Cuernavaca, es una de las ciudades vivas más antiguas del hemisferio, ha sido habitada de manera continua e ininterrumpida desde por lo menos el año 1500 a.c. cuando en el preclásico temprano los legendarios olmecas se asentaron en la zona de los ojos de agua de Gualupita. De ahí en adelante en algún momento del siglo XIII de nuestra era, los tlahuicas, una de las siete tribus Nahuatlacas que emigraron de Aztlán al actual valle de México, cruzaron la serranía del Ajusco y fundaron Cuaunahuac la cual fue conquistada por los españoles, hace 500 años, el 13 de abril de 1521, a partir de entonces Cortés levantó la Cuernavaca que hizo cabecera del Marquesado del Valle de Oaxaca y nuestra ciudad vivió de manera constante un periplo histórico, artístico y cultural que ha hecho de ella un referente en la memoria histórica de México.
Durante los años de la Revolución del Sur, Cuernavaca fue abandonada, fue una población fantasma donde la hierba creció casi hasta alcanzar los filos de las azoteas en la céntrica calle de Guerrero, estas jornadas aciagas fueron relatadas con maestría por mi colega cronista Toto Lavín en su novela “El Resuello”
Tras la Revolución volvió la calma, y Plutarco Elías Calles convirtió de Cuernavaca, un lugar de primer orden en la agenda nacional al establecer aquí su residencia de descanso lo cual propicio la edificación de residencias como la Casa de la Chica, la de su yerno Fernando Torreblanca y de ahí en adelante Cuernavaca no paró, el Club de Golf construido en esos años es uno de los más antiguos del país, Dwight Morrow embajador americano también vino a disfrutar de la idílica ciudad y fue mecenas de Diego Rivera para crear el majestuoso mural “Conquista y Revolución” en el Palacio de Cortés, poco después el General Cárdenas también eligió Cuernavaca, haciendo de Palmira no solo su paraíso sino un epicentro de su enorme labor social. Con el turismo y el prestigio internacional que dieron el clima, la ubicación, la naturaleza y el prestigio y buena fama de la antigua Cuauhnahuac, se consolidaron el Casino de la Selva, Las Mañanitas entre otros así como la presencia constante de celebridades, exiliados notables, republicanos españoles como Agustín y Maruja Nieto, intelectuales, artistas plásticos y artistas de primer nivel, colonias extranjeras en las que aparte de europeos se contaba a americanos que vivieron de manera permanente y a “snowbirds” canadienses como Jules y Fay Loeb. Como si lo anterior no fuera suficiente Harriet Goff y Paco Guerrero fueron y son el pie veterano de las escuelas de español para extranjeros, que no solo hizo de Cuernavaca un referente en Iberoamérica en la materia, sino que fomentó la economía local pues por largas temporadas, los alumnos extranjeros pagaron su hospedaje viviendo con familias locales, consumiendo en los negocios de la ciudad y abarrotaron nuestros restaurantes, cafeterías, bares y centros nocturnos.
Aquel devenir cultural y turístico, benefició a todas las clases sociales, pues propició una derrama económica, se generaron empleos y la ciudad fue segura. A partir de los últimos años del siglo pasado Cuernavaca, comenzó una debacle en todos los sentidos que nos hizo perder aquellas décadas doradas, para colmo de males tocamos fondo con la anterior administración municipal y hoy nuestra ciudad tiene a pesar de su enorme potencial poco que ofrecer. El día de ayer el actual ayuntamiento develó en Vista Hermosa, una soberbia escultura de Quetzalcóatl del afamado cuernavacense nacido en Jalisco Víctor Manuel Contreras, a título personal quiero asociar a la mítica serpiente emplumada, el Kukulcan de los mayas con el renacer cultural que Cuernavaca merece, no solo para recuperar esas décadas doradas a las que hice alusión sino también tomando en consideración a la cultura como eje fundamental para reconstituir el tejido social en nuestra ciudad.
Hace una semana mi colega Valentín López González Aranda, nos relató en esta columna, la historia del “niñito meón” del histórico Jardín Revolución, nuestra versión tropical del “manneken pis” de Bruselas, al recordar el Jardín Revolución, quiero por lo tanto unir esa crónica a la necesidad de dotar a la ciudad de un enorme parque natural y espacio cultural, sin demeritar a nuestros actuales e históricos lugares ya existentes. Es sorprendente que la “eterna primavera” no tenga un sitio de naturaleza, cultura y esparcimiento familiar y que los ciudadanos tengan que pasear en sus ratos de ocio al interior de las plazas comerciales. Cuernavaca podría tener un soberbio espacio con parque e instalaciones culturales si se unieran la sede del actual ayuntamiento, el viejo Hotel Papagayo del General Almazán, con la casa de la Chica y con los inmuebles que están entre dicha casa y la calle de Abasolo, así como con el propio tramo de Abasolo entre Nezahualcóyotl y Morelos y por último el Jardín Revolución. Dicho espacio seria no solo un pulmón para la ciudad, un parque de primer orden lleno de árboles y vegetación aunado a convertirse en una una instalación cultural de primer nivel en el centro del país, se pueden albergar más allá del propio parque, recintos comunitarios y culturales, que pueden ser sedes de museo, galerías y espacios definitivos para quienes conforman los callejones del libro, del arte, así como para los artesanos que representan un problema atroz para el primer cuadro. Entonces se unirá este gran parque natural y cultural con el corredor que conforman la zona de monumentos y museos entre el Jardín Borda y Catedral con el Palacio de Cortés. Este proyecto de una magnifica proyección, se puede llevar a cabo buscando el apoyo del Gobierno del Estado y la Federación pues es imposible que el Ayuntamiento lo solvente y también empleando mecanismos legales para resarcir y no afectar el patrimonio particular de quienes tienen inmuebles en la zona con figuras legales como la compra, permuta, o expropiación con fines de utilidad pública, en el caso de la central de autobuses se lograría también su reubicación fuera del primer cuadro.
Dicen que se vale soñar, no tengo la certeza de que esta propuesta cultural se llegue a concretar algún día, pero de lo que si tengo certeza es que Cuernavaca merece jornadas mejores y recuperar su antiguo brillo y esplendor.
Por: Roberto Abe Camil / opinion@diariodemorelos.com
