Una de las creencias del pueblo morelense es que el general Emiliano Zapata en realidad no murió en la emboscada que maquinó el general Jesús Guajardo en la hacienda de Chinameca ese trágico 10 de abril de 1919. El mito dice que Zapata sospechaba que lo iban a traicionar por lo que envió en su lugar a su compadre al que apodaban “El Árabe”, que tenía cierto parecido con él y que este fue el que murió. Que cuando las tropas federales exhibieron como trofeo su cadáver en la planta baja del palacio municipal de Cuautla por casi 24 horas muchos notaron que no era el general, que Zapata había escapado de la traición y que había huido disfrazado para ocultarse en la sierra de Guerrero. Que el Caudillo del Sur finalmente huyó hacia Arabia Saudita, en donde vivió por muchos años más.
Mi padre, Valentín López González, fue un estudioso del zapatismo e inclusive en 1979, debido a los festejos del primer centenario del natalicio del líder revolucionario escribió el libro “La Muerte del General Emiliano Zapata” y frecuentemente la gente le preguntaba que si realmente había muerto el general Zapata en Chinameca en 1919. Sus respuestas llegaban a ser diversas, algunas de estas trataban de explicar las circunstancias en las que había ocurrido su asesinato, como la falta de alimento, armas y parque de las tropas zapatistas. Pero la respuesta que más recuerdo es aquella cuando decía que, si Zapata se hubiera escondido, para huir posteriormente del país sería un cobarde. Y agregaba con vehemencia ¡Zapata no era un cobarde!
Una vez mi padre se encontraba realizado sus investigaciones, por lo que entró a una biblioteca de la CDMX (no recuerdo a cual), fue a los ficheros, solicitó a la bibliotecaria el libro que necesitaba, ésta se lo entregó y se fue a sentar a un escritorio para estudiarlo. Al abrirlo notó que había unos papeles. Al revisarlos se dio cuenta que era el “Acta notarial de la muerte de Zapata”, misma que se había levantado en Cuautla a las 10 de la noche ese 10 de abril de 1919, por el Lic. Manuel Othón Ruiz Sandoval, juez de Primera Instancia y con el sello de la Notaría No. 6. En dicho documento se da fe de que el cadáver identificado era del que en vida llevó el nombre de Emiliano Zapata. El texto de este documento fue publicado en el citado libro junto con otros documentos, como la carta que publicó Zapata el 17 de marzo de 1919, dirigida a Venustiano Carranza, en donde le pidió que renunciara a la Primera Magistratura ya que había sido nocivo, perjudicial y funesto para la República. Se dice que esta carta fue la que hizo encolerizar a Carranza, por lo que le dio órdenes terminantes al general Pablo González para aniquilar a Zapata, por cualquier medio.
También en dicho libro de mi padre están los textos de las cartas entre el entonces coronel Jesús M. Guajardo y Emiliano Zapata, que explican cómo se fueron dando los acontecimientos que terminaron con la vida del caudillo. También se publicaron los titulares de los periódicos como El Universal, La Prensa y El Pueblo, que dieron la noticia de la masacre, así como el parte oficial del coronel Guajardo.
Por su parte, el famoso compadre de Emiliano Zapata se llamaba Moisés Salomón, a quien le decían “El Árabe”, pues había nacido en un pueblo llamado Ekret, que actualmente forma parte de Israel. Moisés había emigrado en 1906 a México, en donde recibió protección de un paisano suyo llamado Pedro Slín que vendía listones y otras mercancías en la calle de Corregidora de la Ciudad de México. Moisés llegó poco después a Cuernavaca para vender ropa y mantas. En 1909 conoció en Buena Vista de Cuéllar a Balbina Melgar, quien era huérfana, por lo que vivía con su tía doña
Vicenta Velasco Aranda (mi bisabuela a quien le decíamos mamá chenta). Moisés y Balbina se casaron en Amacuzac y en la ceremonia fue entregada por su tía Vicenta. Pronto se establecieron en Xoxocotla, en donde pusieron una tienda de ropa que posteriormente trasladaron a Jojutla. Fue ahí en donde conoció a Emiliano Zapata, con quien estableció una gran amistad e incluso Moisés y Balbina fueron padrinos de bautizo de Nicolás Zapata (19061979), hijo de Inés Aguilar y del general Zapata. A su vez Zapata fue padrino de bautizo de Jorge, hijo de Moisés y Balbina.
En 1919, debido a la persecución que había hacia las personas de filiación zapatista Moisés y su familia tuvieron que trasladar su negocio a Iguala y en 1919 se cambiaron a la Ciudad de México, en donde pusieron su tienda de ropa “El Puerto de Beirut”, frente al mercado de San Juan, en la Av. Arcos de Belén.
Debido a que a Moisés ya no se le volvió a ver por el estado de Morelos, la gente pensó que por su gran amistad con Zapata este lo había ayudado a salir del país, llevándoselo a Arabia, con lo que se forjó la leyenda de que el caudillo no había muerto.
En 1921, Moisés Salomón comerciaba sus productos junto con sus cuñados Raymundo Aranda Velazco (mi tío abuelo) y los Melgar (hermanos de Balbina) en los campos petroleros de Tamiahua, en la Huasteca Alta de Veracruz. Para 1930, las cosas no iban muy bien para Moisés, pues tenía que placear en varias poblaciones como Taxco, Gro. Al poco tiempo falleció en un accidente automovilístico al viajar en la carretera MéxicoCuautla, por lo que no falleció en Chinameca, ese 10 de abril de 1919.
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