a veces junto con las guías de México. Nos lo prestaban para realizar algunas reuniones, fogatas, convivencias y otras actividades. Era un lugar con mucha vegetación y gran cantidad de árboles de eucalipto, fresnos, laureles, jacarandas, hules, tabachines y palmeras entre otras especies, por lo que el lugar era un maravilloso refugio para aves, tlacuaches, cacomixtles, insectos y otros animales silvestres. El terreno medía 5.5 hectáreas y contaba con un manantial propio y un arroyo que atravesaba la propiedad.
Para llegar teníamos que entrar por la terminal de los camiones Pullman de Morelos (El Paradero) y la gasolinería de la Selva (propiedad de Mario Estrada), que en ese entonces estaban muy próximas. Ahí estaba el camino de terracería que nos conducía a ese terreno, que era uno de los principales pulmones de la ciudad de Cuernavaca y, del otro lado, existía una puerta para entrar al Casino de la Selva.
Entre los años de 1900 y 1911, operó en esa área la fábrica de tabique comprimido de Don Ignacio Oliveros y de Joseph Harry Hampson, constructor del ferrocarril a Cuernavaca. La fábrica se llamaba Manufacturera de Ladrillos de Cuernavaca, S.A. Con esos ladrillos se construyó el Hotel Moctezuma, El Castillito, el mercado Benito Juárez y muchas de las casas en la Ciudad de México, principalmente en la colonia Roma.
El acaparador de tierras, Faustino Estrada, se hizo de ese predio en 1935, en donde construyó la casona que aún existe. Esa construcción, aún se puede ver, muy modificada, en lo que es el centro comercial “Casa Blanca”. Se dice que Don Faustino le encargó al artista poblano Roberto Cueva del Río que pintara algunos murales con motivos mexicanos, mismos que con el tiempo se fueron deteriorando.
Se sabe que en 1938 se estableció en ese lugar una fábrica textil de estampados que era propiedad de unos hermanos Jim y Lesly Tillet, quienes exportaban prácticamente toda su producción. Para 1946 los hermanos Tillet tuvieron problemas con el sindicato, por lo que se la vendieron a un licenciado de apellido Saldaña, quien falleció dos años después, cerrando definitivamente la empresa.
En 1949 el doctor Otto Wurzburger y su esposa Wanda fundaron un sanatorio geriátrico, en donde curaban diferentes males que para su cura requerían de un ambiente de tranquilidad, buen clima y altura suficiente sobre el nivel del mar; a este lo nombraron “El Buen Retiro”. El doctor Wurzburger lo operó hasta su muerte en 1957.
Pocos años después los señores Felipe y Teresa Miller, originarios de Suiza, tomaron la propiedad para convertirlo en un hotel que manejaron entre 1960 y 1972. Para tal efecto se le agregó una alberca con trampolín. El hotel dejó de funcionar debido a la muerte del señor Miller.
Posteriormente el predio estuvo semi abandonado, ya que se utilizaba solo para algunas actividades, a veces como vivero y otras para la fabricación de joyería.
En los años ochenta (no recuerdo con exactitud el año) se realizó una de las Ferias de la Primavera, fue un gran evento para la ciudad. Desgraciadamente para realizarla tuvieron que talar muchos de los árboles, tanto nativos como introducidos, supuestamente para contar con más espacio, lo que representó una gran pérdida.
La propiedad quedó nuevamente abandonada por algún tiempo, hasta que en septiembre de 1989 se anunció que en ese lugar se construiría una plaza comercial, Plaza Cuernavaca Vista Hermosa, con una inversión de 110 mil millones de pesos, a cargo de del grupo Fondo Opción. La población de Cuernavaca había crecido después del sismo de 1985, por lo que la demanda de servicios crecía del mismo modo.
Para ese proyecto se tendrían que talar muchos de los árboles que aun permanecían. Así que El Grupo Taller Espacio Verde encabezado por el activista Armando Mojica Toledo, buscó detener ese proyecto debido al deterioro ecológico que representaba y propuso en su lugar la construcción de un parque, con lo que se beneficiaría la ciudad. Desgraciadamente, la lucha de Armando Mojica no prosperó, y solo se lograron salvar algunos árboles que actualmente se encuentran en áreas del estacionamiento de la plaza, lo que representó una pérdida de uno de los pulmones de Cuernavaca.
