NO MIRAR HACIA ATRÁS (La historia de un Samurai en Morelos) es el título del libro que acabo de leer y se lo recomiendo a los cuernavacenses que les gusta la historia de Cuernavaca y les interesa conocer la vida de los personajes que vivieron en esta encantadora ciudad.
 
El autor de este libro es el entusiasta cronista y pulcro  historiador Roberto Abe Camil, nativo de Cuernavaca o como decimos los de aquí: guayabo de corazón.
  Miembro de una familia honorable, culta, íntegra y respetable de la capital morelense.
 La obra en cuestión la escribió Roberto con base en la ilustre vida de su bisabuelo: don Manuel Abe (1889-1978), originario de Gifu, Japón, personaje central de este trabajo literario, quien llegó a México en 1906 y en un par de años se integró a la vida mexicana.
 Mientras se adaptaba a las costumbres de su nueva nación, alcanzó una magnífica reputación por su tenaz vocación de comerciante honesto y por haber sido bendecido por la diosa fortuna para fundar prósperos negocios, reconocidos por su honradez, eficiencia, disciplina, excelente atención y buena calidad de productos.
 La vida comercial de don Manuel tuvo como escenario la ciudad de México de 1908 a 1915 y la ciudad de Cuernavaca de 1916 hasta mediados del siglo XX.
 
NO MIRAR HACIA ATRÁS es una edición privada.
 El libro es tamaño media carta, de 205 páginas dividido en 27 capítulos:

 1- De la restauración Meiji a Tsushima.
 2- De Gifu a Manzanillo.
 3- De Manzanillo a Guadalajara.
 4- Ciudad de México.
 5- Tacubaya.
 6- El Centenario.
 7- El invierno del Cesar.
 8- El mártir llega al poder.
 9- Marte en Tacubaya.
 10- Hades llega a México.
 11- Arde el Anáhuac.
 12- El Patricio empuña el Gladius.
 13- El ocaso del Chacal.
 14- La victoria del Patricio.
 15- Cuernavaca.
 16- El Caudillo del Sur.
 17- La cuña del mismo palo.
 18- Chinameca.
 19- Vuelve la paz a Cuernavaca.
 20- Nacen las vacas gordas.
 21- La masacre de Huitzilac.
 22- El Coronel Almada.
 23- El Paraíso.
 24- La serpiente.
 25- La calumnia.
 26- El crimen.
 27- Victoria Moral.
 Además, el contenido incluye una sección de 12 fotos del archivo familiar, donde aparece la figura de don Manuel y una muy interesante en la que aparecen la madre de Roberto, doña Cecile Camil y su padre Roberto Abe Almada, junto a los príncipes Akishino en Cuernavaca.
 Como pueden ver en los títulos de los capítulos, Roberto Abe Camil hace del argumento de este libro, una excelente fusión de las vivencias de su abuelo con episodios de la historia de México, ya que don Manuel Abe fue testigo de hechos históricos de la vida nacional, tanto en la ciudad de México como en Cuernavaca.
 El bisabuelo siempre llevó una vida dual, por un lado recordaba a su familia de Japón, con la que nunca perdió contacto y por el otro lado llevaba su vida cotidiana en México, rodeado de amigos que lo apoyaron y confiaron en él.
 El comercio fue su razón de ser y siempre estaba al pendiente del constante suministro de productos y mercancías para no fallarle a su clientela y engrandecer sus negocios; esta dinámica fue la clave del éxito tan relevante que alcanzó don Manuel en los negocios  comerciales.
 Una trayectoria dedicada al trabajo constante, y que gracias a la cultura del esfuerzo llegó al tener una vida digna, holgada y bien remunerada.
 Cabe destacar a su esposa María Domínguez, a quien conoció en la Alameda de la ciudad de México, en un amor a primera vista; se hicieron amigos, novios y esposos y ella fue durante su matrimonio el brazo derecho en los negocios de su esposo, siempre atenta a lo que él hacía y debía hacer; era una mujer con muchas agallas y ella fue la madre de los hijos de don Manuel, el primero nacido en la ciudad de México y los demás en Cuernavaca.
 
Transcribo un fragmento del contenido del libro para que se den una idea del estilo de escribir de Roberto: “La joven pareja de inmediato se enamoró de Cuernavaca y sus alrededores, procuraron ser cautelosos y no aventurarse mucho fuera de la ciudad, pues aunque ya los consideraban parte de la población  local, nada impedía que pudieran ser blanco de zapatistas que por su cuenta merodeaban la zona dedicados al saqueo.
 María, devota guadalupana, descubrió al norte de la ciudad un antiguo chapitel, bajo del cual decían los viejos del lugar se encontraba sepultado, Martín Cortés, uno de los primeros mestizos, hijo del conquistador y de la Malinche.
 María con su pequeño en brazos cada vez que podía iba a llevarle flores o una veladora a la escultura de la Virgen Morena que estaba adentro del centenario chapitel.
 Manuel cuando los pocos momentos de descanso se lo permitían acudía a la plazuela del Zacate o al Jardín Juárez con su kiosco porfiriano frente al hotel Bellavista.

Mi padre, Joaquín Landa Castellanos, trabajó once años como empleado de don Manuel Abe (Según consta en una carta de recomendación firmada por Rogelio Abe Domínguez).
 Mi papá manejaba los camiones que transportaban mercancías y viajaba todas las semanas a la hacienda de San Ignacio Actopan en Tetecala, propiedad de su patrón.
 De don Manuel me platicó varias historias: que construyó casas, edificios y vecindades en Cuernavaca y que hizo mucho dinero con sus tiendas comerciales, en las que vendía abarrotes, licores, semillas, quesos, etc.
 Como la que se ubicaba en el edificio de la calle Guerrero, en cuya planta alta vivía la familia de don Manuel.
 Y me platicó una anécdota: “Fíjate mijo, que don Manuel era tan confiado con sus trabajadores, que una vez le pregunté qué cuando le regresaba una bolsa de lona que me dio a guardar llena de monedas y me contestó que ya no se acordaba de esa bolsa y se la regresé; imagínate si no se lo recuerdo me quedo con la bolsa.
 Pero es que don Manuel siempre nos dio ejemplo de honestidad”.

Felicito a Roberto Abe Camil por publicar este excelente y maravilloso libro, bien estructurado y sin erratas que me dejó un buen sabor de boca.
  Certifico que todos los datos históricos que menciona son correctos, acertados y apegados a la verdad absoluta.
 Es un libro hecho como lo marcan los cánones de la literatura.

Edificio Abe, en la calle de Guerrero, en Cuernavaca, enfrente del que fue el Mercado Benito Juárez, también conocido como “del Reloj”, c.a.  1945. Portada del libro de Roberto Abe Camil-

Por: Juan José Landa Ávila / opinion@diariodemorelos.com

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